jueves, 20 de julio de 2017

Misa Solemne y Confirmaciones en Irapuato- Virgen del Carmen 2017







¿Dónde está la Iglesia?


         “Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman.      
         No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS INTERPRETA CADA UNO A SU GUSTO.”                                                                                                                  
                (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

                Todos aquellos que vimos, por gracia de Dios, los frutos nefastos del Concilio Vaticano II y su doctrina del "aggiornamiento" (puesta al día), nos encontramos, sin quererlo, en la triste situación de elegir. Seguir a Dios manteniendo la fe de siempre o seguir a los hombres en la creación de una nueva religión más humana que divina como es el modernismo. La decisión no se podía dudar, abandonar el aparato conciliar con todas sus herejías manifiestas y seguir a Cristo en su Iglesia guardando las tradiciones bimilenarias y sobre todo su doctrina inmaculada, era más que evidente.
               
               Ya han pasado casi 60 años desde que la Iglesia católica quedó sin cabeza visible por la pérdida del Oficio del Soberano Pontífice, y muchos fieles - eclesiásticos y seglares- que combatimos en esta dura batalla en defensa de la fe, quizás la última antes del triunfo definitivo (solo Dios lo sabe), nos encontramos con otro obstáculo doloroso, que a simple vista parece insuperable: el desgarramiento de la Unidad, en el que se fue cayendo casi imperceptiblemente a causa, a lo mejor, de la duración del combate; con la ayuda también de la mala voluntad de algunos que solo buscan destruir, bajo apariencia de bien, lo poco que queda de la reacción.
                
           Uno de los argumentos más fuertes y sólidos de los enemigos en sus ataques, es justamente, que el movimiento tradicionalista está tan dividido en pequeños grupos con tantas y tantas opiniones teológicas diversas y tan alejados, en la práctica, de la caridad bien entendida, que se asemeja a las sectas protestantes, donde cada secta es una iglesia.
                
              Desgraciadamente y haciendo honor a la verdad... TIENEN RAZÓN.
                
               Muchos tradicionalistas utilizan, para justificar su actitud sectaria, el siguiente pasaje evangélico: "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas". Forzando el sentido de la frase, quieren hacer decir a Nuestro Señor: "Heriré al Pastor y se dividirán las ovejas", sentido absolutamente falso.
                
               Es una interpretación puramente de conveniencia, adaptando la definición de las palabras a su antojo y no al verdadero sentido escriturístico ni al nominal; dejando pensar que la palabra "dispersar" tiene el mismo significado que "dividir".
                
                   "Dispersar", según la Real Academia Española quiere decir: "Diseminar lo que está unido" y "dividir" quiere decir: "Partir, separar en partes, desunir", en su sentido figurado es mucho más claro rara nosotros el sentido de "dividir": "Desunir los ánimos, sembrar discordia".
                
                Para cualquiera que se precie de ser católico, ver la situación actual del tradicionalismo debería ser realmente alarmante. Hemos llegado a un punto tal de divergencias graves y divisiones aún peores que tenemos todo el derecho de preguntarnos: ¿Es el "tradicionalismo" actual un movimiento católico?¿Cuál de todos los pareceres e interpretaciones tan contradictorios que nos presentan los diversos grupos debemos seguir para estar ciertos de mantenernos dentro de la Iglesia?¿Debemos conformarnos con sólo asistir a la "Misa en latín"?
                
                     Para darnos cuenta un poco mejor de la necesidad de buscar la unidad (que debe estar en alguno de esos grupos tradicionales), a pesar de las fallas humanas, tenemos que estar perfectamente conscientes  que LA UNIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ES UNA NOTA DE SU ESENCIA COMO INSTITUCION DIVINA; no un principio humano sino divino. Es una nota que distingue a la Iglesia de Jesucristo de todas las otras falsas iglesias o sectas. La Iglesia, para ser la verdadera, debe ser UNA Y ÚNICA, fuera de la cual no hay salvación. Sin importarnos el número, sean pocos o muchos, debemos formar un solo cuerpo y una sola alma.
                
                 Nos dice Su Santidad León XIII en su encíclica "Satis Cognitum": "Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el Símbolo de la fe: Creo en una sola Iglesia... Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina."
                
                 ¿Acaso no nos encontramos hoy más que nunca ante esta situación que "Jesucristo no concibió para su Iglesia" como nos lo dice Su Santidad? ¿No estamos frente a esa "pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas" (como son las sectas protestantes) viendo los tantos y tan diversos grupos tradicionalistas que gritan todos por separado "iSomos católicosl" pero que no pueden hacer nada juntos?
                
                  Es contradictorio proclamarse "católico"(universal), sin el deseo de comulgar con los demás que "dicen" guardar los mismos principios y que "dicen" también ser católicos pero, que pertenecen a "grupos distintos". Canónicamente, esta actitud renuente de comunión entre los que "se dicen católicos" se llama CISMA. Dice el canon 13Z5: "...finalmente, si rehúsa (el fiel que ha recibido el bautismo) someterse al Sumo Pontífíce o se niega a comunicar con los miembros de la Iglesia que le están sometidos, es cismático." Por desgracia, en general, no es culpa de las ovejas, sino de la soberbia de los pastores. Pero, sigamos adelante.
                
          Para entender más profundamente estos principios de uni(ci)dad y pertenencia a la Iglesia, vamos a profundizar un poco en otros conceptos que es necesario manejar para captar mejor el problema actual del tradicionalismo.
                Comencemos por la definición de lo que es una "nota” de la Iglesia, luego, cuáles son las "notas" de la Iglesia y finalmente, qué es la "nota" de unidad y cómo debe ser.
               
              *1- "¿Qué es una "nota"?

            "Propiedades o criterios de legitimidad, son signos sensibles por medio de los cuales podemos distinguir la verdadera Iglesia de las falsas. Algunas son accidentales o contingentes, que se manifiestan extrínsecamente como podrían ser los milagros. Otras son esenciales o necesarias intrínsecamente y son las que llamamos "nota"por ejemplo las cualidades de la Iglesia que la hacen visible como tal.

    NOTA DE LA IGLESIA, ES ENTONCES, LA PROPIEDAD NECESARIA Y VISIBLE POR LA CUAL LA IGLESIA DE CRISTO ES RECONOCIDA COMO TAL Y DISTINGUIDA DE LAS FALSAS IGLESIAS.


La nota de la Iglesia, por lo tanto, tiene las siguientes cualidades:
                a- Una propiedad necesaria de la Iglesia para poder reconocerla como la verdadera.
                   b- Visible, por lo menos, mediata o indirectamente, de otra manera, no se distinguiría de las falsas,
                    c- Capaz de hacernos conocer la Iglesia en cuanto tal, en con­creto, como la verdadera.
                d- Fácilmente reconocible, pues una nota debe hacer conocer a la Iglesia a todos, pues, es necesario pertenecer a Ella." (Cfr. P. Salaverri S.I., "De Ecclesia Christi" T.III, L.3, C.3, A.2 ed BAC)
                      
                       *2- ¿Cuántas v cuáles son las notas de la Iglesia?
                       a- Citaremos la definición del Concilio Vaticano I con respecto a las notas de la Iglesia: "Ahora bien, para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella, instituyó Dios la Iglesia por medio de su Hijo unigénito y la proveyó de notas claras de su institución, a fin de que pudiera ser reconocida por todos como guardiana y maestra de la palabra revelada." (Dz. 1793)
                       b- Es de doctrina católica definida que la Iglesia está constituida por cuatro notas como rezamos en el Símbolo de la fe y confirmada por el Papa Pío IX en el decreto de la Sede Apostólica contra los Anglicanos donde dice:
               "La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el Símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unida con las otras, que no puede ser separada de ellas." (Dz. 1686)
                       c- Tomadas en conjunto, es doctrina cierta en teología, que estas notas muestran la verdadera Iglesia de Jesucristo y que la distinguen de las falsas iglesias.
                            d- Las cuatro notas esenciales de la Iglesia son: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad.
Estas notas tienen todos los elementos de la definición: son propiedades esenciales, son visibles, fácilmente reconocibles y más patentes para reconocer a la Iglesia como tal

*Unidad. social de hecho que se manifiesta en la misma profesión de fe, en el mismo régimen de obediencia y en la práctica     del mismo culto.

*Catolicidad (universalidad) es la gran difusión numérica y geográfica de los fieles de la Iglesia por todo el mundo.

*'Apostolicidad. continua sucesión Romana desde San Pedro y los Apóstoles.

*Santidad, moral, perfecta y heroica, que se manifiesta por la caridad en las obras, a la cual siempre está unida.

                       Dice el Concilio Vaticano I: "Si alguno negare que solo la Iglesia Romana, verdadera Iglesia de Cristo, es Una Santa, Católica y Apostólica, SEA ANATEMA" (Esquema "De Ecclesia" en. 16)
Habiendo visto muy someramente la constitución esencial de la Iglesia de Jesucristo en sus cuatro notas fácilmente reconocibles, nos queda claro que si no poseemos una de ellas, no poseemos ninguna de hecho y no pertenecemos a la verdadera Iglesia.

No es, entonces, asunto de gustos o de impresiones personales, ni es tampoco cosa de poca importancia preguntarnos si realmente el tradicionalismo es en todas y cada una de sus manifestaciones grupales una posición católica.

Es una pregunta fundamental para la salvación del alma y para el orden de la Iglesia (en lo que de nosotros depende) si lo que estamos profesando con las obras en la tradición sirve para salvarme y para salvar a otros.

En orden a esta cuestión sigue la exposición más precisa sobre la nota de unidad de la Iglesia, que es en general, el punto débil del tradicionalismo.


*3- /Qué es la nota de unidad? /Cómo debe ser la unidad de la verdadera Iglesia?


Veremos, primeramente, unas nociones generales sobre la unidad para luego aplicarlas a la Iglesia.

Nociones:

-Unidad es la propiedad por la cual una cosa es indivisa en sí misma y divisa o distinguible de cualquier otra.

-La unidad excluye, entonces, la posibilidad de que la cosa sea intrínsecamente dividida y no sufre ser separada en partes.

Trasladados estos principios a la Iglesia, podemos decir que:

-La Unidad de la Iglesia es la propiedad por la cual la verdadera Iglesia es indivisa en sí misma y perfectamente    distinguible de las falsas.

- La Unidad de la Iglesia excluye, entonces la posibilidad de ser dividida y no sufre ser separada en partes.

Por eso, aquí sí podemos utilizar la frase del Evangelio y comprenderla con más claridad "Heriré al Pastor y se dispersarán   !as ovejas" (Faltando el Sumo Pontífice, la Iglesia se dispersa, pero NO se divide).

Ahora bien, la Unidad de la que hablamos se basa en la ordenación de  los católicos hacia un fin común bajo una potestad                 suprema.

                   Veamos que nos dice el Papa Bonifacio VIII en su bula "Unam Sanctam" sobre la unidad de la Iglesia: "Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay Una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica... y fuera de Ella no hay salvación ni perdón de los pecados... Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En Ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo...Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor: Apacienta mis ovejas'.
                   En la Iglesia, esta unidad debe ser triple: de fe, de régimen (o de gobierno) y de culto, esto es, unión de inteligencia, de voluntad y de obra, como lo enseña el Papa León XIII en la encíclica "Satis Cognitum": "Más el que fundó la Iglesia, la fundó también una, es decir, de tal naturaleza que cuantos habían de formar parte de ella habían de estar unidos entre sí por tan estrechísimos vínculos, que de todo punto formaran una sola nación, un sólo reino, un solo cuerpo...Más el necesario fundamento de tan grande y absoluta concordia entre los hombres es el acuerdo y unión de las inteligencias, de donde naturalmente se engendra la conspiración de las voluntades y la semejanza de las acciones."
Es imposible aplicar de hecho estas enseñanzas de León XIII al tradicionalismo actual. Quien no lo quiera ver es como el que "viendo no ve y oyendo no oye". Hay que ser muy necios para afirmar que el tradicionalismo tomado en su conjunto expresa la unidad de la Iglesia, y por lo tanto, es también de necios afirmar que todos los tradicionalistas son católicos. ¿Dónde está la sola nación, el solo reino, el solo cuerpo del que habla Su Santidad?
Sin embargo, en alguna parte debe  estar, pues es promesa de Jesucristo que estará con su Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Para contestar este aparente dilema, sigamos estudiando más el punto de la Unidad:
1- La Unidad de fe, es el concurso de las inteligencias en la misma profesión de fe, bajo el supremo Magisterio de la Iglesia.
2- La Unidad de régimen (o  gobiemo ) es la ordenación de  las voluntades hacia el mismo fin social bajo la suprema potestad         de gobierno de la Iglesia.
3- La Unidad de culto es la convergencia en la celebración del Sacrificio y en el uso de los Sacramentos y actos litúrgicos, bajo la suprema potestad de santificación de la Iglesia.

Esta triple unidad social ha sido instituida por Cristo en el Primado de San Pedro y sus Sucesores.
Estos tres principios de unidad han sido atacados por los adversarios de la Iglesia en todos los tiempos, veamos un poco más en detalle:
1 -LA UNIDAD DE FE, fue atacada por todos los herejes y apóstatas de la fe católica, quienes negándola con pertinacia fueron amputados del Cuerpo Místico. Por ejemplo, los protestantes y los calvinistas, los utraquistas, arríanos, pelagianos, etc.
CON RESPECTO AL TRADICIONALISMO ¿TENEMOS UNIDAD DE FE?
 Unos , por ejemplo, con respecto al Soberano Pontífice "opinan" que se le puede desobedecer por sistema, cuando enseña errores contra la fe, suponiendo que un Papa puede errar contra la fe y proferir herejías sin dejar de ser Papa, como es el caso de la Fraternidad San Pío X. Este caso merece un estudio mucho más amplio que dejaremos para más adelante. De todas la "posiciones" tradicionales, es la peor y francamente no es católica. Dice Bonifacio VIII en la bula "Unam Sanctam": "Ahora bien, someterse al Romano Pontífice•, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura." La posicion de la Fraternidad San Pío X es insostenible.
Otros dejan a la Iglesia en un estado de deseperación, de inacción, de muerte, impropia de cualquier sociedad perfecta, cuánto más de la sociedad la más perfecta, como lo es el Cuerpo Místico de Cristo, como por ejemplo los Britones, que prácticamente niegan aún al mismo Dios la posibilidad de dar un Papa a su Iglesia.
Otros como los que "opinan" que la Sede de Pedro está ocupada por una sucesión casi interminable de "Papas materialiter" (Papas materialmente Papas) dejando la solución de la falta de cabeza a merced de la conversión de una monstruosa secta herética como lo es el modernismo, es decir que la continuidad de la Iglesia como formal y materialmente Una, depende de la conversión de un hereje, en este caso el "Papa materialiter" que ni siquiera es miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Teoría completamente nueva e innovadora. (Esta posición ya ha sido suficientemente refutada por el Dr. Homero Johas.)
Otros que en su deseo de arreglar la situación "opinan" que debemos darle a la Iglesia a como de lugar, su cabeza visible, es decir, un Papa, y nos encontramos entonces en la triste realidad que hay "elegidos" 11 "Papas" actualmente la mayoría de ellos por elección milagrosa con intervenciones de la Ssma. Virgen María o inspiraciones místicas.
Otros que en definitiva no les importa el problema de la fe, de la pertenencia a la Iglesia mientras no afecte su "dolce vita" (dulce vida, cómoda y apacible), de esos, como dice San Benito: "Más vale callar que hablar".
Ponemos la palabra "opinan" entre comillas, pues, en la práctica no son "opiniones", sino, en realidad convicciones tenaces mezcladas con mucha soberbia y espíritu de independencia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".

2-  LA UNIDAD DE GOBIERNO, la atacaron, se opusieron a ella y la negaron todos aquellos que llamándose cristianos, propugnaron por la autonomía e independencia sectaria. Por ejemplo los orientales conocidos como las "iglesias autocéfalas" (cabezas propias), los Protestantes y todos los Anglicanos y actualmente los Modernistas y Racionalistas.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: ¿HAY UNIDAD DE GOBIERNO?

¿No aparecemos, acaso, como esas sectas protestantes o esas "iglesias autocéfalas" donde cada sacerdote es el "Papa" de su feligresía; dónde los Obispos no gobiernan, sino que son utilizados por los sacerdotes para la administración de ciertos Sacramentos; dónde el Obispo no quiere y positivamente se niega a tener autoridad para no tener responsabilidades y tomar decisiones que en realidad le tocan en conciencia delante de Dios (como otros tantos Pilatos)? ¿No estamos en el punto de esas comunidades eclesiásticas de base que tanto pregona el modernismo y van tan en contra del sentir de la Iglesia, donde el valor de la jerarquía está invertido?

Para qué seguirle, no acabaríamos más de enumerar "opiniones" y "posiciones" diferentes.

Otros, lo que es peor, se dejan gobernar y manejar por laicos poderosos e influyentes, rebajando así la dignidad de la Iglesia.

Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".

3-   LA UNIDAD DE CULTO, fue atacada, se opusieron a ella y la negaron los Protestantes, los Latitudinarios, los Racionalistas y los Modernistas. Al ser para ellos la fe algo puramente interno y fiducial (de confianza) no era necesario un culto único, siendo que en la unidad del Sacrificio y Sacramentos y ritos, se ve claramente el mismo obrar que caracteriza a la Iglesia de Cristo.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: NO PODEMOS DECIR QUE TENGAMOS UNIDAD DE CULTO.  

Cada grupo posee sus características propias. En cuanto al Sacrificio, por ejemplo la Fraternidad San Pío X nombra a un hereje (Juan Pablo II) en el canon de la Misa como si la Iglesia fuera "Una cum" un hereje. Reconociendo los ritos de Juan XXIII, toman de ellos lo que les parece.

Algunos siguen los ritos de San Pío X, y aunque asintiendo que el último Papa fue Pío XII, escudriñan en su pontificado errores y fallas humanas que no tocan a la fe para no aceptar sus reformas litúrgicas. El error de éstos es que se convierten en jueces de todos los Papas y que relativizan el Papado según sus afirmaciones personales.

Otros toman de S.S. Pío XII lo que les gusta, "total, no hay Papa" dicen ellos. Otros, lo que es peor, siguen en partes importantes de la liturgia los ritos de Juan XXIII, con sus reformas modernistas y ecuménicas que dieron el primer paso para la destrucción de la liturgia y con el pretexto de "acomodarse a la exigencia de los fieles" se "desacomodaron a las exigencias de Dios".

Pero lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en lo más sagrado que tiene la Iglesia: "la Misa en latín".
Este trabajo no es una crítica de nadie en especial, sino que todos, en lo que nos corresponde debemos darnos cuenta que nuestra actuación puede ser un "granito de arena" en la confusión actual. Por eso le pedimos a Dios encarecidamente y con instancia que no nos hagamos sordos a la "voz del Señor que nos llama", ni ciegos a la luz del Espíritu Santo, que desea en cuanto Amor Infinito la Unidad de los católicos, fruto de la fe informada por la caridad.

Todos vemos y aceptamos que esta falta de unidad que pone en juego nuestra salvación eterna viene como consecuencia de no tener una cabeza visible única, de no tener un Papa. Dice el dogma:"Ubi Petrus, ibi Ecclesia"(Donde está Pedro, está la Iglesia); hoy podemos decir: "Donde está ese deseo eficaz tener a Pedro, ahí está la Iglesia." Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para lograrlo, al menos busquemos la unidad, de a poco, por el bien de las almas, muchas de las cuales han perdido la fe a causa de nuestras divisiones.
Es en esta disposición efectiva y eficaz de buscar la unidad donde está el verdadero católico. Es aquí y sólo aquí donde se encuentra la verdad, en el deseo eficaz de recuperar la unidad; no solamente en palabras sino en obras. El trabajo apostólico hecho en la división "no recoge, sino que desparrama". Es en la búsqueda de la elección del Papa donde se encuentra la pertenencia a la Iglesia Católica.
Como decia Santa Teresita antes de morir : "Que Dios nos encuentre con las armas en las manos". Si es su voluntad santísima que nunca lo logremos a causa de los pecados de la humanidad, que no quede en nuestras conciencias el no haberlo intentado. Dejemos de lado toda la soberbia que el demonio inspira en nosotros, todo particularismo sectario que divide y desune. No hagamos como los modernistas que para unirse con los herejes y cismáticos buscan lo que los une, sin ver lo que los separa; no, nosotros vamos a ver lo que nos separa, para que, con humildad y caridad de parte de todos podamos llegar a un entendimiento católico para poner fin a la situación actual, pero sin ceder en la obligación de elegir al Papa para que nos gobierne y nos una.

No importan las divergencias, antes de decidir podemos y debemos hablar; hablando se entiende la gente, cuánto más los católicos. Tratemos con la gracia de Dios de reunir a los "dispersos" y de unir a los "divididos”.
De nuestra parte, la Fundación San Vicente Ferrer con todos sus miembros, estamos dispuestos a dialogar de manera caritativa con quien quiera hacerlo. Muchos de entre nosotros no nos conocemos más que por referencias, muchas veces mal intencionadas para lograr  justamente la división. 
Nosotros solamente queremos el bien de la Iglesia y ponemos a Dios y a la Santísima Virgen por testigos de que es así. La situación actual es catastrófica, sin precedentes en la historia de la Iglesia, no aumentemos con nuestra soberbia el dolor de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.
Estamos seguros de que muchos de los que lean esta trabajo, se van a burlar de nuestras intenciones, o simplemente no harán caso alguno, pero, que Dios juzgue a cada quien. Lo que sí queremos, es hacer nuestra una frase que el R.P. Castellani (r.i.p.)dirigió a aquellos que lo perseguían en una situación similar: "Con Ustedes; sin Ustedes o contra Ustedes, vamos a tratar de ayudar a la Iglesia. Y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es en definitiva lo que importa."
LAUS DEO
                            Mons. Juan José Squetino Schattenhofer.
Nota. Los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA.




miércoles, 9 de septiembre de 2015

De la encíclica «Humani generis», sobre los errores de la llamada «teología nueva»

12 de agosto de 1950

     La encíclica Humani generis sistematiza y condena los principales errores latentes en el movimiento que el propio Pío XII había denominado «teología nueva». No es propio de este lugar el estudio de dicha tendencia ni de la encíclica entera que la analiza y refuta. Nos limitamos a transcribir los párrafos que dicen relación a cuestiones bíblicas. Estos se centran en torno a cinco puntos principales:
     1.° La necesidad y competencia del magisterio de la Iglesia (n. 6978), a la luz de cuyas explicaciones debe interpretarse la Escritura, y no viceversa, como preconiza la teología nueva.
     2.° Inerrancia absoluta de la Biblia e imposibilidad de admitir en ella, como pretenden los partidarios de la teología nueva, un sentido humano, distinto del divino y sujeto a error (n. 699).
     3.° Inmoderado recurso a la exegesis que llaman pneumática o espiritual (n. 700), con menos-precio del sentido literal.
     4.° La postura de la Iglesia ante el evolucionismo y el poligenismo (n. 701-703).
     5.° La historicidad de los once primeros capítulos del Génesis (n. 704).

697
     Entre tanta confusión de opiniones, nos es de algún consuelo ver a los que hoy no rara vez, abandonando las doctrinas del “racionalismo” en que habían sido educados, desean volver a los manantiales de la verdad revelada y reconocer y profesar la palabra de Dios, conservada en la Sagrada Escritura, como fundamento de la ciencia sagrada. Pero al mismo tiempo lamentamos que no pocos de ésos, cuanto más firmemente se adhieren a la palabra de Dios, tanto más rebajan el valor de la razón humana, y cuanto con más entusiasmo enaltecen la autoridad de Dios revelador, tanto más ásperamente desprecian el magisterio de la Iglesia, instituido por Nuestro Señor Jesucristo para defender e interpretar las verdades reveladas. Este modo de proceder no sólo está en abierta contradicción con la Sagrada Escritura, sino que, aun por experiencia, se muestra ser equivocado. Pues los mismos “disidentes” con frecuencia se lamentan públicamente de la discordia que reina entre ellos en las cuestiones dogmáticas, tanto que se ven obligados a confesar la necesidad de un magisterio vivo.
698
     Es también verdad que los teólogos deben siempre volver a las fuentes de la revelación, pues a ellos toca indicar de qué manera “se encuentre explícita o implícitamente" (Pío IX, Inter gravissxmas, 28 octubre 1870: Acta, vol. 1 p. 260) en la Sagrada Escritura y en la divina tradición lo que enseña el magisterio vivo. Además, las dos fuentes de la doctrina revelada contienen tantos y tan sublimes tesoros de verdad, que nunca realmente se agotan. Por eso, con el estudio de las fuentes sagradas se rejuvenecen continuamente las sagradas ciencias, mientras que, por el contrario, una especulación que deje ya de investigar el depósito de la fe se hace estéril, como vemos por experiencia. Pero esto no autoriza a hacer de la teología, aun de la positiva, una ciencia meramente histórica. Porque, junto con esas sagradas fuentes, Dios ha dado a su Iglesia el magisterio vivo para ilustrar también y declarar lo que en el depósito de la fe no se contiene más que oscura y como implícitamente. Y el divino Redentor no ha confiado la interpretación auténtica de este depósito a cada uno de los fieles, ni aun a los teólogos, sino sólo al magisterio de la Iglesia. Y si la Iglesia ejerce este su oficio (como con frecuencia lo ha hecho en el curso de los siglos con el ejercicio, ya ordinario, ya extraordinario, del mismo oficio), es evidentemente falso el método que trata de explicar lo claro con lo oscuro; antes es menester que todos sigan el orden inverso. Por lo cual, nuestro predecesor, de inmortal memoria, Pío IX, al enseñar que es deber nobilísimo de la teología el mostrar cómo una doctrina definida por la Iglesia se contiene en las fuentes, no sin grave motivo añadió aquellas palabras: “Con el mismo sentido con que ha sido definida por la Iglesia”.
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     Volviendo a las nuevas teorías de que tratamos antes,  algunos proponen o insinúan en los ánimos muchas opiniones que disminuyen la autoridad divina de la Sagrada Escritura, pues se atreven a adulterar el sentido de las palabras con que el concilio Vaticano define que Dios es el autor de la Sagrada Escritura y renuevan una teoría, ya muchas veces condenada, según la cual la inerrancia de la Sagrada Escritura se extiende sólo a los textos que tratan de Dios mismo, o de la religión, o de la moral. Más aún: sin razón hablan de un sentido humano de la Biblia, bajo el cual se oculta el sentido divino, que es, según ellos, el solo infalible. En la interpretación de la Sagrada Escritura no quieren tener en cuenta la analogía de la fe ni la tradición de la Iglesia, de manera que la doctrina de los Santos Padres y del sagrado magisterio debe ser conmensurada con la de las Sagradas Escrituras, explicadas por los exegetas de modo meramente humano, más bien que exponer la Sagrada Escritura según la mente de la Iglesia, que ha sido constituida por Nuestro Señor Jesucristo custodio e intérprete de todo el depósito de las verdades reveladas.
700
     Además, el sentido literal de la Sagrada Escritura y su exposición, que tantos y tan eximios exegetas, bajo la vigilancia de la Iglesia, han elaborado, deben ceder el puesto, según las falsas opiniones de éstas, a una nueva exegesis que llaman simbólica o espiritual; con la cual los libros del Antiguo Testamento, que actualmente en la Iglesia son una fuente cerrada y oculta, se abrirían, finalmente, para todos. De esta manera, afirman, desaparecen todas las dificultades, que solamente encuentran los que se atienen al sentido literal de las Escrituras.
     Todos ven cuánto se apartan estas opiniones de los principios y normas hermenéuticas justamente establecidos por nuestros predecesores, de feliz memoria. León XIII, en la encíclica Providentissimus, y Benedicto XV, en la encíclica Spiritus Paraclitus, y también por Nos mismo en la encíclica Divino afflante Spiritu.
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     Réstanos ahora decir algo acerca de algunas cuestiones  que, aunque pertenezcan a las disciplinas que suelen llamarse “positivas”, sin embargo se entrelazan más o menos con las verdades de la fe cristiana. No pocos ruegan instantemente que la religión católica atienda lo más posible a tales disciplinas, lo cual es ciertamente digno de alabanza cuando se trata de hechos realmente demostrados; empero, se ha de admitir con cautela cuando más bien se trate de hipótesis, aunque de algún modo apoyadas en la ciencia humana, que rozan con la doctrina contenida en la Sagrada Escritura o en la tradición. Si tales conjeturas opinables se oponen directa o indirectamente a la doctrina que Dios ha revelado, entonces tal postulado no puede admitirse en modo alguno.
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     Por eso el magisterio de la Iglesia no prohíbe que en  investigaciones y disputas entre los hombres doctos de entrambos campos se trate de la doctrina del evolucionismo, la cual busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente (pues la fe católica nos obliga a retener que las almas son creadas inmediatamente por Dios), según el estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada teología, de modo que las razones de una y otra opinión, es decir, de los que defienden o impugnan tal doctrina, sean sopesadas y juzgadas con la debida gravedad, moderación y templanza, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y de defender los dogmas de la fe (cf. Aloc. pont. a los miembros de la Academia de Ciencias, 30 noviembre 1941: AAS 33 p.506). Empero, algunos, con temeraria audacia, traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen mismo del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados y cual si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija una máxima moderación y cautela en esta materia.
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     Mas, tratándose de otra hipótesis, es a saber, del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, pues los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación o bien de que Adán significa el conjunto de los primeros padres, ya que no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del magisterio de la Iglesia enseñan acerca del pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y que, difundiéndose a todos los hombres por la generación, es propio de cada uno de ellos (cf. Rom. 5,12-19; conc. Trid., ses.5 cán.1-4).
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     Del mismo modo que en las ciencias biológicas y antropológicas, hay algunos que también en las históricas traspasan audazmente los límites y las cautelas establecidas por la Iglesia. Y de un modo particular es deplorable el modo extraordinariamente libre de interpretar los libros históricos del Antiguo Testamento. Los fautores de esa tendencia, para defender su causa, invocan indebidamente la carta que no hace mucho tiempo la Comisión Pontificia para los Estudios Bíblicos envió al arzobispo de París (16 de enero de 1948: AAS 40 p.45-48). Esta carta advierte claramente que los once primeras capítulos del Génesis, aunque propiamente no concuerden con el método histórico usado por los eximios historiadores grecolatinos y modernos, no obstante pertenecen al género histórico en un sentido verdadero, que los exegetas han de investigar y precisar, y que los mismos capítulos, con estilo sencillo y figurado, acomodado a la mente del pueblo poco culto, contienen las verdades principales y fundamentales en que se apoya nuestra propia salvación, y también una descripción popular del origen del género humano y del pueblo escogido. Mas, si los antiguos hagiógrafos tomaron algo de las tradiciones populares -lo cual puede ciertamente concederse—, nunca hay que olvidar que ellos obraron así ayudados por el soplo de la divina inspiración, la cual los hacía inmunes de todo error al elegir y juzgar aquellos documentos.
     Empero, lo que se insertó en la Sagrada Escritura sacándolo de las narraciones populares, en modo alguno debe compararse con las mitologías u otras narraciones de tal género, las cuales más proceden de una ilimitada imaginación que de aquel amor a la simplicidad y a la verdad que tanto resplandece aun en los libros del Antiguo Testamento, hasta el punto que nuestro hagiógrafos deben ser tenidos en este punto como claramente superiores a los antiguos escritores profanos.
DOCTRINA PONTIFICIA
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B. A. C.