jueves, 30 de septiembre de 2010

¿VOLVEMOS A LA IGLESIA DE LOS PRIMEROS TIEMPOS?


(de la página 113 a la 128)
En su crónica, desde Roma, el Director de "ECCLESIA", después de explicarnos el sentido y la virtualidad que tendría la diversificación de ministerios, propuesta como solución viable a la escasez de sacerdotes, que se agrava de día en día, en todo el mundo, plantea el siguiente análisis de esta grave y sintomática situación: "¿Volvemos -pregunta— a la Iglesia de los primeros tiempos?" He aquí su respuesta, que trata de exponernos el pensamiento de los padres sinodales:
"Es significativo que el Concilio Vaticano II no haya siquiera enumerado las órdenes menores ni menos las haya considerado jerárquicas. De donde puede muy bien colegirse que quiso dejar la puerta abierta para posibles o necesarios desarrollos o cambios disciplinares ulteriores, de conformidad con las nuevas exigencias pastorales. Y es aquí donde cabe pensar, con serio fundamento, que una más amplia diversificación de ministerios puede acudir en remedio de las situaciones destacadas en el Sínodo. Pues, así como el Vaticano II restableció el diaconado permanente, tanto en forma celibataria como matrimonial, y revalorizó el sacerdocio común de los seglares, es incuestionable que cabe proseguir e ir más allá, en la diversificación e incluso en la creación de ministerios nuevos, sin merma alguna del sacerdocio ministerial, sin detrimento de la ley del celibato y sin necesidad de recurrir a hombres casados. Lo que, de otra parte, sería volver, de algún modo, a los orígenes, cuando los apóstoles, entregados plenamente a la evangelización, tenían necesidad de contar y contaron, además de los presbíteros y diáconos, con laicos colaboradores directos, a los que confiaban funciones que aquéllos no podían abarcar, pero que sin formar parte de la jerarquía, ni gozar de poderes sacramentales o de gobierno, trabajaban eficacísimamente en la extensión de la Iglesia, contando con los abundantes y multiformes carismas de que nos habla San Pablo.
"Por otra parte, habría que preguntarse si, en cierto modo, la situación de la Iglesia de los primeros tiempos no va a ser o no está siendo semejante a la de nuestros días. El paganismo de entonces quizá tenga un paralelismo con la incredulidad de nuestros tiempos en el mundo secularizado, progresivamente descristianizado y ateo, que va surgiendo a impulsos de un arrollador materialismo y de una corrupción creciente que están pidiendo a voces y con urgencia un empeño apostólico de todos, tan serio y decidido como en los primeros pasos del cristianismo.
Reconocen los padres sinodales que la actual situación religiosa en el mundo es semejante, si no peor, a la que prevalecía en el mundo pagano, al nacer el cristianismo: "mundo secularizado, progresivamente descristianizado y ateo, que va surgiendo a impulsos de un arrollador materialismo y de una corrupción creciente, que están pidiendo a voces y con urgencia un empeño apostólico de todos, tan serio y decidido, como en los primeros pasos de la cristiandad". Pero, por desgracia, la situación que estamos viendo y viviendo, como ya lo indiqué anteriormente, ha sido, en gran parte, provocada, acelerada y mantenida, por culpa de la Jerarquía, por las innovaciones de la Nueva Teología, porque el clero progresista, al introducir la "desacralización", la "desmitización", la "secularización" de la Iglesia, han creado este estado epidémico de crisis en la fe. El primer paso a dar es el de detener esa epidemia, el combatir esas doctrinas, el reafirmar en la conciencia de obispos y sacerdotes la realidad inmutable de nuestra fe católica. Ya basta de cambios; ya no queremos más reformas; ya no queremos más sínodos, ni tantas conferencias, que aumentan tan sólo la confusión reinante.
¿Cómo podemos contener ese avance de la apostasía (más grave ciertamente que la herejía y que el cisma, porque es la negación de Dios y de toda religión), cuando el Obispo "charro" de Cuernavaca, en sus declaraciones y en sus conferencias, nos habla de una hermenéutica desmitificadora de la Sagrada Escritura, de una reformulación de nuestros dogmas, de una negación implícita, según las circunstancias y el auditorio al cual habla, de la existencia del infierno? Para él, "el infierno es Vietnam, es Lecumberri. . . un matrimonio mal avenido, un explotador, la Bolsa de Valores. . . la falta de amor (que para él es sexo). . . ¿Cómo vamos a defender la fe, especialmente entre los jóvenes, cuando ese falso pastor, delante de numerosos grupos de universitarios —es la especialidad de Su Excelencia, el quitar la fe a los ignorantes, a los niños, a los jóvenes— al hablar de Dios se expresa así: "Yo no tengo concepto de Dios; digo, porque decir "un concepto de Dios" es decir filosofía, y Dios no vino a enseñar filosofía. . . Dios es un ser que me habla. . . Dios dijo de Sí mismo: 'Yo seré el que seré. . y, por tanto, yo no voy a conceptualizar a Dios. . . Muchos jóvenes se dicen ateos y dicen que Dios no existe; y ¿qué les digo yo? —Que yo también soy ateo; que yo también estoy contra los ídolos, esos dioses, que nos formamos, por ejemplo"? ¿Cómo atajar ese "arrollador materialismo", cuando, por otra parte, Obispos y sacerdotes, y Cardenales, y el mismo Paulo VI, aceptan la colaboración y la misma doctrina del materialismo histórico, del marxismo-leninismo, del comunismo que es el nihilismo pulverizador?
Reconocer el mal gravísimo que nos invade y no poner, cuando se puede, el urgente, el inaplazable remedio, para mí es criminal, porque son las almas inmortales, redimidas por la Sangre de Cristo, las que están en peligro de una eterna condenación; aunque, ni Méndez Arceo ni Saldaña crean en el infierno, ni en el fuego material que ha de castigar por toda una eternidad a los réprobos, que se burlaron de la justicia de Dios.

VAMOS AL COMUNISMO
En la visita, que, al escribir este libro, todavía está haciendo Fidel Castro a la República de Chile, la prensa nos ha dado noticias reveladoras y sintomáticas, que nos están diciendo un estado irreversible, en un comunismo, que prometiendo la liberación del pueblo, la supresión de la pobreza, la igualdad social. . . está, en realidad, esclavizando a los mismos inconscientes que ciegamente cola boraron en levantar el cadalso de su desgracia irremediable.
El sanguinario jefe del comunismo cubano, que ha sembrado de llanto, de sangre, de dolor y de miseria a esa hermana República de Cuba, fue clamorosamente recibido por Allende y todos los integrantes del comunismo chileno. Allí estaba también Su Eminencia Raúl Cardenal Silva Henríquez, Primado de la comprometida Iglesia chilena. Ya la prensa nos había dicho que el dicho Arzobispo de Santiago, cuya ideología y peligrosidad son muy conocidas, desde los días turbulentos del Vaticano II, había celebrado con un "TE DEUM" ecuménico el triunfo electoral del comunismo en su país; triunfo que se debió a la traición de la Democracia Cristiana, a la actividad subversiva del Centro Belarmino de los jesuítas en Santiago, al numeroso clero revolucionario por ellos encabezado, indoctrinado y económicamente corrompido, y, sobre todo, gracias a los programas elaborados por los dirigentes dei CELAM y del mismo Vaticano.
Hay un fenómeno curioso que es conveniente tener presente: que esos curas redentores de las clases humildes, esos curas que se meten en política, esos curas que predican el evangelio de la justicia social, son los curas de automóvil propio, de viajes turísticos, de "humanos desahogos" en los "centros nocturnos"; son los curas que defienden y predican las ideas más avanzadas de las izquierdas, en los periódicos y revistas confesionalmente anticatólicas, como el periódico "EL DIA", las Revistas "SIEMPRE" y "EL Y ELLA", plagadas de desnudos provocativos, de sugerencias sexuales, de doctrinas demoledoras. Más pintoresco es todavía el fenómeno palpable de que esos curas son los que ponen en entredicho el celibato sacerdotal, los que discuten u oscurecen los privilegios y la excelsa dignidad de la Virgen Santísima, los que niegan el pecado original y, para ser exactos, "todos los pecados", excepción hecha del pecado comunitario de la "injusticia interhumana" o el pecado imperdonable del así llamado "antisemitismo"; son los curas que dejan poco claras, cuando no abiertamente heréticas las cosas relacionadas con la Divina Eucaristía, con la penitencia, con el sexto y nono mandamientos, etc., etc.
Desgraciadamente —y me duele en el alma decirlo, porque, al hablar de los malos hijos, parece que injurio a la que todavía considero mi madre— en América Latina, como en otras partes, son los jesuítas (no los genuinos hijos de San Ignacio, sino los arrupianos, los de la nueva ola) los que en Chile, como en Bolivía, como en México, son los instigadores, los que traen y llevan las consignas, los que están comprometidos, los que con culpa o sin culpa —¡Dios lo sabe!— tienen quizá la mayor responsabilidad en este drama de la Iglesia. Como ejemplo, voy a citar aquí una carta del P. Provincial de Chile a todos sus subditos, con motivo del triunfo de Allende:
1. Para nosotros debe ser un motivo de profunda alegría el hecho de que el grupo que ha obtenido la mayoría en las urnas prometa trabajar por el pueblo y por los pobres.
2. Seguramente, las nuevas estructuras económicas nos obligarán a una mayor austeridad y pobreza, lo cual debe ser para nosotros motivo cristiano de alegría. Si antes, tal vez por pereza, no fuimos capaces de llegar a esa austeridad evangélica, debemos alegrarnos de que ahora el Señor, por medio de las circunstancias, nos apremie a ello.
3. Nuestra actitud sincera debe ser de colaboración leal en todo lo que redunde en bien de los pobres y en la creación de una sociedad más justa. De ningún modo debemos aparecer como aliados con los que se opongan a estas transformaciones, muchas veces en defensa de sus intereses personales. Todo aumento de solidaridad humana es un avance cristiano hacia Cristo, así como todo egoísmo individualista es un retroceso hacia estructuras primitivas.
4. Por otra parte, no debemos caer en la ingenuidad adolescente de intentar subirnos al carro de la victoria, llegando a un compromiso con el nuevo poder, que limitará nuestra libertad de crítica. Es esencial que podamos sentirnos libres para estar en la "oposición' cuando el poder se haga injusto o clasista; es esencial que siempre podamos criticar a los que no cumplen sus promesas de trabajar por los más pobres, y defraudan así las esperanzas del pueblo. No es sólo en las dictaduras de derecha donde se necesita esa actitud de crítica cristiana.
5. En ese sentido, nuestra actitud, frente a un posible adoctrinamiento materialista, impuesto por el Estado, deberá ser de firme resistencia. Nos corresponde, a costa de cualquier peligro, defender los valores fundamentales del hombre y sus derechos. Hasta ahora, el grupo vencedor afirma que se respetarán esos valores y esos derechos.
6. Como temas muy concretos, quiero recordar lo siguiente respecto a los colegios y a la militancia política. Colegios: no pensamos defender ningún privilegio nuestro, ni mucho menos oponernos a reformas que nosotros mismos deseábamos. Defenderemos la libertad de enseñanza como derecho de los padres y procuraremos que todos nuestros colegios sean gratuitos, en la línea ya señalada antes por los documentos de la Compañía y que todavía no habíamos realizado plenamente. Militancia política: núestra responsabilidad como ministros consagrados de la Palabra, es hacia todos los hombres y todos los grupos. Ni colaboración con los romanos, ni cabecillas del pueblo contra Pilotos. Servicio a todos, especialmente a los más pobres. Abanderarse políticamente en un partido, en vez de manifestar nuestra libertad de ciudadanos, limitaría nuestra libertad de sacerdotes. Comprometernos con todos, no abanderarnos con nadie.
7. Cuando hablemos con nuestros familiares y amigos, debemos devolverles la paz, exhortarles a la generosidad. Debemos animarles a que continúen en el país para ayudar a construir un nuevo Chile, más justo y más popular, dentro de una inspiración cristiana y verdadera" (De la Revista española ECCLESIA, 2 de enero 1971).
Si no tuviera yo seguridad de la autenticidad de esta carta, pensaría que un nuevo Pascal estaba conspirando contra el prestigio de la Orden Ignaciana; que las gravísimas acusaciones de Clemente XIV, en su famoso Breve "Dominus ac Redemtor", contra los jesuitas, por el cual la Compañía de Jesús fue suprimida, habían sido nuevamente formulados y que el documento, que literalmente cité antes, había salido, como LAS PROVINCIALES, como el Breve clementino, según lo que tantas veces escuché y leí, de los antros impenetrables de las logias masónicas.
Pero, no; desgraciadamente, no podemos dudar de la autenticidad de este documento, publicado en una Revista Oficial de la Acción Católica, poco tiempo después de la elección de Allende, el nuevo tiranuelo rojo, que en América Latina quiere establecer irreversiblemente la dictadura esclavizante y sangrienta del comunismo internacional. Es una carta ofiical del R.P. Provincial de la Provincia Chilena de la Compañía de Jesús, dirigida a todos los Reverendos Padres y Carísimos Hermanos de su Provincia, para congratularse con ellos con "profunda alegría", por el hecho, ya histórico, del triunfo electoral del partido comunista. ¿No había acaso motivo de íntima y especial alegría para los jesuitas, que con su Centro Belarmino y con su ejemplar activismo habían secundado las consegnas del CELAM, los acuerdos del P. Arrupe y de todos los Provinciales latinoamericanos y las sugerencias vaticanas?
La Quinta Congregación General de la Compañía de Jesús había establecido literalmente lo siguiente: "Dado que nuestra Compañía, que ha sido suscitada por Dios para la propagación de la fe y ganancia de las almas, asi como puede alcanzar felizmente el fin que se propone, bajo el estandarte de la Cruz, por medio del ministerio propio del Instituto, que son las armas espirituales, para beneficio de la Iglesia y edificación del prójimo, así también podría malograr todos estos bienes, y se expondría a los mayores peligros, si se ocupase de aquellas cosas, que son del mundo y que se relacionan con las actividades políticas y el gobierno de los Estados, por eso mismo, con mucha sabiduría, establecieron nuestros predecesores que, como milicia de Dios, no debemos mezclarnos en otras cosas ajenas a nuestra vocación religiosa. Ocurriendo empero que, precisamente en estos tiempos sobremanera peligrosos, en varias regiones y ante muchos soberanos (cuya estima y afecto es menester cuidar, según nuestro Padre San Ignacio, como testimonio de un vínculo divino) nuestra orden religiosa no goza de buena fama, quizá por culpa de algunos, o por ambición, o por celo indiscreto; y que, por otra parte, es menester el buen olor de Cristo para los frutos espirituales, esta Congregación ha estimado que es preciso abstenerse de toda clase de mal y evitar, en cuanto sea posible, todos los motivos de queja, incluso los que proceden de sospechas sin fundamento. Por cuya razón, por el presente decreto, nos está prohibido a todos nosotros, severa y rigurosamente, mezclarnos por ningún concepto en semejantes asuntos políticos, aunque seamos invitados o incitados a ello, sin que podamos apartarnos de este mandato, por ninguna clase de ruego o persuasión. Además, la Congregación ha encomendado a los Padres definidores que establecieran y definieran, con el mayor cuidado, aquellos remedios más eficaces, cuya aplicación, donde fuera necesario, curase por ejemplo esta enfermedad".
Después de leer y meditar este decreto de esa Quinta Congregación General, me quedo confundido, dada la conocida obediencia de la Orden, al volver a leer esa carta del P. Provincial de Chile, que se me antoja más una proclama política y revolucionaria, que una norma directiva, para salvar el espíritu ignaciano, en medio de los peligros inminentes, que el triunfo de Allende y la implantación del comunismo, tiene que traer, tarde o temprano, no sólo contra la Compañía, sino contra la misma Iglesia Católica.
"Para nosotros —dice el P. Provincial— debe ser un motivo de profunda alegría el hecho de que el grupo, que ha obtenido la mayoría en las urnas, prometa trabajar por el pueblo y por los pobres". La mera promesa debe ser para los jesuítas motivo de profunda alegría. ¿Qué no conoce el R.P. Provincial el dolo y la perfidia con que los jefes comunistas engañan a los pueblos? ¿No recuerdan el caso terriblemente doloroso de España, cuando, dominada por el comunismo, murieron, sacrificados por los rojos, 125 jesuítas? Alegrarse profundamente por el terrorismo que cada día se desata más amenazador en los pueblos de América Latina? ¿Alegrarse por ver un nuevo país de nuestro continente subyugado por el más cruel y terrible de los regímenes que la humanidad pueda concebir?
Esclavitud sin posibilidad alguna, humanamente hablando, de una liberación. Un levantamiento interno haría de Chile y de Cuba y de cualquier otro país, esclavizado por las garras del comunismo, otra Hungría, otra Checoeslovaquia, ya que la tiranía soviética o china jamás permitiría una reforma a una doctrina ya implantada. Chile, como Cuba, son conquistas del comunismo soviético y chino, y esta victoria jamás el imperialismo rojo permitirá le sea arrebatada. Es el segundo eslabón en el hemisferio occidental. Un bastión, que espera, que proyecta, que conspira, para abrir las puertas de los otros países latinoamericanos. ¡Padre Provincial, tiene Ud. razón para festejar cristianamente el triunfo de los enemigos mortales de la Iglesia de Cristo!
¡Trabajar por el pueblo y por los pobres! ¡Mentira, P. Provincial, mentira! Eso significará para ese pueblo hermano la necesidad de rebajarse hasta el más vil servilismo, para granjearse un mendrugo de pan; eso se traducirá en ver a las esposas, a las madres, a las hijas de Chile convertidas en prostitutas para llevar a su hogar un poco de comida, a los famélicos hijos de un pueblo esclavizado, sin esperanza alguna de recobrar su libertad.
El Provincial chileno anuncia a sus súbditos "las nuevas estructuras económicas", que va a obligar a los jesuítas chilenos "a una mayor austeridad y pobreza". "La vida es común en lo exterior, por justos respectos", dice San Ignacio en las Constituciones. En la auténtica Compañía, esto significaba no una falta de espíritu de pobreza, sino un auténtico desprendimiento de cada jesuíta, fiel a su vocación, de todo aquello que no fuera estrictamente necesario, para cumplir fielmente sus compromisos con Dios en la vida religiosa. El verdadero jesuíta, aunque tuviese lo necesario y más de lo necesario, procuraba sin alarde ni ostentación alguna, despojarse y sentir en carne propia los efectos saludables de la Santa Pobreza. Es pura demagogia lo que dice después el P. Provincial: "Si antes, tal vez por pereza (?), no fuimos capaces de llegar a esa autenticidad evangélica, debemos alegrarnos de que ahora el Señor, por medio de las circunstancias, nos apremie a ello". No es el Señor, sino Allende y el comunismo triunfante, auspiciado por los jesuítas de la nueva ola, el que va a obligar, en el nuevo cambio de estructuras, a los mismos, a vivir, en lo exterior, una vida más conforme a la pobreza evangélica. Pero eso no significará seguramente que los jesuítas, abandonando sus colegios, residencias, o renunciando al capital de la Provincia, vayan a morirse de hambre, ni a carecer de las cosas convenientes y aun superfluas, para vivir en apartamientos alquilados, esa nueva vida de más autenticidad evangélica, sin las restricciones, ni la vigilancia que la antigua observancia regular les imponía.
Los jesuítas chilenos, después del triunfo electoral del comunismo, deben, dice su Provincial, tomar una actitud de "colaboración leal" con Allende, para hacer que ese triunfo electoral no vaya a ser defraudado, por la odiosa "reacción" de los "gusanos" antirevolucionarios, anticomunistas. "De ningún modo debemos aparecer —escribe el Provincial— como aliados con los que se opongan a estas transformaciones". ¿Qué mejor colaboración puede tener Allende que este cardenal judeo-masónico-comunista, que esos nuevos jesuítas de vanguardia, que si colaboraron en el triunfo electoral, deberán colaborar, con mayor devoción, sinceridad y entrega total, en la consolidación del nuevo régimen, en la destrucción total de las "antiguas estructuras", en la edificación rápida del nuevo gobierno dictatorial? En virtud de "santa obediencia", los jesuítas chilenos se opondrán ahora a toda reacción saludable, a todo intento de liberación de los que quieran resistir a llevar el yugo de su esclavitud.
Pero, la astucia del P. Provincial no quiere tener "la ingenuidad adolescente de intentar subirse al carro de la victoria". Los jesuítas, así lo da a entender su superior, deben conservar su autonomía, para mantenerse siempre "en la oposición", cuando el poder vuelva a corromperse haciéndose injusto y clasista. Hay que evitar que la antigua oligarquía, representada por los odiosos ricos no venga a ser sustituida por otra nueva oligarquía, la de los que ahora detentan el poder. Los jesuítas se convierten así en los censores permanentes, que denunciarán a los antirevolucionarios, a los traidores, a los que quietan hacer resurgir un nuevo capitalismo, el capitalismo absorvente del imperialismo rojo.
Hay que pensar aquí —y la sabiduría y astucia de los superiores de la Compañía no pueden desconocerlo— que, después de poco tiempo, el gobierno de Chile, como el de Cuba, se convertirá en un nuevo satélite de Moscú o de Pekín. Pero, esta circunstancia tan insignificante no atemoriza al P. Provincial, porque sabe muy bien que el imperialismo jesuítico está respaldado, dirigido y financiado por el Vaticano de Paulo VI y de sus aliados judíos y masones y comunistas de todo el mundo. Lo que significa que las palabras del número quinto de la proclama del Provincial es una clara advertencia al presidente Allende y a su gobierno, para no retroceder en su camino, para llevar hasta sus últimas consecuencias el programa integral del comunismo.
Como una prueba fehaciente de la sinceridad de su activismo, los jesuítas de la nueva ola, van a cumplir, al fin, lo que las Constituciones habían hace ya cuatro siglos decretado: van a dar gratis lo que gratis recibieron y sus colegios no percibirán más las cuantiosas entradas, que aquí en México —país todavía subdesarrollado— siguen cobrando por su valiosa instrucción antropológica.
Pero, la frase más comprometedora y comprometida del Provincial es la siguinte: "Militancia política: nuestra responsabilidad, como ministros consagrados de la Palabra, es hacia todos los hombres y todos los grupos". Los jesuítas harán política, aunque sea contra la prohibición de su Quinta Congregación General; pero, su política es o debe ser una superpolítica, guardando siempre su libertad de acción para hacer y decir lo que fuere más conducente para el servicio de Dios y ayuda de las ánimas ¿Todavía negarán algunos la existencia de un clero político? ¿Todavía pensarán que la participación de los estudiantes de Río Hondo de la Provincia Mexicana, en los sangrientos conflictos estudiantiles de 1968, fue accidental, fue apostólica y pastoral?
Pero, volvamos a Santiago de Chile, en donde dejamos a Su Eminencia Raúl Cardenal Silva y Henríquez, al lado de Allende, recibiendo con un abrazo efusivo a Fidel Castro, el exterminador de un pueblo libre. La presencia de Su Eminencia en esa recepción no puede tener otro significado que ser un gesto de adhesión y simpatía al programa del comunismo en la América Latina. Nos quedamos sorprendidos con la noticia, porque, si la excomunión pronunciada por Pío XII y las razones intrínsecas que la motivan no han sido revocadas, ni han perdido su valor, si las condenaciones de tantos y tan preclaros Papas no han perdido su vigencia; si la doctrina católica no ha cambiado, ese gesto diplomático no puede tener otro sentido que una formal y pública apostasía, una negación manifiesta de todos los valores cristianos y una traición descarada no sólo a su patria y a toda la América Latina, sino a todos los pueblos libres del mundo de Su Eminencia Raúl Cardenal Silva y Henríquez.
Nadie puede negar que el "Te Deum" ecuménico y el mensaje papal de felicitación a Allende por su triunfo electoral y la asistencia de Su Eminencia en la recepción de Fidel Castro, cabeza de playa de la subversión comunista en todos los pueblos de América Latina, son hechos históricos, que tienen sí un sentido político, de transacción, de componenda, de entreguismo; pero tiene también —y esto lo más grave— un sentido evidentemente antireligioso. No estamos ya en los tiempos de los Estados Pontificios, cuando los Papas, además de su investidura sacra, eran, al mismo tiempo, señores temporales de unos estados internacionalmente reconocidos. Esta circunstancia explicaba, si no justificaba, los pactos, las alianzas, los gestos diplomáticos de algunos de esos Pontífices, en los que la ortodoxia estuvo o pareció estar supeditada a las conveniencias políticas y humanas. Ahora un Papa no tiene ya, ni puede tener otra representación que la de ser el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra, la cabeza visible de la verdadera y única Iglesia, fundada por el mismo Hijo de Dios; y, por lo mismo, todos sus actos, aun dentro de la humana diplomacia, tienen que ser una nln, ría confesión de la fe tradicional y una explícita condenen ¡ón de todas las doctrinas intrínsecamente perversas, opuestas antagónicamente a la doctrina inmutable de la Iglesia. Y lo que digo del Papa, con más razón debe decirse de los obispos, aunque hayan alcanzado la púrpura cardenalicia.
No podía quedar sin respuesta el gesto ecuménico del Primado de Chile de ir personalmente a recibir al aeropuerto al tirano de Cuba. "EXCELSIOR" del miércoles 24 de noviembre del presente mes y año, nos relata la visita personal de Fidel Castro a Su Eminencia:
"SANTIAGO DE CHILE, 23 de noviembre (AP, LATIN y AFP): 'Cristianos y Marxistas pueden y deben trabajar juntos por la liberación de los pueblos, proclamó hoy el primer ministro cubano Fidel Castro luego de entrevistarse con el cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago y jefe de la Iglesia Católica chilena.
Durante la entrevista, que se prolongó por media hora y se efectuó a petición de Castro, el cardenal regaló a éste un ejemplar lujoso de la Biblia. El lider cubano manifestó que "se sentía muy honrado" por el obsequio, pero aseguró: 'Ya lo he leído y mucho'. Silva Enríquez reconoció posteriormente que recibió muchas llamadas telefónicas de protesta, mediante las cuales se le reprochó el haber concedido la entrevista'.
¿Qué debemos pensar de esta entrevista? Que el cardenal Silva y Enríquez, después de haber traicionado su conciencia, traicionó también a su patria y a su pueblo; que esa entrevista fue un nuevo bofetón al pueblo de Cuba, que está sufriendo un prolongado martirio en manos del tirano, recibido por el cardenal y premiado por él con un "ejemplar lujoso" de la Biblia. ¿Qué mejor regalo podía hacer Su Eminencia al representante número uno de la subversión comunista en nuestra América Latina? ¿No ha ya demostrado nuestro José Porfirio Miranda y de la Parra que entre Marx y la Biblia hay una identidad de pensamiento? Por eso Fidel aseguró a Su Eminencia y ti la prensa mundial, que se sentía muy honrado con el obsequio cardenalicio y que él ya había leído y mucho ese libro sagrado. Por lo visto los exégetas de la nueva ola, nos van a demostrar que el marxismo y su expresión política, el comunismo, son la única auténtica interpretación que pueden tener los Libros Sagrados. Si hay una teología de la muerte de Dios y hay una teología de la violencia, también hay teología del paredón, de los secuestros, de las guerrillas, del terrorismo, de la traición. . .
¡Con cuánta razón protestaron por teléfono los católicos chilenos al ver a su pastor abrazando el enemigo número uno de su patria! Pero, la Iglesia postconciliar, la Iglesia montiniana, cree que es necesario ganarse la confianza, la amistad y el apoyo de los dirigentes del comunismo, para sobrevivir, en medio de la esclavitud inevitable.

Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga
¿CISMA O FE?
1972

EL GRAN MONARCA Y ESPAÑA

     El problema de la nacionalidad del Gran Monarca, ha sido muy debatido. Las profecías, o no son muy claras, o no son demasiado explícitas. San Juan Bosco, que nos habla del Monarca, nos lo pinta, sólo como un Guerrero del Norte.
     "Pero he aquí un Gran Guerrero del Norte, con un estandarte en la diestra, en el cual se lee: "Irresistible mano del Señor". En ese instante, el Venerable Viejo del Lacio, le salió al encuentro, llevando una antorcha ardientísima. El estandarte se desplegó y de negro que era, quedó blanco como la nieve. En el medio, estaba escrito el Nombre de quien todo lo puede. El Guerrero y sus huestes, hicieron una profunda reverencia al Viejo y se estrecharon la mano".
     La Gran Profecía de San Metodio, iluminada y revelada entre las persecuciones de los Césares Romanos, avizora, toda la Iglesia, hasta el final de los tiempos. San Metodio fué martirizado el año 250. La parte del Gran Monarca, es interesante y muy tradicional en el pensamiento cristiano:
     "En el séptimo tiempo semanal, Séptimo milenario, gran parte del clero prevaricará. También se verá suprimido y cesará en las Iglesias el Santo Sacrificio.
     Al cumplir el número de los años señalados por Dios, al poder de estos bárbaros, se multiplicarán todavía las tribulaciones por medio del hambre y de la peste. Otra plaga habrá también; cada cual se verá obligado a vender cuanto tenga, aún a sus propios hijos, para satisfacer la insaciable hambre de sus perseguidores.
     Con estos trabajos, el Señor separará la paja del buen grano, y aparecerán los elegidos de entre los infieles.
     Este yugo impuesto por los hijos de Ismael, será tan pesado, que quitará a los cristianos, la esperanza de verse libres de sus manos. Aquellas bárbaras Naciones, ebrias por sus triunfos, se entregarán a toda clase de placeres, y orgullosos de su poder, creerán que los cristianos, jamás podrán escapárseles. Más entonces con gran furor, se levantará de improviso el Rey de los Romanos y se despertará como un hombre, que tomado de fuerte embriaguez se creía muerto.
     Este, caerá sobre ellos desde el mar de los Etiopes y con la espada pondrá la desolación en las tribus ahí establecidas y hará prisioneros a sus hijos y esposas.
     Contra los moradores de la tierra prometida, bajará luego, con la espada un hijo del Rey, y llenos de espanto, vendrán a ser, con sus mujeres y con sus hijos, o muertos o presos. El Rey de los Romanos, les impondrá un yugo y siete veces más pesado, que el que ellos hubieren impuesto a los otros, y serán obligados a servir a aquellos de quienes querían ser servidos.
     Libres del cautiverio, volverán los cristianos a su patria, y se multiplicarán en la tierra, que habrá quedado desolada.
     Entonces, Egipto, quedará desolado y destruida Arabia, y será grande el furor del Rey de los Romanos contra aquellos que hubieren renegado de nuestro Señor Jesucristo. Entonces habrá gran paz en la tiera, a la cual no se ha visto ni se verá jamás semejante.
     Los hombres reedificarán las casas y las ciudades con suma alegría, y proveerán a los Sacerdotes en sus necesidades.
     Olvidándose los hombres en tan bella paz, de los beneficios de Dios, empezarán, como dice el Evangelio, a gozar de ella, comiendo, bebiendo, y casándose, y se cumplirá lo que dice el Apóstol (I Thesa 5, 3).
     "Cuando se diga, Paz y Seguridad, vendrá de repente la ruina"; porque se abrirán de golpe las puertas de el Aquilón y saldrán las Naciones que encerró Alejandro Magno. Se espantarán los hombres en su presencia, y huirán a esconderse en los montes y en las cuevas. Corromperán la tierra y la contaminarán y no habrá quien pueda resistirles.
     Después de una semana de tiempos (siete años) de haberse tomado la ciudad de Joppe. El Señor enviará contra ellos a uno de los Príncipes de su celestial milicia, y serán por él heridos. Después de este suceso, bajará a Jerusalén, el Rey de los Romanos y permanecerá ahí, una semana y media de tiempos, esto es diez años y medio.
     Cumplidos estos años, aparecerá el hijo de perdición. El Anticristo. Este nacerá en Chorozaim, será educado en Betsaída y reinará en Cafarnaúm. Se gozarán por ello, estas tres ciudades ; y esto fué el motivo por el cual dijo el Señor en el Evangelio: "¡Ay! de tí, Chorozaim. ¡ Ay! de tí Betsaida y ¡ Ay! de tí Cafarnaúm! Si has de ser exaltada hasta el Cielo, descenderás luego, hasta el Infierno". Manifestado que se halla el hijo de perdición, el Rey de los Romanos, subirá al Gólgota, en donde fué levantado el árbol de la Santa Cruz, en el cual murió por nosotros, el Salvador Jesucristo; se quitará la corona de la cabeza y la depondrá sobre la Cruz, extendiendo sus manos al Cielo, y consignará el Reino de los Cristianos, a Dios Padre.
     La Corona del Reino de los Romanos, será transportada enseguida junto con la Cruz, al Cielo, porque en ella estuvo pendiente Nuestro Señor Jesucristo, por la salud de todos.
Esta será la Cruz, que aparecerá delante de El en su venida, para la confusión de los infieles. Llevadas al cielo la Cruz y la Corona, morirá luego dicho Rey y así que aparezca el hijo de la perdición, será destruido todo principado y potestad; será éste, de la tribu de Dan, según se indica en la profecía de Jacob". 

     ¿Qué designios tiene España en estos grandes acontecimientos del Reino de Dios?
     España, un pueblo tan eminentemente católico, tal vez uno de los pocos entre los escogidos, que hicieron más por el Evangelio; lleno de mártires de primera magnitud. Fundadores de rancias y espléndidas Congregaciones, como los Dominicos y los Jesuítas. Místicos eminentes, que entendieron a Dios y que bajaron el cielo a Castilla, con tanta parlería divina, que en el cielo, según Paul Claudel, se habla el castellano, porque es la lengua de los ángeles. Este pueblo, que ofreció en gavilla selecta de martirio, el victimaje de once mil sacerdotes caídos por la fé en su última revolución, que se consagró a Cristo en el Cerro de los Angeles bajo la voz eminente de Alfonso XIII. El pueblo, que tiene más de diez mil santuarios Marianos, diseminados por los riscos empenachados de todas las montañas y de todas las ciudades; que consagró en el Congreso Eucarístico de Barcelona, 900 sacerdotes, como una alborada de protección y de martirio secreto. Este pueblo que tiene en misiones fuera de España, unos veinticinco mil misioneros; eclesiásticos y civiles, tiene que tener una perspectiva y una providencia de selección y de primogenitura, porque los selectos de España, están rebosando los conventos y los Seminarios, y la gente, parte de las mejores familias hacia los claustros y hacia las misiones extranjeras, para formar esa levadura misteriosa que ha de ser el fermento y la luz para los pueblos. Hay mucha luz de teología en los gobernantes y en las universidades; y las grandes ediciones del pensamiento católico, están partiendo de España, como una floración cultural, que parte a las vanguardias de todos los continentes. Aún brilla, esa candela del Evangelio en España. Y el
"Volverá a reír la primavera
que por cielo tierra y mar espera"
es el anuncio profético, cantado por miles de gargantas españolas, que llevaban la semilla profética entre los labios juveniles, por las cárceles, las alambradas y las almenas imperiales de los pueblos castellanos haciendo guardia a ese día de gloria, bajo los luceros. Porque tal vez, como en ningún país y en ninguna frontera, se puede decir al mundo humildemente: "En España, empieza a amanecer" Y de esto ya hacía bastante tiempo... Cuando los dioses nacían en Extremadura, y cuando los naranjos estaban en flor y la juventud se iba fuera del ocio fácil de las ciudades a morir por Cristo...
     Aquel santo Obispo de Palencia, Don Manuel González, era una alma predestinada. Una constelación de almas eucaristías, brotó a su paso junto a los Sagrarios españoles. El conoció muchas cosas, que Cristo tenía reservado para España. Una de ellas, lo contó él mismo. Dice así:
     "Di a los Españoles, que no teman, que estoy con ellos, que después de todo esto, VENDRAN DIAS DE MUCHA GLORIA PARA MI".
     Que practiquen bien, la Infancia espiritual. Abandonándose en mis brazos. VENDRA UN TRIUNFO, COMO NO PODREIS NI SOÑARLO".
     Este triunfo, parece que le toca implícitamente a España. Si Dios está con los españoles y el triunfo ha de ser ni soñado. Los españoles, tendrán ese triunfo, o tal vez van a ser ellos en parte, el instrumental glorioso para esos días de Gloria.
     No es atisbo ni intuición lo que digo. España, tiene una conciencia secreta de elegida y de predestinada. No miramos el pasado histórico de los concicilios de Trento, ni la Gloria de los Austrias, ni el descubrimiento de América, después de una Cruzada contra el Islam, de ocho siglos. La filosofía de España nos podía dar lecciones de historia. Ocho siglos de lucha por Cristo y en pago, España recibe la gloria de un descubrimiento y de una civilización. Y todo esto bajo la gran alborada de dos siglos de oro, como ninguna Nación tuvo ni tendrá. Dos siglos de oro para las armas, la política, la cultura y la santidad.
     Después de una revolución y de una purificación tan tremenda, en la que se juntaron, una revolución comunista y una guerra moderna entre los mejores, con ese vandalismo odioso y prehistórico, que tienen siempre los selectos, podemos augurar días estupendos de gloria no nacionales, sino de glorias por el Reino de Cristo. Nuestros hombres del siglo XVI y XVII, al ver que podían morir por ideas de teología y por la expansión del Evangelio, gritaban en un gesto de reconocimiento:
     "Dios, no nos ha podido hacer más grandes, después de hacernos cristianos, que hacernos españoles".
     Llegará un día, que volveremos a cumplir el deseo de nuestros mejores hidalgos, de ser nobles, no en el ejercicio de piratería, sino nobles por batallas de teología, muriendo bajo la cruz y los rosarios, en un lejano país de cruces y de espadañas, de un nuevo cristianismo, reverdecido por la sangre y por el fuego.
     España, tiene un culto a la predestinación. Desde niños, hemos aprendido bajo nuestras devociones de hogar, que España iba a ser elegida. Y a ese culto, España ha levantado muchos hogares que son como aquel Santuario Nacional de la Gran Promesa en Valladolid. Allá, en el Corazón Azul de Castilla. En ese rincón de España, el Corazón de Jesús, se le apareció un día al jesuíta Padre Hoyos y le diio: "REINARE EN ESPAÑA Y CON MAS VENERACION QUE EN OTRAS PARTES".
     Y desde entonces, llevamos todos los españoles, una secreta alborada, que el correr de los días nos va descubriendo y puntualizando: "REINARE".
      Y esperamos ese reino, por el cual en pequeñas dimensiones, hemos sufrido y añorado y cada uno de los mejores, al oír ese canto de realeza Cristocéntrica, se va poniendo secretamente en la avanzada de la Iglesia, esperando, para cuando el Rey llegue, nos encuentre en nuestro puesto. En el puesto más perdido, por ser más evangélico.
     La profecía del Padre Ricci, general de la Compañía de Jesús, nos habla del Duque Fuerte. En concreto no nos dice nada de España:
     "Déspués que el mundo sea suficientemente castigado, VENDRA EL DUQUE FUERTE, vástago de una de las nobles ramas, que durante muchos siglos permanecieron fieles a la religión de sus padres, cuya casa habrá sido muy afligida y reducida por la necesidad a una dura servidumbre.
     "La Gran Babilonia será destruida. El Duque Fuerte acabará con el judaismo y aniquilará el imperio de los Turcos. Será el Monarca más poderoso del Universo. Y su cetro se parecerá al de Manasés, en la Asamblea de los Fieles, premiando a los que se hayan distinguido por su piedad y su conducta hacia él. Honrado por todas las Naciones y auxiliado por un Papa Santo, hará leyes nuevas, y dará una nueva constitución a la Sociedad".
     Santa Brígida, la famosa princesa sueca, profetizó en el siglo XIV concretamente de España:
     "Tendrá fin aquella funestísima guerra, cuando sea proclamado Emperador, UN HOMBRE ENGENDRADO EN LA ESTIRPE DE ESPAÑA. Este vencerá maravillosamente con el signo de la cruz y será el que ha de destruir la secta de Mahoma y restituirá el Templo de Santa Sofía".
     El ser engendrado en la estirpe de España quiere decir claramente que el Príncipe es español. Se puede concluir que aún no siendo español por linaje, nazca en España.
     España, además tiene una misión especial, dentro del mensaje de Fátima. Más aún, LA PAZ DEL MUNDO ESTA CENTRADA HUMANAMENTE EN LOS ESPAÑOLES. En las apariciones primeras de Fátima, la Virgen les decía a los videntes, "Si el mundo no se convierte no se hace más bueno..."
     Y el mundo sigue igual, tan igual, que para variar, está empeorando. Entonces Dios, ha escogido a un Elegido, a un pueblo sobre todos los pueblos para condicionar la salvación de Rusia y acortar la guerra.
     El mensaje de Lucía, la vidente de Fátima, al obispo de Leiría, y al Episcopado español, nos lo demuestra. La comunicación de Lucía fué enviada el 20 de Abril de 1943. La carta es una serie de quejas oficiales de la Señora de Fátima:
     "El Señor está contento de lo que ha hecho hasta ahora el Padre Santo y varios Obispos, aunque incompleto, según sus deseos. En recompensa, promete que la guerra terminará en breve, que Rusia se convertirá, pero no será pronto, sino con esta condición: SI LOS SEÑORES OBISPOS DE ESPAÑA ATIENDEN A LOS DESEOS de Nuestro Señor y emprenden una verdadera reforma EN EL PUEBLO Y EN EL CLERO. Pero si no se hace, Rusia, será de nuevo el enemigo con que Dios los castigará una vez más".
     Una vez más, los elegidos están a la vista. Esos elegidos, de los cuales dependen muchas glorias o muchas desgracias, son los Obispos, el Clero Y EL PUEBLO ESPAÑOL.
     ¿Qué le querrá dar Dios a España, cuando le pide lo que no le pide a ningún otro pueblo, cuando la condiciona toda la hora presente al mejoramiento y al sacrificio de la estirpe española?
Tiene que darle ALGO GRANDE CUANDO SE LE PIDE COMO A GRANDE. COSAS GRANDES.
     Y la Profecía sobre las cosas de España nos confirma que los españoles, responderán como grandes.
     El Beato Nicolás Factor, nos lo profetiza en el Siglo XVI.
     El gran franciscano, habla del Gran Pontífice y del Gran Rey. Entre ellos, andan la flor y la espiga de un nuevo Pentecostés lleno de santas audacias. Dice así:
     "Este nuevo Pontífice, volverá la Iglesia a su antiguo estado y reducirá los herejes y en reduciéndoles, se juntará con el Rey, en quien estará la gracia de Dios, y los dos, tomarán todos los tesoros de la Iglesia, y hechos moneda levantarán gente del cristianismo y con poderoso ejército, marcharán hacia la conquista de jerusalén. Excitados LOS ESPAÑOLES POR LA SANTIDAD DE ESTÁ CAUSA, se apoderará de ellos un ardor tan santo que partirán sin despedirse de sus padres y sin arreglar sus negocios".
     La profecía más eminente sobre España, está hecha por un penitente francés, que murió casi centenario en el año 1848. Estaba este santo anacoreta cargado con el don de profecía eminente. Se llamó en vida BUG DE MILHAS y vivió en la comarca de los pirineos entregado a la oración en el pueblecito de Cominges.
     Predijo en forma notable la Revolución Francesa, El Imperio de Napoleón y el desastre del Sedán en la guerra Franco-Prusiana.


PROFECIA SOBRE ESPAÑA.
     "Una guerra europea está anunciada por muchos profetas, y sus predicciones se cumplirán. Esta guerra llevará sus estragos por todas las partes; la peste y otras muchas plagas, la acompañarán esparciendo el terror por doquiera. El fanatismo de las falsas creencias y los partidos intolerantes, llenarán de víctimas muchos países.
     LA IBERIA, será el asilo de todos los proscritos. Los católicos, huyendo del furor de sus enemigos, se refugiarán en España. Esta emigración prodigiosa aumentará la grandeza de la nación.
     Entonces, EL TAJO, producirá un guerrero valiente, COMO EL CID y religioso COMO EL TERCER FERNANDO, que enarbolando el estandarte de la fé, reunirá en torno de sí, inumerables huestes, y con ellas saldrá al encuentro DEL FORMIDABLE GIGANTE, que con sus feroces soldados, se adelantará a la conquista de la Península.
     LOS PIRINEOS SERAN TESTIGOS DEL COMBATE MAS CRUEL QUE HABRAN VISTO LOS SIGLOS. La tierra temblará, bajo el peso de los bélicos aparatos. TRES DIAS DURARA LA BATALLA. En vano el temible gigante, querrá animar a los suyos y restablecer el combate, porque el dedo del Señor señaló ya ,el fin de su reinado, y sucumbirá a los filos DE LA ESPADA DEL NUEVO CID.
     Entonces, el ejército victorioso, protegido por el Supremo Hacedor, ATRAVESARA PROVINCIAS Y MARES Y LLEVARA EL ESTANDARTE DE LA CRUZ HASTA LAS ORILLAS DEL NEVA.
     Triunfará en todas partes la Religión Católica y hará la felicidad del género humano".
     He aquí la grandeza de LA ESTIRPE DE ESPAÑA, bajo la mano de Dios y del príncipe victorioso.
     Si su imperio ha de ser como el de Manasés y ha de llegar hasta Leningrado, en el corazón de la Rusia Soviética, este, es EL GRAN MONARCA, que será la admiración de todo el mundo. Por eso entendemos que "La furia española" puesta bajo la moción del Espíritu Santo, lo deja todo, mujer y negocios y arremetan hasta Rusia y partan de nuevo en Cruzada espiritual hasta Jerusalén.
     Tenía que ser así; La Espada del Cid, la Tizona más grande de nuestra historia, se forjó, tal vez en el Tajo donde se forjaron las mejores espadas y en donde se bautizaron los mejores capitanes. Y la Tizona que un día se consagró con sangre de moros, volverá de nuevo en las manos del Gran Monarca a mojarse en la sangre de los turcos y de los Otomanos. Y Fernando el Santo, bautizado con las aguas victoriosas en las conchas de la Media Luna, volverá otra vez, en el espíritu de nuestro Rey, a perdonar y a cantar Maitines a la Señora, bajo las torres del Oro, y las Giraldas cismáticas y mahometanas. Tenía que ser así. El pueblo Español había ensayado durante ocho siglos, como ninguno, el gesto contra la Media Luna. Teníamos muchos mártires caídos, como semillas de triunfo, en la reconquista no sólo geográfica sino también espiritual de España. Y esos mártires tenían que florecer, en la victoria imperial de la conquista de la Hora de Dios.
     Tenía que ser así, porque el pueblo que fué víctima de Rusia durante una revolución dirigida desde las logias y desde las cancillerías cismáticas del Kremlin, cayó en los altares con un grito de desafío teológico:
     Cristo vivirá por encima de los fusiles y de las almas negras de los pueblos mercenarios.
     Esas gavillas de vírgenes y de Sacerdotes caídos, en el imponente altar de las ciudades Españolas, tenían que clamar por la hora de Dios. Cayeron los mejores del cielo, en las tierras de España. Y cuando mueren los mejores, hay que esperar en el tiempo, la aurora de la redención. Porque lo hemos aprendido en la cátedra de Jesús, En la Cruz, cuando mueren los mejores, atraen hacia sí, lo mejor de las almas y de los pueblos. Antes, por la gravitación de catolicidad que alentaba en cada español, se conquistaron muchas almas para incorporarse a la salvación universal de todos los pueblos. Ahora, bajo la mano dirigida de Dios podrán decir esos cachorros del Espíritu Santo:
     "Ser españoles, es una de las pocas cosas serias, que se pueden ser en el mundo".
     Que lleguen ahora los clarines proféticos del gran vidente, de España y América. Paso al poeta de la Hispánica Raza. Rubén Darío desde tus cenizas amortajadas en el mármol nicaragüense clama otra vez tu verso sonoro, que es tu verso profético. Porque Dios te dejó una semilla de canto inmortal en tu "Salutación del Optimista".
     Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, Espíritus fraternos, luminosas almas,¡Salve! Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.
     Lenguas de Gloria. . Un vasto rumor llena los ámbitos mágicas.
Ondas de vida, van renaciendo de pronto;
     Retrocede de el olvido, retrocede de engañada la muerte, SE ANUNCIA UN REINO NUEVO, Féliz Sibila sueña, Y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron Encontramos de súbito, talismánica, pura, riente, Cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino..., La divina reina de la Luz, la celeste esperanza. Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo. La inminencia de algo fatal hoy conmueve la tierra; Fuertes colosos caen; se desbandan bicéfalas águilas Y ALGO SE INICIA COMO VASTO SOCIAL CATACLISMO SOBRE LA FAZ DEL ORBE ¿ quién dirá que las sabias dormidas No despierten entonces, en el tronco del roble gigante Bajo el cual, se exprimió la ubre de la loba romana? ¿Quién será el pusilánime, que al vigor español niegue músculos, Y que el alma española júzgase artera y ciega y tullida? Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente Que regara lenguas de fuego EN ESA EPIFANIA Así, las manos heroicas de los primitivos abuelos, De los egregios padres que abatieron el surco prístino Sientan los agrarios de primaverales retornos Y el amor de espigas, que inició la labor triptolémica. Un continente y otro renovando las viejas prosapias, En espíritus unidos, en espíritu y ansias y lengua Ven llegado el momento, en que habrán de cantar nuevos himnos La latina estirpe verá LA GRAN ALBA FUTURA, En un trueno de música gloriosa, millones de labios Saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, Oriente augusto, donde todo lo cambia y renueva LA ETERNIDAD DE DIOS, LA ACTIVIDAD INFINITA. Y Así sea Esperanza, la visión permanente en nosotros ¡INCLITAS RAZAS UBERRIMAS, SANGRE DE HISPANIA FECUNDA!"


     El Padre Palau, Carmelita fundador del Instituto de Carmelitas de la caridad, murió en Santidad el año 1872. Él profetizó a un Rey español tradicionalista:
     "Vendrá la guerra europea y mundial; vendrá en España, la República; correrá la sangre y empuñará finalmente el cetro, uno que dirá: "DIOS, PATRIA Y REY".
     Por lo tanto, el Gran Monarca de la casa Real Francesa, será un Rey tradicionalista español.
     Los monárquicos españoles, tienen dos candidaturas futuras para el trono de España: El Príncipe Juan Carlos, hijo de Don Juan de Borbón y nieto de Alfonso XIII. Y Don Javier de Borbón y Parma, príncipe oscuro en el exilio de París, que viene por la rama de Don Carlos, hermano de Fernando VII. El rey de los "carlistas".
     Hay pues, un Carlos en perspectiva con toda una epifanía de promesas: "el Carlismo". Y en la profecía parece que un Carlos será el Gran Monarca, español y romano.


*** Si alguien echa de menos las célebres profecías sobre España de la Madre Rafols, les recordaré la cuestión. La Madre Rafols fué una monja eminente catalana. Murió muy santamente. Predijo sucesos e iluminó ciertas conciencias. Pero sus profecías escritas, son falsas. Están reconstruidas e inventadas por dos religiosos.


Ricardo Rasines Uriarte
1960... Y EL FIN DEL MUNDO
1959

Un ideal a tu alcance


MEDIOS PARA FORTALECER EL CARÁCTER

AGENTES INTERNOS

Llénate de un ideal

«Ve al lago de las ideas sublimes, y llena allí la capacidad de tu cántaro» (Tagore).

Para tener entusiasmo por una idea, es menester estar poseído de ella. Se ha dicho: «No se puede ir a ninguna parte, si no se tiene el diablo en el cuerpo.»
Si queremos hacer algo grande (y siempre hay que hacer algo en la vida), tenemos que buscar grandes ideales.
El mundo de los grandes hombres ha sentido un ideal: héroes y santos por él fueron cuanto llegaron a ser.
Los que se llaman positivos, quienes lo despreciaron, también tuvieron su ideal: gozo, dinero, vanagloria, diversiones. Un ideal cenagoso que animó su actividad.
Otros se contentaron con volar a media altura, y no pasaron de la mediocridad.
El ideal de la vida no puede ser pasarlo bien. Todo lo de aquí no tiene sino un valor relativo. Son cosas que van y vienen.
«Los estados y riquezas,
que nos dejan a deshora,
¿quién lo duda?
—No les pidamos firmeza.»
(J. Manrique)

El ideal es una fuerza represada en tu persona, que como la energía atómica se puede poner al servicio del bien y del mal.
Estamos dirigidos a un orden eterno, y a este fin tiene que ser dirigida nuestra vida. Este ideal es imprescindible, y tiene que dar vida a todos los ideales secundarios. Nadie se mueve si no es por un ideal.

Lo cristiano base del ideal
El primer elemento que ha de formar tu ideal, es llegar a ser un cristiano perfecto. Desarrollar en ti las más altas cualidades de las que es capaz la naturaleza humana.
El verdadero ideal es el que Cristo trajo a la tierra: fidelidad personal hacia Dios, y todas las grandes consecuencias que se desprenden de la doctrina de Cristo: sociabilidad, veracidad, sentimiento del verdadero honor, dominio de sí mismo, tolerancia de las flaquezas y aspiraciones ajenas, todo aquello que contribuye a modelar en nosotros la imagen del Hijo de Dios.
El hombre de mundo es un ser fatalista; se somete al dolor como inevitable, a la pérdida como irreparable, a la muerte como a un destino fatal. El ideal ha de tener por lo menos un sentido altruista, no puede florecer en la oscuridad lejos de la luz evangélica.
El cristiano es providencialista, se somete al dolor porque tiene un valor redentivo ante Dios; en los reveses de la fortuna, ve a la Providencia divina, con fines más altos y ocultos a su mirada. La muerte, aunque dolorosa, es la puerta a una vida pletórica de luz. En el alma encendida por el ideal cristiano todo se baña de claridad, y toma el debido relieve.
Lo sobrenatural no destruye a lo natural, sino que lo complementa y sublima. Jesús no vino a destruir la naturaleza, sino a colmarla. Su moral refuerza los principios naturales, dándoles un sentido más profundo.
Cuando hay pugna de criterios naturales y sobrenaturales, o no nos entendemos a nosotros mismos, o anidan en nuestra mente ideas corrompidas. Las virtudes naturales, pueden pasar al rango de sobrenaturales, por razón de la intención que las motiva e ilumina. No hay posible contradicción.
Tu naturaleza puede aspirar a ideales, que aunque se levanten sobre tus fuerzas por ser sobrenaturales, son asequibles porque tu naturaleza ha sido elevada hasta esas alturas.

El ideal es tu medida
Somos tales, cuales son las cosas que amamos.
La grandeza de nuestro ideal nos da la medida de nuestra alma. Cuanto más noble sea el ideal, tanto más lo será la vida que en él se emplea.
Cuando nuestro ideal está en la altura, no tenemos otra salida que elevarnos. Por él la vida se hace bella y feliz. El vuelo es más amplio y sin estorbos. Cuando el ideal se encuentra a ras del suelo, todo son tropiezos y limitación de horizontes.
Si el ideal es cristiano, al lucir como el sol en la altura, todo lo abrillanta. Si la lumbre del ideal está junto a la tierra, la incendia.
La diferencia entre el hombre vulgar y el héroe está en el ideal que lleva en el corazón.
Pensemos en grande y nuestra alma se ira tras los grandes pensamientos. Un gran ideal nos libera de muchos peligros.
La conducta del que sólo se busca a sí mismo, es como el proceder del avestruz: ante el peligro quiere salvar su propia cabeza, ocultándola en la arena, y es cazada. «El que ama su vida la perderá.»
El ideal es nuestra medida, porque llega a convertirse en nuestra substancia; él es quien nos corona de gloria, o nos hunde en el cieno.
Mi ideal es mi «yo».
Un ideal inferior a mí es indigno de mí. Si soy «portador de valores eternos» mi ideal ha de ser eterno.
Un ideal terreno en mi mente, es algo así como mezclar un vino de marca con agua turbia.
Es denigrante esclavizarse a algo inferior. Es estar amarrado del cuello y al suelo con una cadena más corta que mi estatura. Siempre encorvado mirando a tierra. Si alguna vez quieres mirar a las estrellas, te has de contorsionar.

Cada uno en su lugar
Los ideales exagerados son nocivos. Lo recto es que lo que poseas, sea perfecto. La rana de la fábula quiso ser buey y reventó. El ideal hubiera sido ser rana perfecta.
«El pájaro cree que es bueno para el pez, darle un paseíto por el aire.» Hemos de coger un ideal capaz de vivir en nuestro ambiente.
Los ideales exorbitados nacen del egoísmo. Y todo ideal que tenga a sí mismo por centro, se deshace como un castillo de naipes.
Son ideales imposibles, y el que combate sin esperanza de victoria, no puede ser optimista, ni luchar con todas sus reservas. Entonces como en los ejércitos surge la desmoralización y la rebelión.
Piensas con inquietud en tu pedestal, en peligro de ser corneado por circustancias más fuertes que tú, y de tanto mirarte a ti mismo, se han cerrado otros panoramas adaptables a tu capacidad.
No te forjes ilusiones fuera de órbita. Las obras de arte no se tallan sobre abstracciones, sino sobre piedras tangibles, y el ideal sobre realidades, no sobre vaporosidades que suben a la cabeza impulsadas por la excitación.
Cuando la aptitud no responde a la realidad, surge un conflicto de minusvalía, y se huye del ideal ante la imposibilidad de conseguirlo. En su lugar nace el tipo de hombre caído y derrotado, hasta un límite casi morboso.
«Apresé el agua para que fuese sólo para mí, y se me secó la fuente» (Tagore).
Sólo a unos pocos les ha sido concedido realizar grandes hechos; de lo contrario, no cabríamos en el mundo tantos «grandes».
A ti te toca explotar lo tuyo hasta el máximo.
Hay que florecer donde Dios nos ha plantado, como el árbol produce sus frutos en la tierra que el hombre lo sembró y cultivó.
En el cielo las órbitas de los astros son distintas en tamaño, forma y velocidad, y cada uno recorre la suya. Por eso existe en el Armamento un orden ideal. Si se alterase vendría el caos. Los choques pondrían fin a su existencia. El cielo se vería surcado en todas direcciones por pedazos de astros, que serían más pequeños cada vez por los continuos choques entre sí, hasta convertirse en una inmensa tolvanera de arena.
Dios nos ha señalado a cada uno nuestra órbita, y las piedras que señalan ese camino son nuestras posibilidades.
Sólo tienes que llenar tu medida.
Aunque la variedad tenga su hermosura, nosotros no podemos contribuir a ella, sino siendo detalles perfectos del conjunto. Tocando perfectamente instrumentos distintos, producimos una perfecta armonía.
La rosa blanca no puede imitar a la roja, ni la roja a la blanca, ni a la amarilla, y sin embargo todas llenan una perfección, cuando cada mañana se abren al sol con toda la fuerza de su color. Como una rosa para ser perfecta no necesita tener muchos colores, así el hombre no necesita ser eminente en todo para ser perfecto.

Trabaja con tus medios
El ideal y la aptitud deben ir a la par. Cultiva aquello que Dios puso a tu alcance. «Ama la yerba de tu camino, y tus sueños se abrirán en flores.»
Para Dios la plenitud de la realización de un ideal, radica en la plenitud de los esfuerzos personales, y no en el resultado material. El resultado de un esfuerzo pleno, siempre sobrepasa a la vulgaridad.
El mérito, según Dios, radica no en la magnitud de lo realizado, sino en el interés por realizarlo. El interés es el efecto del amor, y el amor es virtud.
Estas ideas no te justificarían si tomases una actitud cobarde y cómoda, escudándote en el «no valgo para más».
Lo que Dios exige de ti es que pongas toda la carne en el asador, y realizado esto, queda tranquilo con el resultado.
Muchos de los problemas de tu vida te los planteas tú, por la divergencia entre lo que quieres y lo que puedes.
No está la perfección, según la doctrina del Evangelio, en comenzar a edificar y no acabar. Cuenta antes tu caudal y según esto hecha tus planes. Porque es mejor habitar una casita perfecta y terminada hasta el último detalle, que un palacio jaspeado, sin techar, y sin los servicios más precisos. Es lo que Cristo condena en la parábola: «comenzó a edificar y no pudo terminar».
Las abejas con una larva común, pero con alimento adecuado, sacan su reina. Así un ideal, alimentado con ideas adecuadas a tus posibilidades, puede producir un hombre extraordinario.

Sed adaptable
Al forjar tu ideal, no desprecies nunca lo que otros construyeron, ni destruyas lo que levantaron tantas inteligencias, por el prurito de aparecer vanguardista. Eso sería más soberbia o vanidad, que sentido práctico de tirar del carro del bien.
Ni seas como el niño, que quiere desempeñar el de personaje de mayor y para conseguirlo, lo reduce todo a fumar y desempeñar un pobre papel.
No te eleves como un globito a presiones atmosféricas que no puedes resistir; estallarás. Es mejor flotar en tu propio ambiente. Fuera de él vivirás en un estado de excitación, ¿y por qué negarlo?; se puede apoderar de ti una fobia o tedio hacia todo aquello que represente una idea elevada, y creas como la zorra de la fábula, que lo que no puedes alcanzar no está maduro para ti, ni para los demás.
El anillo por más precioso que sea para poderlo llevar, es necesario que te venga a la medida. El anillo ancho fácilmente se extravía. Como el ideal que no se siente, no va unido a nuestra carne.
Has de dar la nota que corresponde a tu metal, a tu calibre, a tu tensión. «Quise llegar a un son que no alcanzaba mi arpa, y la cuerda se me saltó» (Tagore).
Cuando haya acoplamiento entre tu ideal y lo que puedes descansará tu ambición, como descansa el oído en el acoplamiento de dos notas.
Busca instrumentos y ambiente proporcionados para tu ideal.
Recuerda la fábula de la zorra y la cigüeña. Ambos han de comer: la cigüeña con su largo pico no lo conseguirá en un plato llano, ni la zorra podrá meter su hocico en una botella de cuello largo.
Plégate a la realidad: Pretender la recta en la consecución de un ideal puede argüir pereza intelectual o inconstancia, ya que la recta es la distancia más corta entre dos puntos, y esto puede suponer menos esfuerzos.
Los ejércitos ganan la victoria no sólo por el heroísmo, o eficacia de sus armas, sino por su estrategia.
Pensar ser héroe en una guerra que no llegará, es un pensamiento parásito que chupa la savia del corazón. Es algo así como esperar un tren en una estación por donde no ha de pasar, sólo porque es posible que pase.

La razón de nuestra vida
El ideal pone en nosotros un entusiasmo que nos actúa.
Sin la gestación de una idea en la cabeza, nunca se podrá llevar a cabo una obra grande.
Toda idea que se la fomente con amor, llegará a tomar cuerpo, y será realidad en nuestras acciones.
Estás en el mundo para realizar algo de transcendencia, y para ello has de determinarte en una dirección.
Consume tu vivir para iluminar una idea noble: La razón que tienen los suicidas para poner fin a la vida, es porque les falta «algo para qué vivir». ¿No eres tú prácticamente uno de ellos, al privar a tu vida de ese algo por el que luchar?
Por una idea elevada hubo santos, artistas, inventores e ídolos populares de hombres sencillos y sin apariencia.
El ideal que llevaron dentro con amor, templó su voluntad para arrollar las olas de trabajo y de contrariedades. Supieron vivir para algo sin ayuda del aplauso.
El elixir para conservar el alma eternamente joven, es una bella idea fuertemente aferrada. Con los años se arruga la piel, y con los fracasos el alma sin ideal.
El hombre poseído de un ideal, no encuentra diferencia entre su vejez y su juventud, cuando se trata de servir a esta idea. En ambas épocas les entrega todo su ser. Sólo se distinguen en cierta manera de ver las cosas: en la juventud se ve el episodio aislado, en la edad madura se contempla el panorama a vista de pájaro, y es más precavido.

El ideal brújula de la vida
El hombre evoluciona y nuevas aptitudes aparecen, mientras desaparecen otras. Es la evolución y maduración del ser humano, pero siempre al servicio de un ideal. Es como la floración incontenible de la naturaleza en la primavera, que madura en verano, buscando en el otoño los resultados positivos.
Dice Goethe: «El hombre que sepa a punto fijo lo que quiere, progrese ininterrumpidamente, tenga conocimiento de los medios para sus fines, y sepa servirse y usar de ellos.»
El ideal es como una saeta que llega a todas partes, salvando todos los abismos, es el martillo que todo lo clava.
Las acciones de tu vida no pueden existir sin motivación, incluso aquellas que realizamos inconscientemente, han recibido su envite del ideal.
Si piensas bien obrarás bien y con facilidad.
El cerebro es una selva intrincada. Nuestros ideales son obreros que trazan caminos en la espesura, cada dia más expeditos y amplios.
Cuando un ideal ha pasado por ellos, fácilmente pasa a la acción sabiendo dónde y a qué va.
No apagues la mecha que enciende grandes fuegos. Tu alma tiene combustible, pero necesita contacto con el ideal para inflamarse. Con él, de un alma anodina te harás transcendente.
No serás entonces el joven que va dando tumbos entre la multitud: la flecha habrá encontrado su blanco.
¡Lástima ver almas de veinte años flacas y aburridas! Han gustado de todo, menos de placer inefable de luchar por algo grande.
Sin brújula, apenas salidos del puerto, les aterra la travesía. No tienen motivo para vivir. Por eso su alma queda paralizada como el motor por donde no pasa la corriente.
Todos cuantos han llegado a la cumbre de una fama merecida, tuvieron un ideal que prendió en ellos durante los acontecimientos que impresionaron su alma joven.
El ideal es la antorcha que alumbra los ojos de la voluntad ciega.
Es la raíz de tu forma de ser, porque la vida es gobernada por principios que caldean el corazón.
No es mera admiración o simple deseo que pasa como ilusión de espejismo.
Su influjo es tal, que no se puede hacer nada en esta vida sin una idea clavada en los sesos. El ideal acaba por imponerse. Es la razón de mantenernos siempre cabalgando, como un guerrero en su caballo de lucha.

Hace leve el trabajo
El ideal hace ligera la pesadez de la lucha, como si en el alma se verificase algo parecido al principio de Arquímedes: el trabajo pesa menos cuando flota sobre un ideal. El ambiente de entusiasmo que nos rodea, empuja hacia arriba el peso de las dificultades en proporción a la densidad o vitalidad del ideal. Este es el sentido de la frase de San Agustín: «Donde se ama no se siente el peso del trabajo, y si se siente se ama ese trabajo.»
Si no sucede esto en ti, es porque no te llena el ideal, porque no es apto para ti. Sólo te fascinó de momento, llenándote de veleidad.
Al ideal no se le refuta, de morir muere de frío, porque no se le ha calentado en el corazón.
A Tolstoi la vida le parecía «una farsa insípida», porque veía que al «fin todo era inútil». «Nada quedará de mí, más que descomposición y gusanos.» «No se puede vivir sino estando ebrio de la vida, pero pasada la embriaguez, se ve que todo es puro engaño, engaño absurdo.»
Todo esto lo piensa una inteligencia privilegiada, cuando se pierde el «para qué» de una existencia, cuando se carece de un ideal que infunda vida a la vida. Porque entonces no ya la muerte, sino la misma vida es una descomposición. Es como él mismo dice: «andar en el vacío».
Cuando Tolstoi reacciona, piensa en Dios, y se levantan en él «alegres ondas de vida» y todo a su alrededor cobra sentido. Cuando vuelve a olvidarse de Dios, la vida se detiene con la brusquedad con que un torrente de agua limpia y bulliciosa se precipita en una oscura sima sin fondo.
Y llega a una conclusión: conocer a Dios y servirle es todo uno. Dios es la vida; entonces encuentra en ella un sentido, y una finalidad para luchar contra el mal de este mundo.
Así pensaba cuando su exaltado espíritu no fluctuaba en la inquietud.

Ser realista en escoger
Si el ideal influye tan marcadamente en la formación de la personalidad, y en las actividades de la vida, es necesario elegir con tino.
Como intelectualmente no estás desarrollado, es fácil que te equivoques en la elección de tu ideal. No tienes experiencia en tu mirar, para encontrar las cosas en su relieve.
Al contemplar un panorama marino a la luz esplendorosa del mediodía, todo aparece como es: en sus colores dimensiones y obstáculos. Cuando se mira a contraluz del sol, un resplandor fulgurante bailotea sobre el agua, y la superficie del mar se llena de irisaciones y movimiento, y entonces las cosas no aparecen ni en su sér ni en sus distancias. Si las boyas que indican el peligro no llaman tu atención, encallará tu nave.
Hay que mirar las cosas a la luz del día. El sol del amanecer está muy raso, ofusca la vista, y no se ve el relieve del paisaje. Es mejor dejarlo subir.
La juventud como el sol del amanecer, tiene un vigor que encandila y engaña. Si la joven tripulación del barco no cree en la realidad de los peligros y acorta distancias, la nave se estrellará en los escollos ocultos. ¿No será más prudente seguir entre las curvas, las señales que llevan a la embocadura del puerto?
El ideal no puede ser una alucinación del amanecer, un objeto aparente, sino palpable, y bañado con la luz del cénit.
Ni puede ser, y con frecuencia lo es, el fruto del ambiente que vives, porque es posible que éste no sea sano. El ideal ha de nacer y alimentarse de una conciencia recta.

El ideal te hace cada día más útil
Con frecuencia el ejercicio y la práctica dan la capacidad. Esta capacidad se va aumentando cada día, como ante el Cid, «se va ensanchando Castilla al paso de su caballo».
Un ideal caliente será quien dé vitalidad a esas tus disposiciones reales, pero muchas veces escondidas en los repliegues más profundos de tu alma. El va ensanchando el ideal al paso de la vida, rectificando direcciones a medida que van apareciendo nuevas sendas en la llanura.
Podrás cambiar accidentalmente los caminos, pero éstos han de conducir siempre al castillo del ideal.
No te propongas un ideal sin conocer los caminos que te lleven a él. El principio de ese camino hoy en día, es ser fiel servidor de tus tareas.
Este proceder de hacer siempre lo justo, te llevará a la ocasión de hacerte héroe.
El ideal se ha de llenar haciendo extraordinariamente bien lo vulgar. Este ejercicio te hará ambicionar cada vez cosas mayores, para hacerlas perfectas; y en esta carrera, conseguido un objetivo no se dirá basta.
Tu ideal concreto ha de ser superarse continuamente a sí mismo.
Dios te ha puesto un stop en el género de cosas que has de hacer, no en el modo de hacerlas.
Las abejas del primer día de la Creación hicieron sus panales como las de nuestros días. Como la humanidad en su larga existencia no sigue el mismo proceder, tampoco lo puede seguir el hombre sobre la tierra. Tienes tú obligación de poner tu granito de arena, en el progreso hacia un mundo mejor.

Ama tu ideal
Cuando se ama un ideal se deben querer los medios para alcanzarlo. Porque nada se logra sin rudo trabajo.
«La vida es el continuo rodar de un pedruzco, que siempre debe alzarse de nuevo.»
Tu ideal debe ser alto y digno, capaz de recibir el beneplácito de Dios, y empeñarse por él.
«Empeñarse» quiere decir entregarse a sí mismo en prenda a cambio de conseguir con todos los riesgos el fin del ideal. Como se empeñaron las carabelas que descubrieron América, y las que dieron la vuelta al mundo por primera vez.
Una lucha tenaz por el ideal, aun sin los medios adecuados de salud, formación, incluso de talento, dan el éxito por resultado.
En la consecución del ideal, es necesario llegar al límite de las reservas humanas.
«La mayor fuerza del mundo reside en el trabajo», pero sólo el ideal nos pone en movimiento.
Cuando una idea baja al corazón su fuerza se triplica, y deja de ser pura idea, para tomar carne en nuestras acciones. Como la bola de nieve que bajando de la cumbre, al final de su carrera llega a ser imponente en su tamaño. Su fuerza es un alud arrollador.
El vigor de la voluntad en gran parte es el resultado de estos dos factores: ideas claras y sentimientos nobles. Es decir, ideas sentidas.
Si alguno de estos factores falta, la acción flaquea. No existe sentimientos sin ideas, pero tampoco éstas pasan a tomar cuerpo en una acción concreta si no son sentidas.
La idea es la meta que atrae; el sentimiento, la fuerza que lanza.
Lo difícil está en apasionarse por una idea, hasta que se levante la energía del sentimiento.
«No rechaces al héroe que hay en tu alma.»
Cuantos se quejan de que quieren ser mejores y no lo son, es porque les falta el ideal que excite sus energías y las unifique.

Nuestra estrella
Este apasionamiento por el ideal es necesario, porque la lucha es violenta. Para cruzar la llanura seca, aplastante y caliza, se necesita la estrella de los Magos.
De la belleza de esta estrella, dependerá la fuerza y la belleza del sentimiento.
«El que fija su camino en una estrella, no cambia nunca», dice Leonardo de Vinci.
Mi ideal aglutina todas mis acciones. En un vaso puede haber muchos cuerpos en disolución, si en este recipiente en calma, introduces un cristalito de sal gema, toda la sal disuelta en el agua se adhiere a él, conservando su sistema de cristalización, mientras los cuerpos restantes quedan disociados.
Así, si en nuestra alma introducimos un ideal noble, todas las nobles ideas que habitan en ella, se coaligarán para vigorizar al ideal, mientras las demás ideas, quedarán flotando y sin cohesión.
Nuestro ideal cristalizado en estrella absorberá todas nuestras actividades en su servicio. La estrella de los Magos fue Cristo. Por imitarle la Virgen superó a los ángeles.
Los mojones de este camino nos lo señalan los santos y los héroes, hombres llenos de los mismos sentimientos y debilidades que nosotros, que forjaron su voluntad empujando su timidez, o doblegando su fogosidad, para acomodarse a la norma práctica de la vida de Jesús.
Su imitación no consiste en realizar las acciones que El realizó, sino en realizar las acciones que tenemos que hacer como las hubiera realizado Cristo.
Una profesión cualquiera: obrero, comerciante, militar, no puede ir separada del calificativo de cristiano. Cristo fue Cristo en el taller de Nazaret, y en el Cenáculo, con las herramientas o con el pan convertido en su propio cuerpo entre sus manos, golpeando un madero o haciendo milagros, clavando un clavo o dejándoselo clavar en sus pulsos. En lo trivial o en lo sublime, Cristo fue el mismo.
Mi ideal cristiano debe hacer cristalizar en cristiano todas mis obras.
El cristiano es imitador de Cristo. ¿Y si en tus años blandos no, para cuándo piensas moldear la imagen de Cristo, en tu materia fácil aún de moldear?
Si ahora que están tus sueños en el cénit, no sientes el atractivo de la figura del Hijo de Dios, de una idea noble que mueva tu máquina, ¿cuándo lo vas a sentir?
Luego con los desengaños, viene la regresión en el curso del ideal. La imagen de Cristo ha de estar ya cristalizada y fundida con tu alma, para que no sedesvanezca. Cuando el ardor de tu juventud se apague, se eclipsará tu estrella en el ocaso, sin haber brillado con luz intensa.
Cuantos brillaron, comenzaron a emitir su fulgor en la juventud, entonces encendieron la estrella del ideal, y esta llama que prendía su entusiasmo, corrió a través de los años, flameando viva hasta la meta de su muerte.
«¿Qué importa, dice Tagore, que comience mi caballo a blanquear? Tan joven soy y tan viejo, como el más joven, y el más viejo de la aldea.»
Los planes de la vida, los ha de soñar en la adolescencia y juventud, cuando comienzas a descubrirte a ti mismo.
El mundo no ha contaminado aún tus pensamientos, y la fantasía se lanza al horizonte que acaba de descubrir.
Es la edad que suele aprovechar Jesús para prender fuego y llamar.
«Una vida grande, es un gran sueño de juventud, realizado en la edad madura.»