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viernes, 27 de agosto de 2010

Los dos castigos de la Gran Tribulación

Las profecías hablan clarísimamente de las dos clases de castigos. Los castigos que serán de la TIERRA: Los ele­mentos, el hambre, terremotos, pestes, revoluciones y gue­rras.
Y los castigos DEL CIELO.
La Gran Tribulación, no sería un Juicio Final en mi­niatura, ni sería una cosa nunca vista, ni convendría a las intenciones del cielo, si sólo fuera un acontecimiento invo­lucrado con los elementos humanos. La razón es, que se tra­ta de demostrar, que Dios es sólo quien rige los destinos del mundo. Se trata de eliminar a todos los impíos, se trata DE CONSTRUIR UN ORDEN NUEVO Y UNA TIERRA NUE­VA, DESPUES DE UN JUICIO UNIVERSAL DE VIVOS.
Los acontecimientos por muy catastróficos que fuesen, nos darían a las gentes una lección natural, sin referencias al cielo. La guerra moderna, todos la concebimos en estos términos. Una gran desolación. Tenemos hasta ese orgullo natural de ver así los acontecimientos aún después de haber sido inventados los poderes atómicos. Siempre ha habido guerras. ¿Las enfermedades? ¡Hemos nacido con ellas!. . . El hambre, pues vaya... hasta nos viene bien para la es­peculación de algunos y para la línea anatómica de muchas. ¿Y qué? Después de 20 siglos con guerras, no es nada nuevo que haya otra. Pero no será así. Echaríamos la culpa a los rusos o al equívoco de algún avión norteamericano, que se perdió y dejó caer la bomba de prueba en una Ciudad, den­tro del perímetro de seguridad rusa. Pero a Dios, seguiría­mos, desconociéndolo. Y ahora Él nos lo advierte. El Cielo intervendrá en una forma cósmica, tan contundente, que de un bandazo cambiará el curso de la historia. Sólo así cree­remos en la Providencia de Cristo sobre la familia del mundo.
Un día reveló Dios a María de los Valles, la síntesis de la historia del Mundo. San Juan Eudes, fue inspirado por esta mujer, para introducir la devoción del Sagrado Cora­zón de Jesús. Dice así la historia de los tres diluvios: "Por sus pecados, los hijos de Adán obligaron al Padre, a enviar SU DILUVIO DE AGUA; por su perfidia, los fa­riseos, obligaron al Hijo a suministrar EL DILUVIO DE SU SANGRE; por su apostasía presente, el occidente cris­tiano obligará A UN TERCER DILUVIO DE FUEGO, QUE VENDRA DEL ESPIRITU SANTO. Este será triste, al igual de los precedentes, a causa de la gran resistencia de la leña verde, que resiste al fuego".
Luego el castigo, que vendrá del Espíritu Santo, ven­drá del cielo en forma de fuego. La Beata Ana María Taigi, con otras videntes clasificaron así la cuestión:
"Dios enviará dos castigos al mundo. Uno vendrá de los hombres, es decir, guerras, revoluciones, y otras desdichas; el otro vendrá DEL CIELO.
La plaga de la tierra será mitigada por las rogaciones, pero no LA DEL CIELO, que será horrible, espantosa, uni­versal".
La religiosa de la Visitación de Quebec, comunicaba a Roma la misma aclaración. Fue en abril de 1955:
"Si no cambian de parecer los hombres, una terrible plaga VA A CAER DEL CIELO.. . serán terribles para to­dos, estos momentos, ya que SE UNIRA EL CIELO Y LA TIERRA Y SERAN DESTRUIDOS TODOS LOS MALOS. Ciertas naciones serán purificadas, mientras otras desapa­recerán completamente”.
¿Cuánto tiempo durarán estos acontecimientos? La magnitud de la catástrofe parece que pide una gran duración de tiempo. Sin embargo, las profecías nos dan ciertos atisbos:
La religiosa Trapense de la que ya hemos hablado, anuncia:
"El tiempo de esos trastornos, será el de TRES ME­SES y el de la Gran Crisis, en que triunfarán los buenos, MOMENTANEO"... Y todas las injusticias de cualquier naturaleza que fuesen, se repararán lo que será muy fácil, por haber perecido en el combate la mayor parte de los malos".
Según todos aquellos que han profetizado este período, dan a entender que en los tres días de tinieblas, será LA CULMINACION DEL CASTIGO DE PARTE DEL CIELO. El de la tierra será entonces el que dure por el tiempo de tres meses...
La Hermana de la Caridad de Montreal, que trasmitió por medio de su Obispo Mr. Breynat, los mensajes a su San­tidad Pío XII, nos da una referencia también notable. La profecía fue tenida del cielo, el 14 de Diciembre de 1949. Di­ce así:
"Perseverad con amor y generosidad POR UNA NO­CHE Y UN DIA, OTRA NOCHE Y OTRO DIA; pues la NOCHE SIGUIENTE un sol hermoso, brillante como nunca ha brillado, sucederá al horror de las grandes tinieblas".
La consideración de estos funestos y gloriosos aconte­cimientos, nos obligan a concluir y esclarecer el momento.
NO SE TRATA DEL FIN DEL MUNDO.
La Virgen Santísima hace unos años ha comunicado a una hija suya, privilegiada, lo siguiente:
"Lo que sucederá próximamente en el mundo, es total­mente grave. No es posible formarse una idea aproximada. A la pregunta de la vidente: ¿Es éste, el fin del mundo? La Virgen María ha respondido:
"NO ES EL FIN DEL MUNDO. ES EL ADVENI­MIENTO DEL REINO DEL CORAZON DIVINO Y DE MI CORAZON INMACULADO".
Si no se ha de perdonar más que la centésima parte de cada cosa, las cifras son aterradoras:
De cien personas sólo quedará una, de mil solo 10, de un millón quedarán 10 mil personas y de 2,600 millones de hombres que viven actualmente, sólo quedarán 26 millones.
Y se marcha la imaginación por las ciudades queridas que uno conoce, y se entristece, al considerar los pocos su­pervivientes entre las ruinas. Y no sólo serán las personas diezmadas, sino las cosas. Y las cosas son las propiedades, los edificios, las industrias, todo lo que forma el decoro y la gloria de esta civilización gloriosa y adúltera.
Uno de los avisos proféticos que hay que considerar, es LA PROTECCION CONTRA LA CURIOSIDAD.
La Beata Ana María Taigi, nos lo amonesta proféticamente:
"Quien POR CURIOSIDAD abra las ventanas o mire afuera o salga a la puerta, caerá muerto repentinamente. Durante esos días, se deberá permanecer en casa, rezar el Rosario, e invocar la misericordia de Dios".
Algo similar nos amonesta la Hermana de la Caridad de Montreal, después de la visión profética del 14 de diciem­bre de 1949:
"Cuando suene el trueno con tal fuerza que estremezca a los montes, ESCONDEOS DEL MUNDO EXTERIOR. NO OS ABANDONEIS A LA CURIOSIDAD CONTEMPLAN­DO ESTOS SUCESOS TERRIBLES. Rogad entonces, y ha­ced penitencia. Dad gracias a Dios por esa Purificación, otra vez creed en Dios".
Se me va el recuerdo hacia los avisos de los ángeles cuando amonestaron a Loth antes de incendiar a Sodoma y Gomorra:
"Salva tu vida, no mires hacia atrás ni te pares en to­da la región circunvecina; sino ponte a salvo en el monte, no sea que también tú perezcas juntamente con los otros".
Y a la hora de la fuga y del fuego caído del cielo sobre las ciudades, la mujer de Loth entró en curiosidad y dese­chando el consejo de los ángeles, "Se volvió a mirar hacia atrás, y quedó convertida en estatua de sal".
¡Ah, la curiosidad de las mujeres!
Perdimos el paraíso por la curiosidad de Eva. Muchas se casan por curiosidad, otras se mueren por ella, como la mujer de Loth... y muchas de las que mueran, no será porque son malas, sino curiosas. Recomendamos tela adhesiva para los ojos de las mujeres de aquellos días... Al menos, si las queréis conservar...
Se desprende de la profecía de Isabel Canori, donde San Pedro encierra a los elegidos de Dios, para conservarlos para el reino de Cristo, que el sitio más seguro para esta tormenta sin igual, serán los conventos, los seminarios y las Iglesias, las montañas de los santuarios famosos de María, y las casas oficiales de Dios sobre la tierra, llenas de ora­ción y de endiosamiento. Ellas serán los mejores refugios.
LOS TRES DIAS DE TINIEBLAS tienen un raro sa­bor místico. Jonás nos dio un signo: tres días en el seno de una ballena. Después convencido y fortalecido por el casti­go, partió luminoso, hacia el Evangelio y la Misión.
Tres días estuvo Jesucristo en el sepulcro lleno de som­bras y de muerte. Y una mañana, Dios creó con todas las auroras, la gloria anastásica de la Resurrección.
La humanidad, pues, tendrá tres días de sepulcro lleno de muerte y de tinieblas. Después, un sol triunfante de re­surrección y de primavera llena de ángeles y de santos, bri­llará en todas las cúpulas catedralicias y en todos los cam­paniles de las iglesias del orbe rejuvenecido. Campanas de Gloria y Ángeles Celestes, cantarán GLORIA DE DIOS EN LAS ALTURAS Y PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.
En el pesebre, Cristo fue aclamado como Dios por los ángeles. La humanidad en ese día glorioso, tendrá el testi­monio de haber nacido de entre los sepulcros y de entre las bestias de los impíos muertos. Y los ángeles y los reyes ve­nidos de oriente, en una epifanía pentecostal de conversio­nes, aclamarán el testimonio del hombre que empieza a ca­minar a casa del Padre. Los hijos pródigos, serán la gloria de los cielos y la cosecha espiritual de la Iglesia.
Algunos creerán confundir esta época con aquella en que se desenvolverá el Anticristo con sus errores. Es decir, con la del fin del mundo. La cosa está demasiado clara en las profecías, SE TRATA DE NUESTRO TIEMPO Y DE NUESTRA EPOCA.
Los videntes del siglo XVII y XVIII nos lo advierten:
Leed cómo nos lo concreta el Padre Souffrand (1775- 1828):
"El momento estará próximo cuando se viaje con mayor celeridad. Yo no sé cómo se harán esos viajes, pero sé que se irá con la velocidad de los pájaros".
Y Bemard Rembort (1689-1783) nos habla más a nues­tra imaginación presente:
"Los hombres se creerán todopoderosos a causa de sus carruajes que recorrerán el mundo, sin ser arrastrados por los caballos. Los hombres imitarán a los pájaros".
Entonces, se cometerá la impiedad de la tierra y la justicia del cielo.
El desconocido monje alemán del siglo XVII parece aún más cercano a nosotros. Su profecía se hizo famosa sobre todo después la segunda guerra mundial.
"El siglo XX será una época de terrores y de miserias. Todo cuanto nos podamos imaginar de malo y de desagradable, ocurrirá en este siglo.
Desde el principio, en muchas naciones, los príncipes se levantarán contra sus padres: los ciudadanos contra la autoridad; los hijos contra sus progenitores: los páganos con­tra Dios, y pueblos enteros contra el orden establecido.
Y estallará una guerra civil, en la cual caerán las bom­bas del cielo. Y estallará entonces una segunda guerra, durante la cual, casi todo el universo se verá convulsionado. Desastres financieros y ruinas de la propiedad harán derra­mar muchas lágrimas.
Los hombres no tendrán alma ni piedad. Nubes envene­nadas y rayos más abrasadores, que el sol del Ecuador, fé­rreas fortalezas, que caminan y barcos voladores llenos de bombas terribles y de flechas, estrellas que destilan la muer­te y fuego sulfúreo, destruirán grandes ciudades.
Este siglo será el más extraño de todos, porque los hombres se levantarán y se destruirán mutuamente". (De "El Futuro del Mundo" de Luis Emrich)
El Apocalipsis, en su forma alegórica y misteriosa, re­sume, desde el capítulo octavo al noveno, todo lo que hemos visto anunciado, en forma de profecía particular, sobre la Gran Tribulación.
Nos habla San Juan de la destrucción de la tercera par­te de las cosas, del mar y de la tierra. Los elementos castigadores, como en las profecías particulares, son, el granizo, las plagas sobre los ríos, el fuego, las tinieblas físicas, el te­rror y la muerte.
La tercera parte de los hombres son destruidos por los elementos cósmicos y naturales. Las profecías particulares, hablan de la desaparición de las tres cuartas partes de la humanidad.
San Juan, sólo habla de aquellos eliminados por los ele­mentos cósmicos. ¿Los muertos, por los demonios, cuántos serán?
El misterio del número tres salta a la vista. La tercera parte de las cosas y de los hombres; los tres días de tinie­blas, los tres ayes, ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!, consecutivos. La alu­sión a la Santísima Trinidad queda bien definida. La expia­ción al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, se impone como oferta y victimaje fundamental para el reino.
En el mensaje de Heede, la Virgen hace alusión al Apo­calipsis. Luego es la misma época. La Virgen dice: "EL FU­ROR DE LA ESTRELLA DEL INFIERNO SOBREPASA­RA EN VIOLENCIA..."
El Apocalipsis dice: "Y VI UNA ESTRELLA DEL CIELO CAIDA EN LA TIERRA Y DIOS LE DIO LA LLA­VE DEL ABISMO".
Satanás, por lo tanto, tiene poder para desencadenarse y llegar a la tierra. Al abrir el abismo, el humo y las tinie­blas morales le acompañan.
Pero San Juan, también ve, que el cielo se abre junto al altar y salen "Los doscientos millones de seres celestes, so­bre el mundo".
Las profecías particulares, nos hablan de la salida de San Miguel y de los Ángeles a combatir al dragón, como dicen Daniel y el Apocalipsis. Jesucristo en el mensaje de Heede, nos habla de los Ángeles diseminados por el mundo, para ejercer su Justicia. Las videntes han visto sobre Ru­sia, millones de Ángeles, dispuestos a dar la batalla por Cristo.
La descripción de las huestes del infierno, nos anuncia la guerra. Lo mismo anuncian, los Ángeles en orden de ba­talla. Por lo tanto, en síntesis, la prueba, los castigos cósmi­cos y celestes, las plagas y la guerra, están dibujadas proféticamente, en el Apocalipsis.
Las conclusiones totales, del Apocalipsis, de Daniel y de las Profecías particulares, son estas:
AHORA SE TRATA DE LA BATALLA CONTRA EL INFIERNO, CONTRA LUCIFER. DESPUES DEL TRIUN­FO DE LA IGLESIA, SE TRATA DE LA BATALLA FI­NAL DEL ANTICRISTO. APOCALIPSIS.

Capítulo Octavo:
7.-Tocó, pues, el primer Ángel la trompeta, y formóse una tempestad de granizo y fuego, mezclados con sangre y descargó sobre la tierra, CON LO QUE LA TERCERA PARTE DE LA TIERRA se abrasó y con ella se quemó LA TERCERA PARTE DE LOS ARBOLES Y TODA LA HIERBA VERDE.
8. - El segundo Ángel, tocó también la trompeta, y al momento, se vio caer en el mar como un gran monte todo de fuego y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.
9.- Y MURIO LA TERCERA PARTE DE LAS CRIA­TURAS que vivían en el mar y pereció la tercera parte de las naves.
10.- Y el tercer Ángel, tocó la trompeta y cayó del cie­lo una gran estrella ardiendo como una tea, y vino a caer en la tercera parte de los ríos y en los manantiales de las aguas.
11.- Y el nombre de la estrella es ajenjo; y así la ter­cera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, con lo que muchos hombres murieron a causa de las aguas, porque se hicieron amargas.
12.- Después, tocó la trompeta el cuarto Ángel y que­dó HERIDA DE TINIEBLAS, la tercera parte del sol y la tercera parte de la Luna y la tercera parte de las estrellas, de tal manera que se oscurecieron en su tercera parte y así quedó privado el día de la tercera parte de su luz y lo mis­mo la noche.
13.- Entonces, miré y oí la voz de un águila que iba volando por medio del cielo y diciendo a grandes gritos: "Ay! Ay! Ay!, de los moradores de la tierra, por causa del sonido de las trompetas, que los otros tres ángeles han de tocar.

APOCALIPSIS. Capítulo noveno.
1.- El quinto Ángel tocó la trompeta y vi UNA ES­TRELLA DEL CIELO CAIDA EN LA TIERRA Y SE LE DIO LA LLAVE DEL POZO DEL ABISMO.
2.- Y abrió el pozo del abismo y subió del pozo un hu­mo semejante al de un gran horno, y con el humo de este pozo, quedaron oscurecidos el sol y el aire.
3.- Y del humo del pozo, salieron langostas sobre la tierra y dióseles poder semejante al que tienen los escor­piones de la tierra.
4.- Y se les mandó no hiciesen daño a la hierba de la tierra ni a cosa verde ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres QUE NO TIENEN LA SEÑAL DE DIOS EN SUS FRENTES.
5.- Y se le encargó no que los matasen, sino que les atormentasen POR CINCO MESES, y el tormento que cau­san es como el que causa el escorpión cuando hiere a un hombre.
6.- Los hombres buscarán en aquellos días la muerte y no la hallarán, y desearán morir y la muerte huirá de ellos.
7.- Y las figuras de las langostas se parecían a caba­llos aparejados para la batalla y sobre sus cabezas tenían como coronas al parecer de oro y sus caras eran como caras de hombres.
8.- Y tenían cabellos, como cabellos de mujeres, y sus dientes eran como dientes de leones.
9.- Y Vestían también, lorigas de hierro, y el ruido de sus alas era como el estruendo de los carros tirados por muchos caballos, que van corriendo al combate.
10.- Tenían asimismo, colas parecidas a las de los es­corpiones y en las colas aguijones con potestad de hacer da­ño a los hombres, por cinco meses. Y tenían sobre sí
11.- Por rey, al Ángel del Abismo, cuyo nombre' en he­breo es Abaddón, en griego Apollión, que quiere decir en latín Exterminas, esto es El Exterminador.
12.- Un ¡Ay! pasó ya, más luego después, van a venir dos ayes más, después de esas cosas.
13.- Tocó pues el sexto Ángel la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro ángulos del altar de oro, que está colocado ante los ojos del Señor.
14.- La cual decía al sexto Ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro Ángeles del Abismo, que están li­gados al grande Río Éufrates.
15.- Fueron, pues, desatados los cuatro Ángeles, los cuales estaban prontos para la hora, el día, el mes y el año que debía matar LA TERCERA PARTE DE LOS HOM­BRES.
16.-Y el número de las tropas de a caballo, eran de 200 millones. Porque yo oí el número de ellas. 17.- Así como vi también en la visión los caballos; y los jinetes vestían corazas como de fuego y de color de jacinto y de azufre y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones y de su boca salía fuego, humo y azufre.
18.- Y en estas tres plagas, fue muerta LA TERCE­RA PARTE DE LOS HOMBRES, con el fuego, con el humo y con el azufre que salía de sus bocas.
19.- Entretanto, los demás hombres que no perecieron en estas plagas, no por eso hicieron penitencia de las obras de sus manos, para dejar de adorar a los demonios, a los si­mulacros de oro, de plata y de bronce y de piedra y de ma­dera, que ni pueden ver, ni oír, ni andar.
20.- Ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos".
Queda un misterio insondable: La supervivencia de la levadura del mal. En los dos últimos versículos de este capítulo del Apocalipsis, se nos aclara este misterio. La leva­dura del mal será reservada para el crecimiento y el adve­nimiento del Anticristo, que ya irá tomando cuerpo y enve­nenando la paz del reino, conduciendo a los hombres hasta la gran apostasía o misterio de la iniquidad.
Ricardo Rasines U.
1960... Yel fin del mundo
1959

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