jueves, 31 de marzo de 2011

De la necesidad del bautismo.

Jesucristo instituyó este sacramento como medio de salvación absolutamente necesario cuando dijo: «Si alguno no fuese regenerado por el agua y por el Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan, III, 5). «Predicad el Evangelio á toda criatura, el que creyere y se bautizare se salvará ; el que no creyere, se condenará» (Marcos, XVI, 16). San Pedro ha repetido esta misma verdad diciendo que el bautismo nos salva, (I Pedro III, 21); y San Pablo nos enseña que Dios nos ha salvado por el baño de regeneración, y la renovación del Espiritu Santo, (Tito III,5). No ignoramos los subterfugios con que los calvinistas y los socinianos han torcido el sentido de estos lugares y de otros muchos que establecen el dogma; pero la Iglesia condenando sus errores ha lanzado el mismo anatema a las falsas interpretaciones que dieron a la Sagrada Escritura. El concilio de Trento, después de haber decidido que Adán ha transmitido a todo el género humano no solo la necesidad de sufrir y de morir, sino también el pecado que es la muerte del alma, enseña que no puede borrarse sino por los méritos de Jesucristo que se nos aplican por el bautismo, ses. 5, can. 2 y 3; que desde la promulgación del Evangelio no puede pasar el hombre del estado de pecado al de gracia sin el bautismo, ó sin el deseo de recibirlo, ses. 6, can. 4; y consiguientemente anatematiza a cualquiera que sostenga que este sacramento no es necesario para la salvación, ses. 7, can. 5.
Esta doctrina ya se sostuvo en el siglo V contra los pelagianos. Pretendía Pelagio que el pecado de Adán no habia dañado sino a él solo, y no a sus descendientes: que el Bautismo se daba a los niños, no para borrar en ellos ningún pecado, sino para que recibiesen la gracia de adopción, que, aunque muriesen sin haberle recibido, alcanzaban la vida eterna por el mérito de su inocencia. San Agustin combatió con todas sus fuerzas estos errores; fueron condenados por muchos pontífices y concilios del África, y esta sentencia se confirmó en el concilio general de Efeso en el año 431.
Calvino no fue menos temerario que Pelagio cuando enseñó que los hijos de los fieles se hallan santificados desde el vientre de su madre; la creencia general de los calvinistas es, que los hijos de los infieles que mueren sin Bautismo se condenan; pero que no sucede lo mismo a los de los cristianos, porque tienen parte en la alianza que Dios hizo con los hombres por medio de Jesucristo. En este supuesto, no vemos porqué es todavía necesario bautizar a los hijos de los fieles.
Es preciso observar que el concilio de Trento declara que el hombre no puede pasar del estado de pecado al estado de gracia sin el bautismo ó sin el deseo de recibirlo.
En efecto, siempre se ha creído en la Iglesia, que la fe unida al deseo de recibir el bautismo puede suplir a este sacramento cuando hay imposibilidad de recibirlo; nunca se ha dudado de la salvación de los catecúmenos que han muerto sin haber podido alcanzar esta gracia. Se ha pensado también que el martirio de los que morían por Jesucristo producía el mismo efecto, y en esta creencia la Iglesia da culto a los santos inocentes.
Respetables obispos del tercer siglo han pensado también que los fieles, que habian recibido un bautismo entre los herejes, pero que habian vuelto de buena fe a la Iglesia, y que habían participado de los santos misterios, no tenían necesidad absoluta de reiterarles el bautismo. Este era el parecer de San Dionisio de Alejandría, de San Cipriano, Epist. 73, ad Jubaian. V. Eusebío. Hist. eccles. I. 7, c. 9, y la nota de Lowlh. 13'mgham, Orig. eccles. I. 10, c. 2, 23. Por último, los Padres, a excepción de San Agustin, todos han sido de parecer que San Juan Bautista ha sido santificado por Jesucristo en el vientre de su madre, por esto celebra la Iglesia su natividad.
En consecuencia, los teólogos distinguen tres especies de bautismo, a saber: el de deseo, baptismus flaminis, el de sangre ó el de martirio, baptismus sanguinis, y el bautismo de agua, baptismus fluminis.
El pasaje de San Pablo de que abusan Calvino y sus sectarios, no prueba lo que que ellos quieren. El Apóstol dice, I Cor. VII, 14: «que un marido pagano es santificado por una mujer cristiana, y que una esposa pagana es santificada por un marido cristiano; de otro modo, añade, vuestros hijos serian impuros; así son santos.»
Esto no prueba que estos niños nazcan exentos del pecado, sino que generalmente un padre ó una madre que profesa el cristianismo, procura bautizar a sus hijos, ó que hay motivo para esperar que los educarán en esta religión.
Extracto del Diccionario de Teologia,
por el Abate Bergier (Tomo I, año 1854)

PABLO VI, JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI: NACIDOS DE VIENTRE JUDIO. TODO CUADRA


por Radio Cristiandad

CULTO PÚBLICO EN EL MURO DE LOS LAMENTOS.

CASTIGO A LOS CATÓLICOS QUE MINIMICEN EL “HOLOCAUSTO”.

RETIRO DEL BESO A LA CRUZ EN LA ADORACIÓN DEL VIERNES SANTO.

EXONERACIÓN DE LA CULPABILIDAD COLECTIVA DE LOS JUDÍOS EN EL DEICIDIO.

VISITA A LAS SINAGOGAS.

NEGACIÓN DE LA EXISTENCIA DEL LIMBO, CONSECUENCIAS: SANTIDAD INTRÍNSECA DE LA DIGNIDAD HUMANA. OBSCURECIMIENTO DEL DOGMA DEL PECADO ORIGINAL. YA NO ES NECESARIA LA IGLESIA COMO MEDIO PARA LA SALVACIÓN. NEGACIÓN DE LA NECESIDAD DEL BAUTISMO EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS.

IMPÍAS REUNIONES ECUMÉNICAS.

TÍTULO DE “HERMANOS MAYORES” A LOS JUDÍOS, CON VARIAS CITAS A DIOS COMO “PADRE” DE JUDÍOS Y CRISTIANOS

ELIMINACIÓN DE LA SANTA MISA DEL USO ORDINARIO.(MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM)

DESTRUCCIÓN DE LA RESISTENCIA CATÓLICA TRADICIONAL.(CON LA COMPLICIDAD DE MONS. FELLAY Y CÍA.)

MANTENIMIENTO EN PUESTOS CLAVE DE LA CURIA DE JUDAIZANTES Y MASONES.

EXALTACIÓN DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL. (ENCÍCLICA CARITAS IN VERITATE)

ADOCTRINAMIENTO CON TÉRMINOS E IDEALES MASÓNICOS A JÓVENES.

IDEARIO DE EXALTACIÓN DE LA IDEOLOGÍA MASÓNICA CON LA LAICIDAD COMO UN BIEN, LA DEMOCRACIA, LAS LIBERTADES Y LOS DERECHOS HUMANOS.

Y LA LISTA SE AGRANDA DIA A DIA.

TODO EFECTO TIENE UNA CAUSA.

DIOS NOS AMPARE.

Las profecías atribuidas a San Malaquías indican que Benedicto XVI es el penúltimo papa de la Iglesia católica. Su lema es De gloria olivae. Siempre se lo asoció con que tendría algo que ver con el pueblo judío. Varias veces leí que indicaría que, durante su pontificado, se daría la conversión de los judíos.
Sin embargo, otra posibilidad sería también interesante: que él mismo fuese judío.
Pues bien, a esa conclusión ha llegado Aaron ben Gilad, un católico de origen judío y fundador de una obra que promueve la adoración perpetua.
Basado en el artículo de The Wanderer y la investigación de Fides et Ratio

Pope Benedict XVI’s Jewish Ancestry

Pope John Paul II’s mother was of Litvak Jewish ancestry and Pope Benedict XVI’s grandmother Maria Tauber-Peintner of Bolzano, Italy (then part of the Austro-Hungarian Empire) may have also been of Jewish ancestry from the Jewish Tauber family of Moravia and Hungary descended from Aaron Tauber of Moravia. It would seem that her mother Elisabeth Maria (Betty) Tauber (b.1834 Moravia) was born a Moravian Jewess who was cut off from her family when she became a Catholic. Moravia and Hungary were regions of the Habsburg ruled Austro-Hungarian Empire until World War 1.

Betty moved to the South Tyrol area of the Austro-Hungarian Empire (now part of Italy) where she had a daughter with Anton Peintner. Anton didn’t marry her until about 3 years after the birth of their daughter Maria in Rasa in 1855. Betty was the daughter of Jacob Tauber (b.1811 d.1845)and Josefina (Peppi /Josefa) Knopfelmacher (b.1819 d.1886). Jacob Tauber was the son of Jonas Tauber and his wife Rebekah Zerkowitz. The Zerkowitz family claimed Kohen status.

Pope Benedict XVI is thus a descendant of the Maharal.

(1) Rabbi Yehuda Loew (Leib) ben Bezalel [the MaHaRal of Prague] (c.1512-1609), m. Perla Shmelkes-Reich(c.1516-1610)
(2) Vogele Loew (c.1556-1629) m. Rabbi Isak Ha-Cohen (c.1550-1624)
(3) Chava [Eva] Ha-Cohen (1580-1651) m. Rabbi Abraham Samuel Bachrach (1575-1615), Rabbi in Worms
(4) Rabbi (Moses) Samson / “Simson” / Bachrach (1607-1670), Rabbi in Goding, Leipnik, Prague, and Worms, m. Dobrusch Phobus (c.1610-1662)
(5) Rabbi Jair Chayim Bachrach, aka “the Chavas Yoir” (1638-1702), Rabbi in Worms, m. Sarah [Dinah Sorle] Brillin (c.1638-1703)
(6) Rabbi Samson / “Simson” / Bachrach (b. c.1657), wife’s name unknown
(7) Malka Bachrach (b. c.1680), m. Rabbi Zalman Shpitz, president of Beit Din in Eisenstadt
(8) Sarl [Sarah] Shpitz (b. 1703), m. Rabbi Jacob Knoepflmacher (c.1700-before 1739), “the master”, “chief rabbi in Mehrin”
(9) Nissel Knoepflmacher (b. c.1722), m. her father’s youngest brother, Rabbi Moses Knoepflmacher(1718-1798) of Holesov
(10)Jacob Knopfelmacher (b.1739)m.Katharina (b.1740)
(11) Joachim Knopfelmacher (b.1764)m. Anna (b.1764)
(12) Markus Knopfelmacher (b.1786)m. Betty
(13)Josefina (Peppi/Josefa)Knopfelmacher (b.1809)m. Jacob Tauber (b.1811)
(14) Betty (Elisabeth Maria)Tauber (b.1834 Mahr. Weisskirchen Moravia )married in 1858 at Rio de Pusteria to Anton Peter Peintner
(15) Maria Tauber Peintner (b.1855 Rasa d.1930)m. Isidor Rieger
(16) Maria Peinter Rieger (b.1884)m. Joseph Ratzinger
(17) Joseph Alois Ratzinger (Pope Benedict XVI)

Tauber Genealogy

Aaron Tauber may have come from the Jewish community of the Tauber Valley in Bavaria from which he received his surname. He later moved to Moravia. The emblem of the Tauber family is the Dove connected to the name Jonas or Jonah. Aaron’s father was Jonas of the Tauber who was a descendant of Rabbi Jonah Gerondi. It would seem that the Tauber ancestors took Catholic identity and names during the persecution of the Bavarian Jews and later openly reverted to Judaism in Moravia.

1. Aaron Tauber of Leipnik Moravia [b.1658]
2. Isaac Tauber of Leipnik Moravia [b.1690] older brother of Joachim Lobl (Leopold) Tauber of Holesov Moravia
3. Jacob Tauber of Lepnik Moravia [b.1715]
4. Jonas Tauber of Mahr. Weisskirchen Moravia [b.1739 d.1822] m. second wife Rebekah Zerkowitz [b.1788]
5. Jacob Tauber [b.1811]m. second wife Josefina Knopfelmacher
6. Betty Tauber [b.1834]

Añadimos por parte de nuestros lectores algunos datos sumamente importantes y “alentadores” en el sentido apocalíptico del término:

1)LOS TAUBER: Una de las ramas cabalistas mas importantes de la Sinagoga

(Es importante mencionar) el significado de que Joseph Alois Ratzinger Peintner-TAUBER descienda de una de las ramas cabalistas más importantes de la Sinagoga (el Rabinato de Praga) y el esfuerzo que realiza esa tribu hebrea en particular (la de Neftalí) desde hace al menos 500 años, por usurpar la Sede de Pedro, tal y como lo afirmó John Retcliffe en el capítulo “El Cementerio Judío de Praga y el Concilio de los Representantes de las Doce Tribus de Israel” de su libro “Biarritz” que se puede consultar en los Protocolos de los Sabios de Sión edición especial (completa) (1);

El Shebet Náftali (DE PRAGA) dijo:

“Jamás aceptaremos puestos subalternos. De la más gran importancia para nosotros es la justicia y la abogacía. Nos entrega la posibilidad de enterarnos de la posición de nuestros enemigos y de su verdadero poder. Ya hemos entregado a muchos Estados Ministros de Finanzas, también Ministros de Justicia. NUESTRO OBJETIVO DEBE SER EL MINISTERIO DEL CULTO (el clero y Papado católicos, por supuesto). Debemos conseguirlo reclamando la paridad civil y la igualdad…” (Nota: ESE ERA EL PROPÓSITO DEL RABINATO DE PRAGA HACE 160 AÑOS)

LA HISTORIA DEL “MAHARAL”, TATARABUELO DEL TATARABUELO DE BENEDICTO XVI:

Entre sus antepasados, el hebreo Joseph Alois Ratzinger Peintner (en realidad TAUBER) proviene de una sucesión de 9 destacados rabinos de Austria-Hungría y Alemania, pero muy particularmente desciende del MAHARAL (Judah Loew ben Bezalel), considerado uno de los sabios ocultistas más importantes de la historia.

El Maharal como se le conoce entre los kabalistas satánicos, adquirió su mayor fama como jefe espiritual de la comunidad judía de Praga. Allí estableció la Gran Academia Talmúdica llamada Klaus:

“El Maharal, abreviatura de Moreinu HaRav Loeb con la que se lo conoce, adquirió también gran renombre entre los no-judíos por sus insignes conocimientos seculares de matemáticas, astrología y otras ciencias (ocultas)… Era un profundo conocedor de la Cabalá, pues en ellas se ponen de manifiesto los secretos de la Creación Divina y los ocultos senderos de Dios.”

“Al Maharal se le atribuían, y con razón, poderes especiales, y lo llamaban “el hacedor de milagros”. La historia más famosa es la del Golem (demonio invocado por los hechiceros hebreos), atestiguada por el monumento erigido en Praga que demuestra que se trató de algo más que de una simple leyenda popular.”

El rabino Loew y su Golem

“Tras realizar los rituales prescritos, el Rabbi desarrolló el Golem y lo hizo venir a la vida recitando los conjuros especiales en hebreo. Cuando el Golem de Rabbi Loew creció más, también se puso más violento y empezó a matar a las personas y difundir el miedo. Al Rabino Loew le prometieron que la violencia en contra de los judíos pararía si el Golem era destruido. El Rabbi estuvo de acuerdo. Para destruir el Golem, eliminó la primera letra de la palabra “Emet” de la frente del golem para formar la palabra hebrea que representaba la muerte. (De acuerdo con la leyenda, los restos del Golem de Praga están guardados en un ataúd en el ático del Altneuschul en Praga, y puede ser devuelto a la vida de nuevo si es necesario.”

“Años más tarde, una estatua titulada Der Hohe Rabí Loeb -el gran Rabí Loeb- (obra de un famoso escultor checoslovaco) fue erigida frente a la nueva Alcaldía de Praga, como homenaje y tributo a tan ilustre personalidad.”

“En el año 2005 la historia del Golem regresó a sus raíces judías en una nueva tira cómica del periódico israelí Yedioth Ahronoth que lo presentaba como un superhéroe patrocinado por el gobierno que protege a Israel de sus problemas internos y existenciales.”

“Rabí Shneur Zalman de Liadí -fundador del Movimiento Jabad- era un descendiente directo, por vía paterna, del Maharal.”

(Fuente: El Maharal de Praga)

Como se puede apreciar en el siguiente sitio, la genealogía de Ratzinger Peintner confirma que Benedicto XVI es bisnieto POR LÍNEA MATERNA de una hebrea conversa Betty, hija del hebreo Jacob Tauber (descendiente del rabino Jonah Gerond) y por línea materna descendiente de varias familias rabínicas (Loew, Cohen, Bachrac, Knoepflmacher).

La abuela materna de Benedicto XVI eliminó su apellido hebreo TAUBER para sustituirlo por uno más disimulado: PEINTNER. Según la biografía que aparece en el blog citado a continuación, Anton Peintner dio su apellido a María Tauber, pero 3 años después de su nacimiento, y podría ser que ni siquiera tuviese su sangre.

Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum

(1) http://es.scribd.com/doc/29330547/Los-Protocolos-de-los-Sabios-de-Zion-Edicion-especial-Contenidos-Adicionales-Profusamente-Ilustrado-412-pgs-13400-Kb

2) También PABLO VI:

Por favor, no olvidar la ascendencia de PABLO VI, Batista Montini ALGHISI, cuya madre hebrea de nacimiento JUDITH ALGHISI se convirtió para casarse con Giorgio MONTINI.

Lo confirmó Pedro Rizo en su crónica contra Montini:

EL PERIODISTA PEDRO RIZO CONFIRMA LA ASCENDENCIA HEBREA DE GIOVANNI BATISTA MONTINI

Artículo: El humanismo de Maritain y Pablo VI

“Para sacar consecuencias de la amistad de Pablo VI con Maritain habría que remontarse a cuando el filósofo y el citado Sturzo militaban en la Democracia Cristiana con el comprometido apoyo de toda la familia de Juan Bautista Montini: EL PADRE, GIORGIO MONTINI, DESCENDIENTE DE UN RABINO, abogado y periodista muy activo en compromisos políticos nada cercanos a los intereses de la Iglesia de su tiempo; SU MADRE, GIUDITTA (JUDITH) ALGHISI, JUDÍA DE ORIGEN, QUE SE BAUTIZÓ CATÓLICA PARA CASARSE”

“En Verolavechia, en un pequeño recinto del cementerio rodeado por una tapia de 1m 60 cm, pocos años atrás aumentada a 2m 50cm, se guarda el tumulario de su padre (Giorgio) y de su madre (Judith). Los símbolos son variados, de identidad masónica y judía. Ninguno netamente cristiano. ”

Procesión atea: "castigar sin contemplaciones a los católicos"

Desde Hazteoir.org.

Asalto a la capilla de Somosaguas

Quieren celebrar una “procesión atea” en el centro de Madrid, el próximo Jueves Santo. Pide a la delegada del Gobierno que cumpla la Ley y lo impida.

REDACCIÓN HO.- La campaña de injurias contra los católicos va a más. El asalto a la capilla universitaria de Somosaguas no parece que sea un hecho aislado.

Lo próximo es una autoproclamada “procesión atea” en pleno Jueves Santo, en el centro de Madrid, con el propósito, declarado por los convocantes, de “castigar a la conciencia católica” y “hacer daño sin contemplaciones”, según anunció el pasado 24 de marzo en un programa de radio el portavoz de Ateos en Lucha, uno de los grupos organizadores, junto a la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores y la asociación La Playa de Lavapiés, entre otros:

"Somos un frente de ideas que estamos exclusivamente para castigar a la conciencia católica. Nuestro propósito es hacer daño en las ideas de la gente. No nos andamos con contemplaciones..."

Pincha en el enlace para escuchar las declaraciones del portavoz de Ateos en Lucha, sobre la "procesión atea" del próximo Jueves Santo. El audio dura 37 segundos:

Varios grupos extremistas han convocado una acción hiriente contra el sentimiento más íntimo de los cristianos: la Pasión.

Lo anuncian en Internet como una “procesión atea”, convocada para el próximo 21 de abril, Jueves Santo, a las 19.30 horas desde la plaza de Tirso de Molina (Madrid).

***Hemos quitado la imagen blasfema que venia en un recuadro aquí. (P. Manuel)

La burla incluirá la representación de Pasos con nombres ofensivos y zafios como la “Hermandad de la Santa Pedofilia”, la “Cofradía del Papa del Santo Latrocinio” o la “Cofradía de la Virgen del Mismísimo Coño”.

La “procesión atea” recorrerá las calles y plazas de Lavapiés que tienen nombres inspirados en los motivos de la fe cristiana, según han anunciado sus convocantes.

Recordando la quema de iglesias

Los convocantes de la “procesión atea” han vinculado directamente su iniciativa con la quema de Iglesias y la persecución a los católicos durante la II República y la Guerra Civil.

En el recorrido, harán parada en la plaza de Agustín Lara, donde se erigen las ruinas de las Escuelas Pías incendiadas por la CNT el 19 de julio de 1936.

El portavoz de Ateos en Lucha lo explicó así el pasado 24 de marzo, en un programa de radio:

“Esa Iglesia la quemó el pueblo de Madrid, en la revuelta que hubo con la República. Para nosotros es una referencia imprescindible”.

Pincha en el siguiente enlace para escucharlo. El audio, estremecedor, dura 34 segundos:

Los organizadores han confirmado que la campaña contra los católicos irá a más y culminará en un recibimiento al Papa Benedicto XVI “como se merece”, el próximo mes de agosto, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

“Hasta agosto hay muchas cosas que hacer. Vamos a recibir a Benedicto XVI como se merece”.

Por sí mismas, estas declaraciones de los organizadores de la procesión atea pueden ser constitutivas de delitos de amenazas y ofensas a las creencias religiosas, todos ellos tipificados en el Código Penal.

Pincha en el siguiente enlace, para escuchar, íntegra, la entrevista radiofónica a los organizadores de la "procesión atea", emitida el pasado 24 de marzo en Radio Ela. La entrevista completa dura 40 minutos, aproximadamente:

Pide a la delegada del Gobierno que actúe para impedir un nuevo ataque a los sentimientos y creencias de los cristianos.

Pídele que cumpla y haga cumplir la Ley e impida la anunciada procesión atea por el centro de Madrid, en pleno Jueves Santo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Enciclica "Eximiam Tuam"

Carta Apostólica de PÍO IX
Al Cardenal de Geissel, arzobispo de Colonia
Sobre la falsa doctrina de Antonio Günter
Del 15 de junio de 1857
I. Introducción
Tu eximio celo por defender la causa católica y tu pastoral solicitud que, por lo demás, Nos son bien conocidos, en verdad con no pequeño regocijo, de Nuestra alma, hemos visto brillar en la carta que, con fecha 16 del último abril Nos dirigiste, acerca del Decreto sancionado por Nuestra Pontificia Autoridad, y publicado por Nuestra Congregación del Índice el día 8 de enero de este año, por el cual fueron condenadas las obras de Nuestro amado Hijo, el Presbítero Antonio Günther.
En efecto Nos, sin perdonar jamás ningún cuidado ni trabajo en el empeño de Nuestro Oficio Pastoral y cuidando siempre de que el depósito de la fe, que nos ha sido encomendado por Dios, se conserve íntegro e inviolable, luego que muchos Venerables Hermanos, los más ilustres Obispos de Alemania, Nos hicieron saber que había en los libros de Günther no pocas cosas que cedían, según su parecer, en perjuicio de la pureza de la fe y la verdad católica, ordenamos sin demora a la misma Congregación, que, como es costumbre considerara, pesara y examinara detenida y exactamente las obras de Günther y nos diera cuenta luego de todo lo actuado.
Obediente, pues, a Nuestro mandato, la Congregación cumplió, a ciencia y conciencia, con su deber, poniendo todo cuidado y empeño en este asunto gravísimo y de suma trascendencia, y, no omitiendo ningún esfuerzo por conocer y ponderar, la doctrina Güntheriana mediante un examen muy prolijo, advirtió que en los libros de este autor se hallaban muchas cosas absolutamente reprobables y dignas de condenación, como quiera que están en abierta oposición con la enseñanza de la doctrina católica.
De aquí que considerado también por Nos maduramente todo este asunto, la misma Congregación, con el beneplácito de Nuestra Suprema Autoridad, publicó el Decreto por ti bien conocido, en el que se prohiben y se condenan las obras de Günther.
Este Decreto refrendado por Nuestra Autoridad y publicado por Nuestro mandato, debía bastar enteramente para que toda controversia al respecto se considerara terminada, y para que todos los que se glorían de llamarse católicos, entendieran clara y abiertamente que debían someterse, y que nadie podía considerar pura la doctrina contenida en los libros de Günther. Asimismo que a nadie le era lícito en adelante sostener y defender la doctrina allí expuesta, ni leer o retener sin la debida licencia tales libros. Nadie podía parecer y considerarse exento de este deber de obediencia y sumisión so pretexto de que en ese Decreto ninguna proposición se hubiese particularmente señalado, ni se enunciara ninguna censura cierta y determinada. El Decreto valía por sí mismo, no pudiendo nadie considerar lícito apartarse en cualquier forma de lo que Nos habíamos aprobado.
Pero se equivocan sobremanera quienes creen que la causa de esta prohibición general, proviene de que la misma Congregación no encontró en las obras de Günther ninguna sentencia u opinión determinada que mereciese precisamente una censura.
II. Errores de Günther
Por el contrario, tuvimos el dolor de cerciorarnos muy bien de que en esas obras domina ampliamente el sistema del racionalismo, erróneo y perniciosísimo, y muchas veces condenado por esta Sede Apostólica; y también sabemos que en los mismos libros se leen, entre otras, no pocas cosas que se desvían en no pequeña medida de la fe católica y de la genuina explicación de la unidad de la divina Sustancia en tres Personas distintas y sempiternas. Averiguado tenemos igualmente que no es mejor ni más exacto lo que se enseña del misterio del Verbo encarnado y de la unidad de la persona divina del Verbo en dos naturalezas divina y humana. Sabemos que en los mismos libros se hiere el sentir y la enseñanza católica acerca del hombre, el cual de tal modo se compone únicamente de cuerpo y alma, que el alma (que es racional), es por si verdadera e inmediata forma del cuerpo. Tampoco ignoramos que en los mismos libros se enseñan y establecen cosas que se oponen claramente a la doctrina católica sobre la libertad de Dios, libre de toda necesidad en la creación de las cosas. Hay también que reprobar y condenar con la mayor energía el hecho de que en los libros de Günther se atribuya temerariamente el derecho de magisterio a la razón humana y a la filosofía que en las materias de religión no deben en absoluto mandar, sino servir, y se perturban, por ende, todas aquellas cosas que han de permanecer firmísimas, ora sobre la distinción entre la ciencia y la fe, ora sobre la perenne inmutabilidad de la fe, que es siempre una y la misma, mientras la filosofía y las enseñanzas humanas ni siempre son consecuentes consigo mismas ni se ven libres de múltiple variedad de errores.
Añádese que tampoco los Santos Padres son tenidos en aquélla reverencia que prescriben los cánones de los Concilios y que absolutamente merecen las más espléndidas lumbreras de la Iglesia; ni se abstiene el autor de aquellos dicterios contra las escuelas católicas que nuestro predecesor Pío Vl, de feliz memoria, condenó solemnemente [v. 1576]. Tampoco pasaremos en silencio que en los libros güntherianos se viola de modo extremo la sana forma de hablar, como si fuera lícito olvidarse de las palabras del Apóstol Pablo [2 Tim. 1, 13] o de éstas en que gravísimamente nos advierte Agustín: “Es menester que hablemos conforme a regla cierta, no sea que la licencia en las palabras engendre también impía opinión sobre las cosas que con las palabras son significadas[V, 1714 a].
Por Todo lo que antecede bien puedes ver, amado Hijo, con qué diligencia y celo deberás procurar, tanto tú como los Venerables Hermanos Obispos Sufragáneos tuyos, que desaparezcan de vuestras diócesis las obras de Günther, y con qué particular solicitud deberás evitar que nadie en adelante enseñe o defienda, tanto en el terreno filosófico como en el teológico, la doctrina ya condenada que esos libros contienen.
III. Un motivo de alegría
Pero si bien es verdad que hemos juzgado y juzgaremos siempre dignas de reprobación las obras de Günther, no podemos dejar de manifestarte que Nuestro amado hijo, el mismo Presbítero Antonio Günter Nos colmó de un gran consuelo con la respetuosa carta que Nos dirigió el día 10 de febrero, donde haciéndose acreedor a suma alabanza, protesta una y varias veces con las más enérgicas expresiones que nada preferiría él a obedecer a Nuestra Suprema Autoridad y a la de esta Sede Apostólica y que, en consecuencia, se somete humildemente al Decreto promulgado acerca de sus obras.
Este egregio ejemplo de Günther fue imitado para igual gozo Nuestro por muchos amados hijos doctores en Teología, Filosofía, Historia Eclesiástica y Derecho Canónico en varios liceos de Alemania, los cuales habían sido los primeros propugnadores de las doctrinas de Günther y en cartas que Nos dirigieron declaran que se sometían humildemente al mencionado Decreto y que nada estimaban tanto como la obediencia a Nuestra Autoridad Pontificia y la de esta Sede Apostólica.
IV. Conclusión
Junto con alegrarnos pues sobremanera de estos hechos Nos alienta la esperanza de que los demás partidarios de la doctrina de Günther quieran emular, con la ayuda de Dios, la docilidad, cristiana obediencia y debida sumisión a Nuestro magisterio, incrementando así la gloria del mismo autor y deparándonos una sobreabundante y perfecta alegría. He aquí, amado hijo, cuanto pensábamos escribir acerca de este asunto. Nos es grato asimismo aprovechar esta ocasión para demostrarte y confirmarte una vez más la singular benevolencia con que te abrazamos en el Señor, de la que queremos sea certísimo testimonio la Bendición Apostólica que de todo corazón te impartimos a ti, amado hijo, y a la grey encomendada a tu cuidado.
Dado en Bolonia el día 15 de junio de 1857, en el año undécimo de Nuestro Pontificado.

martes, 29 de marzo de 2011

LOS PRODIGIOS BIOLÓGICOS. FENÓMENOS CORPORALES (I)

I. - INEDIA

La historia religiosa de la humanidad está llena de relatos de fenómenos extraordinarios, relacionados con la biología, y para los cuales la Iglesia a veces ha admitido o permitido que se admita un origen sobrenatural (divino) o preternatural (angélico, diabólico o de almas separadas) y, en otros casos, no les ha reconocido ningún carácter probatorio de esa naturaleza. Algunos entre ellos se vinculan a fenómenos de orden natural. Se hallan en este orden de ideas: milagros evidentes; hechos que tienen analogías con fenómenos naturales, pero cuyas circunstancias de provocación, la intensidad y diversos caracteres especiales demuestran su origen sobrenatural; hechos de naturaleza indeterminada; y, finalmente, fenómenos naturales, pero más o menos excepcionales y de mecanismo mal conocido.
En el orden corporal hallaremos: los ayunos absolutos prolongados durante años; las efusiones de sangre en seres vivos; la efusión de sangre en cadáveres; la efusión de sangre en objetos inanimados; la licuación de la sangre; la incombustibilidad; la levitación; la luminosidad; la incorruptibilidad del cuerpo humano; la producción de olores o líquidos en cadáveres y sus esqueletos. En el orden espiritual hallamos apariciones, premoniciones, telepatía, etc.
El médico católico debe estar bien enterado de estos hechos, y los sabios católicos deben preocuparse en verter la luz más viva sobre estas cuestiones y en resolver las desconocidas. Una credulidad religiosa excesiva ha querido atribuir a veces un carácter sobrenatural a hechos que nada tienen de tales; una credulidad materialista, igualmente poco dueña de espíritu crítico, ha querido a su vez comprenderlo todo en un esquema explicativo. Por ignorancia, los católicos descuidan el valor apologético de milagros maravillosos; por ignorancia, los ateos asimilan ingenuamente dos hechos completamente distintos. De todos modos, hay una lamentable confusión. Dios es la verdad, el error no aprovecha más que al espíritu del mal. Por la medicina, por la ciencia y por Dios mismo, hay que realizar un estudio exacto de estos fenómenos.

I. - Inedia (Ayuno absoluto)
La fisiología y la patología enseñan que el hombre no puede sobrevivir a una abstención total de alimentos, prolongada algunas semanas. Se recordará el caso del alcalde de Cork, que se dejó morir de hambre para protestar contra el dominio inglés en Irlanda: su agonía, durante la cual no tomó más que líquido, duró cerca de dos meses y medio. En 1831, el bandido Granié, condenado a muerte, rehusó todo alimento, excepto un poco de agua; murió al cabo de sesenta y tres días, en medio de convulciones reducido a 26 kilogramos de peso (Dr. Moreau-Christophe, inspector de prisiones). En 1924 el Dr. P. Noury, en Concours medical, publicó la observación de una nonagenaria, que habiéndose fracturado el cuello del húmero, declaró que no quería quedar debilitada y que prefería morir. Rehusó toda otra alimentación que no fuera un poco de agua y algunos granos de uva: se extingió a los cuarenta y nueve días.
Frente a estos datos, la historia de los místicos nos presenta, entre otros, a la bienaventurada Angela de Foligno (fallecida en el año 1309), que permaneció doce años sin tomar alimento alguno; a Santa Catalina de Sena (1347-1380), ocho años aproximadamente; a la bienaventurada Elisabet de Reute (fallecida en 1421), más de quince años; a Santa Lidvina de Schiedam (1380-1433) veintiocho años; al bienaventurado Nicolás de Flue (1417-1487), veinte años; a la bienaventurada Catalina de Racconigi (1468-1547), diez años; Dominga del Paraíso (1473-1553), veinte años; etc. De nuestros tiempos citaremos a Rosa María Andriani (1786-1845), veintiocho años; Domenica Labbari (1815-1848) y Luisa Lateau (1850-1883), catorce años.
Muchos otros nombres podrían citarse, sin contar los que nunca se han divulgado. En todo caso, la mayoría de estos hechos han sido controlados en forma muy severa. El Dr. Imbert-Gourbeyre recuerda la encuesta ordenada en el siglo VIII por el obispo, sobre el ayuno de Santa Walpurgis. El de Santa Lidvina, fue en 1420 objeto de una comprobación pública, formada por el bailío, el alcalde, los ujieres y los cónsules de la ciudad de Schiedam. También el del bienaventurado Nicolás de Flue fue controlado por las autoridades civiles y eclesiásticas. Se levantó un acta que reza: "Hacemos saber a todos y a cada uno, que Nicolás Flue, después de haber dejado a su padre, a su hermano, a su mujer y a sus hijos, para retirarse en una soledad llamada Raust, se mantuvo allí, por la gracia de Dios, sin comer ni beber durante dieciocho años, viviendo aún santamente en este instante en que escribimos este documento, y gozando de sus facultades: lo que atestiguamos por haberlo visto y sabido en verdad".
El papa Inocencio VII hizo controlar el ayuno de la bienaventurada Colomba de Rietti, que seguía desde veinte años; en 1659, la famosa pastora de Laus estuvo bajo el control del mismo obispo de Embrum. En 1868 la abstinencia de la hermana Esperanza de Jesús fue comprobada oficialmente por el obispo de Ottawa, asistido por dos médicos, uno católico, el Dr. Baubién, otro protestante, el Dr. Ellis. La hermana fue sometida, durante seis semanas, a la vigilancia más rigurosa, encerrada en una habitación y atendida constantemente por dos hermanas que no la dejaron un segundo. Al final de la experiencia en presencia del obispo, ella pesaba 124 libras, en cambio de las 113 iniciales...
Teresa Neumann, que desde la Navidad de 1926 no toma ningún alimento ni sólido ni líquido, fue sometida al control que su médico juzgó de un rigor absoluto: durante 15 días, cuatro hermanas franciscanas de Mallersdorf, especialmente adecuadas para la vigilancia, observaron constantemente, día y noche, a la ayunadora. Ella fue pesada regularmente; se midió el agua con que se enjuagaba la boca antes y después del uso; la sangre fluyente de las llagas fue recogida y enviada al examen de un laboratorio; las orinas y materias fecales fueron recogidas, medidas, pesadas y analizadas química y microscópicamente. Del miércoles al sábado hubo una pérdida de 3 a 4 kilogramos, recobrada los demás días, de modo que el peso a la mitad y al final de la experiencia se halló cerca de los 55 kilogramos, como al principio. Orina: 350 gr. en una semana. Heces: 20 a 30 gr. en cuatro o cinco semanas. En el examen microscópico no se halló rastro de alimentos. Las autoridades eclesiásticas solicitaron un nuevo control.
Haremos notar, finalmente, que la Iglesia ha creído que determinados ayunos estaban bien probados, para mencionarlos en la bula de canonización de Santa Catalina de Sena, en las beatificaciones de Santa Catalina de Ginebra, de San Pedro de Alcántara, de Santa Rosa de Lima y muchos otros. Los ha nombrado hasta en los oficios litúrgicos de varios santos, como en el caso del Venerable José de Leonissa.
En realidad no se puede comprender en ningún modo la posibilidad de realización natural de tales ayunos. Los animales de letargo invernal, como la marmota, el oso, el erizo, el murciélago, etc. se hunden en la inmovilidad y caen en un estado de letargo con un amortiguamiento de la circulación y la respiración, y la temperatura considerablemente rebajada. El mantenimiento de esa existencia, reducida al mínimum, exige entretanto la combustión de las grasas y de elementos tisulares, que dan siempre una disminución de peso. Ayunadores como Cetti, pierden 6 kilogramos en 10 días de ayuno, Breithaps 3 kilogramos en seis días; Succi 12,200 en veintinueve días (Arthus, Physiologie). Merlatti resistió cincuenta días; Succi, cuya última experiencia se realizó en 1904, no excedió los treinta días, y lo mismo Gayer en 1910.
En 1922, los doctores Marsel Labbé y Stevenin presentaron a la Sociedad de Biología de París la observación de un hombre que fue sometido experimentalmente a un ayuno de cuarenta días, con bebidas (agua y limonada). El peso se redujo en 700 gramos por día, durante los primeros 10 días, luego solamente en 250 gramos por día. El metabolismo de 43 calorías por hora y por metro cuadrado de superficie corporal al principio, bajó progresivamente a 16 calorías al final del ayuno. Nosotros poseemos la experiencia de numerosos casos de anorexia mental. Hemos hallado metabolismos rebajados más allá del 50 ó 60 % en sujetos que perdieron más de 20 kilogramos de su peso. Ahora bien, a pesar de esa rebaja en la combustión, a pesar de la toma de una cantidad mínima de alimentos, el deceso sobrevino siempre en algunos meses en los casos rebeldes.
El organismo humano no puede mantener su vitalidad sin combustión y toda combustión implica una pérdida de ácido carbónico y desechos; de ello proviene el enflaquecimiento y, si no hay aporte de materiales de reemplazo, la muerte sobreviene después de cierto tiempo.
Observemos además que los Santos y las personas piadosas llevaron en su mayoría una vida normal y hasta muy activa. No sólo no padecieron el letargo de los animales invernantes, sino que Santa Catalina de Sena, Santa Nicolina, Santa Ágata de la Cruz, Santa Lidvina durmieron apenas algunos instantes por noche, a veces nada en absoluto. Su desgaste debió ser por lo tanto el máximo.
En tales condiciones, la hipótesis de un milagro se presenta fácilmente al espíritu. Y sin embargo la Iglesia no se satisface con estos resultados biológicos de apariencia netamente demostrativa. Benedicto XIV exige que en esos casos se realice una severa encuesta. Hay que comprobar la duración de la abstinencia, la conservación de las fuerzas físicas y morales, la ausencia de hambre en plena salud. Hay que excluir cualquier causa mórbida o morbosa del ayuno. Sobre todo hay que estar seguros de la santidad del ayunador, informarse del grado heroico de sus virtudes, de sus dones sobrenaturales de éxtasis, de ciencia infusa y de profecía, si el caso lo requiere. Hay que reconocer la causa del ayuno: vanidad o razón humana, o bajo el impulso del Espíritu Santo y en plena sumisión a la obediencia. Por otra parte, el ayunador no debe haber sido ayudado en su ayuno más que por la administración de la Santa Eucarist ía y haber cumplido todos los deberes de su estado. Y es sólo cuando hay una contestación satisfactoria a estas diferentes condiciones, que el ayuno puede ser admitido como milagroso.
Por eso se explica que la Iglesia no tenga forzosamente en cuenta el ayuno absoluto de larga duración para una beatificación o una canonización y que no eleve a los altares a todos los ayunadores piadosos. El ayuno, por sí solo, no demuestra la santidad; hay que tener en cuenta una posible intervención diabólica; hay que tener en cuenta posibilidades desconocidas de la naturaleza. En ciertas circunstancias ¿no será posible que el hombre asimile como las plantas el ácido carbónico y el nitrógeno atmosférico? ¿Se puede recibir la energía vital de otra
.le que las combustiones internas? ¡Un autor, en la revista Hippocrate (1934), propuso para Teresa Neumann la hipótesis de una asimilación de las irradiaciones solares! La Iglesia no nos prohibe estas suposiciones que, científicamente, nos parecen temerarias; y si negamos el milagro, nos conducimos corréctamente. Pero entonces la posibilidad de la vida futura de nuestros cuerpos gloriosos, inmutables y sin necesidades, se torna naturalmente concebible...
Si la Iglesia reconoce en algunos de sus Santos el otorgamiento de parte de Dios de tal privilegio, ya en su existencia terrenal, como una recompensa para ellos, como ejemplo y estímulo para los demás fieles, ella no excluye la posibilidad de los fenómenos en otras condiciones y esto vale por la mayoria de los fenómenos biológicos que estudiaremos. El reconocimiento de la participación de Dios, en lugar de disminuir la de la ciencia, le abre al contrario, horizontres más amplios. En todas partes donde se halle a Dios, el conocimiento humano se agranda, porque Él es el Señor de las ciencias: Deus scientiarum Dominus.
Dr. Henri Bon
MEDICINA CATÓLICA

lunes, 28 de marzo de 2011

SEDE VACANTE IX


LAS DOS HIPÓTESIS QUE PUEDEN EXPLICAR LA INCERTIDUMBRE ACTUAL
Como indicamos antes, ante la evidencia de estas innegables realidades, que nuestra conciencia católica observa en la persona y el gobierno del Papa Montini, hay dos hipótesis que pueden suponerse para encontrar la solución urgente a esta situación caótica de la Iglesia. Recordemos que la Iglesia es el fin y el Papa es el medio, que Cristo instituyó para la preservación de su Iglesia. La primera hipótesis es que la elección de Juan B. Montini fue in radice, una elección inválida, aunque aparentemente se hayan cumplido las prescripciones pontificias, vigentes al tiempo de su elección, para un cónclave y una legítima elección. En ese caso, Juan B. Montini sería un papa de iure, pero no de facto, en el sentido de que su elección jurídicamente válida, por cumplir todas las normas del derecho pontificio, sería, sin embargo, ante Dios y ante la conciencia inválida. Sucedería entonces algo semejante a lo que sucede en un matrimonio celebrado con todas formalidades canónicas, que resulta inválido por un impedimiento dirimente in radice, que haría nulo el matrimonio, celebrado por desconocerse, con culpa o sin culpa, la existencia de ese impedimento.
La segunda hipótesis es que la elección de Juan B. Montini fue legítima y, por lo tanto, el fue un legítimo Papa, pero dejó de serlo, por haber caído en la herejía; más aún, por haber encabezado la herejía y, por lo mismo, por haber sido depuesto por el mismo Dios. La deposición de los hombres no sería, en este caso, sino una formalidad jurídica necesaria para que, ante los hombres, deje de ejercer funciones que no le corresponden y para las que no tiene ya autoridad alguna.
Mas, antes de estudiar estas hipótesis, estudiaremos el argumento de la pacífica aceptación de la Iglesia Universal, que, como indiqué más arriba, ha sido siempre considerada como un signo cierto, casi diríamos infalible, en la elección legítima de un Pontífice.
"Cualquiera que sea, dice el Cardenal Ludovico Billot, S. J., la opinión que tengamos sobre la posibilidad o imposibilidad de que un Papa pueda caer en la herejía, a lo menos debemos admitir como algo casi indiscutible y sin ninguna duda que la adhesión universal de la Iglesia a un Papa electo es, por sí sola, un signo infalible de la legitimidad de la persona del Pontífice y, por lo mismo, de la existencia de todas las condiciones, que se requieren para su legitimidad. Y la razón es la siguiente: Cristo prometió infaliblemente que "las puertas del infierno no prevalecerán en contra de su Iglesia y que El estaría con sus fieles discípulos todos los días hasta la consumación de los siglos". Si, pues, la Iglesia se adhiriese a un falso pontífice, sería como si la Iglesia se adhiriese a una falsa regla de fe, porque el Papa es la regla viva que debe seguir en sus creencias la Iglesia. Dios puede permitir ciertamente que algunas veces la sede vacante se prolongue por largo tiempo; puede permitir que se dude de la legitimidad de tal o cual electo; pero no puede permitir que toda la Iglesia admita, como verdadero Pontífice, a uno que, en verdad, no lo es. De donde se sigue, continúa el Cardenal, que, desde el momento que un Papa es recibido por la Iglesia Universal y unido a Ella, como cabeza a su cuerpo, no se puede ya mover ninguna duda de una viciosa elección o de la falta de alguna de las condiciones necesarias a su legitimidad, porque esa adhesión de la Iglesia sanaría cualquier vicio in radice, que hubiere habido en la elección y demostraría infaliblemente la existencia de todas las condiciones necesarias para la elección".
"Y esta argumentación, sigue el cardenal jesuíta, fue usada contra los que intentaron cierto movimiento cismático, en tiempo de Alejandro VI, con el pretexto de las certísimas pruebas, que decían tener contra la ortodoxia de ese Papa y que querían denunciar en un Concilio Universal. Pero, omitiendo otras razones, que fácilmente podían refutar esa opinión, basta recordar que cuando Savonarola escribía sus cartas a los príncipes, toda la cristianidad estaba adherida y obedecía a Alejandro como a verdadero Pontífice. Luego, Alejandro, como lo demuestra esa universal adhesión, no era un falso pontífice, sino verdadero. Luego, prosigue Billot, Alejandro no era un Papa hereje, al menos, con aquella herejía que le quitase el derecho de ser miembro de la Iglesia, de la potestad pontificia o de cualquier otra jurisdicción".
Hasta aquí el preclaro teólogo jesuita, cuya argumentación —aunque no estamos de acuerdo con ella- no podemos menos de alabar, como un esfuerzo de ingenio, para sostener lo que él mismo no cree que se pueda sostener; pero que, por un obsequium religiosum, por tratarse del Papa, él cree se debe defender. "La adhesión universal de la Iglesia a un Papa electo, dice el cardenal, es, por sí sola, un signo infalible de la legitimidad de la persona del Pontífice". ¿Es compatible, pregunto yo a S. E., esa "infalibilidad" con lo que poco antes había él escrito sobre el mismo asunto: "a lo menos debemos admitir, como algo CASI indiscutible y sin ninguna duda..."? Si es CASI indiscutible, Eminencia, no puede ser infalible. En lo infalible no hay lugar paia el CASI. Las promesas de Cristo, que S. E. aduce no fueron hechas para todos los que se dicen papas, sino para los que son legítimos Papas. Su Eminencia está incurriendo en una "petitio principii", está suponiendo lo mismo que quiere probar como algo CASI infalible. Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia ni porque un antipapa se siente por algún tiempo en el trono de San Pedro, ni porque un Alejandro VI, en su vida privada, haya conculcado muchas veces y públicamente la ley de Dios. Ni aun ahora, en medio de esta espantosa "autodemolición" de la Iglesia, como dijo Paulo VI, podemos creer que las "puertas del infierno han prevalecido en contra de la Igiesia, ni que Jesucristo nos ha abandonado". Dormido está el Señor, mientras la tempestad brama amenazadora; pero despertará y a su vez se calmarán los vientos.
También conviene precisar el concepto expresado por Su Eminencia: "El Papa es la regla viva que debe seguir la Iglesia en sus creencias". Aun suponiendo que el cardenal nos hable de un Papa legítimo -lo que hay que demostrar- el Magisterio del Papa, no el mismo Papa; el Magisterio infalible, no cualquier Magisterio, es la regla viva de nuestra fe católica. En la inteligencia, sin embargo, de que es también el Magisterio infalible de todos los Papas y de todos los Concilios; y, cuando hay oposición entre lo ya definido ex cathedra o lo que siempre y en todas partes enseñó la Iglesia con lo que el actual Papa o el último Concilio nos enseñan, debemos, en virtud del principio de contradicción, quedarnos con la verdad que hemos antes creído y profesado, sobre todo, cuando los últimos Papas no han definido nada ex cathedra, han expresamente excluido su Magisterio dogmático y el Concilio ha sido un "Concilio Pastoral".
El cardenal Billot admite que "Dios puede ciertamente permitir que algunas veces la Sede Vacante se prolongue por largo tiempo, que se dude de la legitimidad de tal o cual electo", pero no admite que "la Iglesia acepte como verdadero Pontífice a uno que, en verdad, no lo es". Y da la razón: "Si la Iglesia se adhiriera a un falso Pontífice sería como si la Iglesia se adhiriera a una falsa regla de fe, porque el Papa es la regla viva que debe seguir la Iglesia en sus creencias. Esa frase es verdadera, pero con todas las limitaciones, que ya antes explicamos, al hablar de la infalibilidad pontificia. Si "Dios ciertamente puede permitir que, algunas veces, la Sede Vacante se prolongue por largo tiempo; si puede permitir que se dude de la legitimidad de tal o cual electo, ¿por qué no ha de poder permitir que, por algún tiempo, toda la Iglesia admita o parezca admitir como verdadero Pontífice a uno que en verdad no lo es"? La "inerrancia" de la Iglesia, me parece que no excluye el que, por algún tiempo, se vea envuelta, como sucedió en el gran cisma de Occidente, por densas tinieblas de incertidumbre y confusión.
Dios puede permitir el mal por algún tiempo; lo que no puede es permitir que el mal se imponga y triunfe definitivamente sobre el bien. En la pasión y muerte de Cristo, los enemigos aparentemente triunfaron con la muerte del Señor; pero ese triunfo efímero fue vencido por la gloria esplendorosa y eterna de la Resurrección.
Apoyado en esa falsa presunción, S. E. nos da como axioma una afirmación, que no prueba y que, a mi humilde modo de ver las cosas, no puede probarse: "esa adhesión de la Iglesia, dice Billot, sanaría cualquier vicio in radice". ¿También la falta de fe, Eminencia? ¿También la herejía? ¿También la apostasía? ¿También el que el elegido fuese un criptojudio? —Y concluye el sabio jesuíta: esa adhesión de la Iglesia "demostraría infaliblemente la existencia de todas las condiciones necesarias para una legítima elección". Aquí, eminencia, salva reverentia, hay una pequeña contradicción: por una parte, la adhesión de la Iglesia demuestra infaliblemente la existencia de todas las condiciones necesarias para una legítima elección; y, por otra parte, esa misma adhesión "sana in radice" cualquier vicio. Luego si puede haber vicio, no hay todas las condiciones, al menos a priori, sino a posteriori. Y, confirmados los "vicios" in radice, ¿cómo y cuándo tendríamos la infalible demostración de que todo estaba subsanado, para tener, al fin, un legítimo Pontífice, cuya elección viciada in radice, ahora es ya infaliblemente cierta?
Poco feliz, me parece, la confirmación histórica del Cardenal, al citar el caso de Alejandro VI, cuyo pontificado llena una de las páginas más tristes y negras de la Historia de la Iglesia. Pero, a este propósito, S. E. nos vuelve a sorprender con otra afirmación CASI increíble en un teólogo de su altura y prestigio: "Alejandro no era un Papa hereje, al menos, con aquella herejía, que le quitase el derecho de ser miembro de la Iglesia, de la potestad pontificia o de cualquier otra jurisdicción". Según Billot, hay cierta clase de herejías que son compatibles con el ser miembro de la Iglesia, con la potestad pontificia y con cualquier otra jurisdicción. Yo sabía que la herejía, cualquier herejía es un naufragio en la fe; es un desgajarse del tronco; es dejar de ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.
Hasta aquí el preclaro teólogo jesuíta, cuya argumentación no podemos menos de alabar, aunque no nos convenza. Pero, dado y no concedido que esa argumentación demostrase que la elección admitida por la Iglesia Universal era en sí una señal infalible de la legitimidad de la elección del Pontífice, todavía qudarían otros puntos importantes, que el Cardenal Billot no toca y que, sin embargo, no pueden silenciarse. Y el primero es éste: ¿por cuánto tiempo debería darse esa universal aceptación de la legitimidad del Pontífice, para asegurar que hay ya una infalible señal de que tenemos un verdadero Papa? Porque yo creo que S. E. no ha querido decirnos que tan luego como todos los obispos y fieles del mundo entero reciban la noticia de la elección, tan luego como el humo blanco haya salido por la chimenea de la Capilla Sixtina, ya el mundo católico tiene la prueba infalible de la legitimidad de esa elección. Si así fuera, tan luego como el cardenal camarlengo sale a la logia central de San Pedro, para decir URBI ET ORBI: "PAPAM HABEMUS... EMINENTISSIMUM DOMINUM... QUI NOMINATUR..." infaliblemente deberíamos adherirnos al recién nombrado y tener, como un artículo de fe, que el recién nombrado es un verdadero y legítimo Papa y que cualquier vicio que pudo haber en su elección estaba en aquellos momentos sanado.
Pero, esa proclamación oficial del Sacro Colegio es una noticia, una mera noticia, que puede con el tiempo ser admitida o ser rechazada, según las circunstancias lo exijan. Porque, si el elegido empieza luego a hablar como no han hablado sus predecesores, sino más bien, contrario a lo que sus predecesores habían dicho de común acuerdo; si el elegido empieza a actuar rompiendo aparentemente la tradición apostólica, las dudas primero y las protestas después empezarán a surgir luego sobre la legitimidad del elegido, precisamente porque tenemos una fe inquebrantable en la institución divina del Papado. No conocemos las circunstancias de la elección del Papa Montini, pero sí sabemos que su política, su lenguaje, su acción, su programa pontifical vino a romper el hilo de la tradición; vino a contrariar lo que sus inmediatos predecesores habían dicho de común acuerdo. Si el elegido empieza a hablarnos de "una nueva mentalidad", de "una nueva economía del Evangelio", si busca relaciones diplomáticas con los poderes comunistas, que por tantos años han derramado tanta sangre de católicos y han hecho millones de muertos, tenemos razón para dudar de la legitimidad de su elección, si no queremos dudar de la "inerrancia" de la Iglesia. La revolución interna, que se desencadenó, dentro de la Iglesia, durante el reinado del "Papa de la transición y de la Tolerancia, Juan XXIII, siguió, con mayor virulencia, después de la elección del Papa Montini. El Vaticano II pasará a la Historia de la Iglesia como una de las páginas más tristes y peligrosas del catolicismo.
Y, a medida que el tiempo ha pasado, y los acontecimientos se han sucedido y multiplicado con pasmosa celeridad, las dudas sobre la legitimidad del actual pontífice se han hecho más públicas, más convincentes, más numerosas. ¿Es Juan B. Montini un verdadero Papa? ¿Es un sincero católico? o ¿es un infiltrado en la Iglesia de Dios, que está trabajando activísimamente, con precisión milimétrica, en la "autodemolición" de la Iglesia? Jamás un Papa verdadero se hubiera atrevido a hacer y a decir, en las cosas esenciales de la fe, lo que Juan B. Montini ha hecho y dicho, con una habilidad indiscutible, en la que finge defender la verdad, que él mismo está conculcando y negando con sus hechos. No podemos pensar que Paulo VI, ni el episcopado del Mundo entero ingnoren las cosas que están pasando. Y, si sabiéndolas, no pone el remedio; si deja que el derrumbe siga adelante, ¿quién es, ante Dios y ante la historia el verdadero, el único responsable de tan tremenda tragedia?
Sus antecedentes familiares, con los caracteres predominantes en los hebreos; su endeble constitución física, su formación irregular, su actividad y relaciones en la Secretaría de Estado Vaticana, su salida de Roma, su nombramiento como Arzobispo de Milán, su elevación al cardenalato, (el acto primero que de sus poderes papales hizo el Papa Roncalli), su nueva pastoral en el arzobispado milanés, sus contactos conocidos con el grupo progresista de la "Alianza Europea", que reaccionaba violentamente contra el "centralismo" de Pío XII, su conocida influencia en el gobierno y en la misma elección de Juan XXIII, dan, a no dudarle, pie para sospechar, sobre la legitimidad del Papa Montini. No creo que sea contra la fe, ni contra mi adhesión profunda al Papado, el pensar, como una posible explicación de la actual crisis, la peor crisis que ha tenido la Iglesia, el poder afirmar que Juan B. Montini pudo, desde su elección, ser un Papa ilegítimo.
Después de lo que hemos escrito, ¿podemos todavía seguir pensando con el Cardenal Billot que la adhesión universal de la Iglesia en la elección de Paulo VI es una prueba infalible de la legitimidad de su elección?
Pero, supongamos que su elección haya sido legítima; que, al ser nombrado, Juan B. Montini era en verdad un sincero católico, aunque con ideas algún tanto desviadas por sus lecturas preferidas y por sus relaciones hechas durante los largos años en que trabajó en la Secretaría Vaticana; queda todavía la segunda hipótesis: su elección fue legítima; Juan B. Montini fue un verdadero Papa, pero dejó de serlo, por haber caído en la herejía; más aún, por haber encabezado la herejía y por haber sido depuesto, por tal causa, por el mismo Dios.
Tres son los caminos que pueden hacer que un Papa legítimo deje de ser Papa: El primero es la abdicación del propio Pontífice; el segundo por la muerte física; y, finalmente, el tercero por la defección en la fe —muerte moral- del mismo Papa, que, por su naturaleza, como ya explicamos, lleva consigo la pérdida del pontificado, ya que intrínsecamente repugna que el que ha dejado, por la herejía, de ser miembro de la Iglesia, pueda ser todavía cabeza visible de la Iglesia.
No hay duda de que los sucesores de Pedro tengan el poder para renunciar, por propia voluntad, al Papado. Porque, como ya lo explicamos, la unión del pontificado con esta persona singular, no es (como en el caso de Pedro) de iure divino, (de derecho divino), sino, presupuesta la idoneidad de la persona, tiene por causa de su pontificado, la elección humana. Pero, el efecto de la elección humana depende siempre del libre consentimiento o aceptación del elegido; y esta aceptación sigue siendo necesaria, mientras el Papa sea Papa. Porque, así como esa persona empezó a ser Papa legítimo, cuando aceptó su elección, así deja de ser Papa, cuando, por su renuncia, destruye el efecto de su elección. Y debemos, de nuevo, notar que el sucesor de Pedro, no está en iguales condiciones, ni con el mismo Pedro ni con los otros obispos, que no son Papas. No con Pedro, porque él y sólo él fue, como ya notamos, personal y directamente elegido Papa por el mismo Cristo, sin intervención humana alguna. Los demás obispos son elegidos por voluntad del Sumo Pontífice, como consta por el canon 8 de la sesión 23 del Tridentino; y, por lo mismo, pueden renunciar, pero su renuncia no tiene efecto, hasta que es aceptada por aquél que los elevó al episcopado, el Romano Pontífice. Sólo el Papa, sucesor de Pedro, está én esa especial condición, por la que puede renunciar, y su renuncia vale por sí misma. Su elección no es una obligación que se le imponga al elegido, sino una designación que exige la aceptación del elegido, como ya dijimos. Luego, asi como aceptó por su propia voluntad, así puede, en cualquier momento, renunciar por su propia voluntad. Y quitada su aceptación, se quita el prerrequisito necesario para la investidura: el Papa deja de ser Papa. Así lo declaró, con su autoridad apostólica, el Papa Celestino V, y lo decretó: "Romanum Pontificem posse libere resignare", el Romano Pontífice puede libremente renunciar a su cargo.
Según la sentencia de algunos preclaros teólogos, entre los cuales está el Cardenal Billot, la deposición de un Papa es imposible, porque no hay humana autoridad, superior al Pontificado, que pueda deponerlo. "El superior, dice Billot, no puede ser depuesto por el inferior". Sin embargo, hay otros y no menos insignes teólogos, que opinan lo contrario. Porque, si tenemos en cuenta que el Papado, en cuanto tal, está, según la institución de Cristo, supeditado a la Iglesia, debemos concluir que, cuando el bienestar de la Iglesia así lo exija, puede el pontífice indigno, por el bien universal de la Iglesia, ser depuesto de su cargo. El Papado no es un fin, sino un medio; la Iglesia es el fin, que Cristo quiso instituir para la realización de su obra salvífica. Además, como ya lo hicimos notar, con Torquemada, el Papa que cae en la herejía, que se hace indigno de ser Papa, está depuesto por el mismo Dios; la deposición humana es una mera formalidad jurídica.
Las razones, aducidas por Billot, no parecen muy convincentes. Porque, en primer lugar, no se sigue, de estos casos extremos, la falsa deducción de que el superior estaría sujeto a los inferiores. No se necesita esta sujeción, para que en casos deplorables, pero ciertos, los subditos, instruidos por la fe, guiados por la fe y la asistencia divina, que también pueden tener, vean en los actos o en los dichos de los pontífices, algunas cosas que los hacen ineptos, para el cargo que recibieron en su elección y en su coronación pontifical. Sin convertirnos en jueces del actual pontífice, en todas partes, por la lógica de los acontecimientos, hemos llegado, como ya lo demostramos ampliamente, a la tremenda conclusión de que Juan B. Montini o no fue nunca Papa o, si lo fue, ha dejado de serlo, por haber atentado contra las verdades fundamentales de nuestra fe católica, como es, por ejemplo, el Santo Sacrificio de la Misa.
La segunda razón, que Billot nos da, no es tampoco muy convincente. "La deposición de un Papa, dice, no se opone correlativamente a su elección, sino está en otro orden, en el orden jurisdiccional y potestativo; luego, no se sigue que, si la elección humana pueda elegir la persona del nuevo Papa, la deposición humana pueda, por lo mismo, deponerlo". La deposición de un Papa no es un acto propiamente jurisdiccional, sino, como ya lo dijimos, una mera declaración de que el pontífice indigno, ha perdido el puesto por la deposición misma de Dios. No es, pues, un acto propiamente jurídico, sino meramente declaratorio.
La tercera razón no es más convincente: "La Iglesia y el Colegio de la Iglesia no tiene poder alguno sobre la persona del Pontífice, fuera del acto de su elección; terminada la elección canónica, nada se puede hacer, hasta que una nueva elección, por SEDE VACANTE, pueda realizarse". Esta última razón del Cardenal Ludovico Billot me parece sencillámente una "petitio principii", es decir, presupone lo mismo que se quiere probar. Si, hipotéticamente, el gobierno de un mal pontífice está destruyendo o autodemoliendo la Iglesia, no parece conforme a la institución de Cristo, dejar sin fundamento la Iglesia, hasta que una legítima elección venga a reparar lo que se había destruido. Nótese bien que se trata de un caso de notoria gravedad, como el que estamos viendo. El mal cunde, porque el mal es tolerado; porque los pastores están dormidos o han hecho pactos con los enemigos. Más les importa hoy el así llamado "movimiento ecuménico", que la conservación y defensa de la fe tradicional y apostólica, que recibimos de Cristo.
Queda una tercera hipótesis, que implícitamente ya estudiamos y que muchos, sin fundamento sólido, juzgan imposible: el caso de que un Pontífice abiertamente abandone la Iglesia, por apostasía, por cisma o por herejía. Por apostasía, por ejemplo, si el Papa se hiciese un judío practicante. Por cisma, si no quisiera estar ya con la comunión de la Iglesia Católica. Por herejía, si declarase que él personalmente no cree en algún dogma de nuestra fe católica; por ejemplo, en la divinidad de Jesucristo, en la transubstanciación, etc. En un caso tan descarado, no sería necesaria la deposición o declaración legítima de la Iglesia, para desautorizar a un papa, que por su cuenta se había ya antes desautorizado.
Supuesto este posible caso, nada hay que nos prohiba la suposición de un posible Papa hereje, aunque aparentemente, parezca guardar la doctrina ortodoxa, como en el caso presente: porque, la prerrogativa de la infalibilidad, de la que ampliamente ya hablamos, no es una infalibilidad personal, ni constante, sino didáctica y ocasional, cuando el Papa, como Pastor supremo, quiere enseñarnos la doctrina de la fe; cuando se cumplen las cuatro condiciones del Vaticano I. Ya antes lo dije: querer canonizar a Juan B. Montini, en vida, por el mero hecho que ocupa la Silla de Pedro; querer aceptar lo que ha hecho y dicho únicamente por su investidura, es salimos de la verdad católica.
La autoridad divina expresamente nos manda el separarnos de los herejes aunque ahora, el movimiento ecumenista del Vaticano II y de nuestras jerarquías parecen llevarnos por caminos opuestos a los que la palabra de Dios nos ha señalado y a lo que la Iglesia siempre nos había enseñado. Dice San Pablo a su discípulo Tito: "Al hombre sectario (al hereje), después de una y otra amonestación, rehuyelo, sabiendo que el tal se ha pervertido y peca, condenándose por su propia sentencia". Y San Juan, el Apóstol de la Caridad Fraterna, en su II carta nos advierte: "Si viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis; porque quien le saluda participa de sus malas obras". ¿Qué piensa de estas palabras de San Pablo y de San Juan el Papa Montini? ¿qué piensan nuestros ecuménicos prelados?
Porque las palabras de San Pablo y de San Juan están bien claras; no admiten interpretaciones. Y, como confirmación o explicación de esas palabras inspiradas, podríamos aducir el siguiente argumento teológico: Poner en peligro nuestra fe es siempre pecaminoso. Es así que el trato ecuménico con los herejes compromete gravísimamente no sólo nuestra fe, sino la fe de otros muchos. Luego ese movimiento ecuménico; esa familiar aceptación de los declarados enemigos de la verdad católica, ese "ecumenismo", que admite como observadores, en los Concilios de nuestra Iglesia, a sus seculares enemigos; que participa con ellos en actos simulados de una inaudita liturgia, que quiere complacer a los mismos errores de los que niegan y combaten nuestros dogmas; ese abrir las puertas y salones del Vaticano a un Tito y a los mayores corifeos del comunismo internacional y de judaísmo sectario, esencialmente negación de Cristo; esas legaciones secretas de los emisarios vaticanos en busca de un acercamiento con el anticristo; ese permitir ahora que los "separados" puedan acercarse alguna vez a recibir el Sacramento Eucarístico, a Cristo, real y verdaderamente presente en la hostia consagrada, a los que lo han negado y lo combaten y ahora quieren, negando a Cristo recibir a Cristo, para vejarlo una vez más y hacer que nosotros le vejemos: todo esto es pecaminoso; todo esto es sacrilego, todo esto es comprometer con el mal ejemplo la salvación de innumerables almas. Si no tuviéramos otros argumentos para denunciar a Juan B. Montini, éste sólo sería suficientísimo para desconocer su pontificado, para denunciar sus compromisos con los enemigos de la Iglesia.

NOS HABLA CAYETANO DE LA HEREJÍA Y DEPOSICIÓN DE UN PAPA HEREJE
Algunos, con Cayetano, piensan que el Papa, que ha caído en la herejía, está sujeto a la potestad ministerial de la Iglesia en orden a su deposición, y afirman que ésta es la única excepción en la doctrina general, antes ya expuesta y explicada. Otros muchos y no menos ilustres teólogos afirman que, en esta hipótesis, no hay ya lugar a una verdadera deposición de parte de la Iglesia; el Papa mismo, al separarse de la Iglesia por la herejía, ha dejado de ser Papa —¡am depositus est— porque no puede ser cabeza de la Iglesia (cabeza visible) el que ha dejado de ser miembro de la misma. La Iglesia, lo único que tiene que hacer en ese caso hipotético, es pronunciar la sentencia declaratoria de que LA SEDE APOSTÓLICA ESTA VACANTE.
Dice Cayetano: "De modo quo Papa, propter crimen haeresis deponitur, varia est opinio. Quídam dicunt quod hoc fit propter defec tum subiecti. Subiectum namque papatus dicunt esse hominem fidelem, ac per hoc, sicut deficiente vita corporal i per mortam, desinit subiectum papatus, ita deficiente fide in illo homine, qui est papa, per haeresim, desinit subiectum papatus. Fundatur haec opinio super hoc, quod fides constituit viatorem in hoc quod est membrum Christi Ecclesiae. Huic enim adiuncta propositione, scilicet quod negatio prioris inducit nega-tionem posterioris in essentialiter ordinatis, ordine causae formalis, (quae patet inductive; si enim non est animal, non est homo, et si non color nom estalbedo, et sic de alus) subiugunt. Sed esse membrum est et esse caput, sunt sic essentialiter ordinata, quod esse membrum est prius quam quod esse caput, ut patet, quia caput oportet esse membrum, sed non e converse; quod igitur non est membrum non est caput. Et sic homo carens fide, qualis est haereticus, non est nembrum Ecclesiae, igitur non est caput eiusdem, ac per hoc, cum Papa nihil aliud sit quam caput (visibile) Ecclesiae, eo ipso quod fit sine fide, fit non Papa. Et hoc est quod sub aliis verbis ab aliis dicitur, quod cum Papa fit haereticus, ipso facto, IURE DIVINO, que fit distinctio fidelium ab infidelibus, est privatus papatu. Et quando, per Ecclesiam propterea deponitur non iudicatur, ñeque deponitur Papa, sed qui iam iudicatus est, et qui iam depositus est, dum propria volúntate translatus est extra corpus Ecclesiae, factus infidelis, declaratur iudicatus et depositus". (Tract. 1 de auctorit. Papae et Concilii).
He querido transcribir literalmente en latín las palabras de Cayetano, por temor, no del todo injustificado, de que Su Eminencia, su canciller y los Abascal y Salmerón, puedan pensar que mi traducción es inexacta, fraudulenta o, por lo menos, adulterada.
Dice Cayetano: Diversas opiniones existen sobre la manera en la cual un Papa debe ser depuesto por el crimen de la herejía. Algunos dicen que la deposición es automática, por defecto del mismo sujeto. Porque el sujeto del Papado, dicen, debe ser un hombre fiel a la verdadera religión de Cristo y, por lo tanto, asi como, faltando la vida al cuerpo físico del Pontífice, deja luego de ser Papa, porque no hay ya sujeto para el Papado; así, faltando la fe en aquel hombre, que es Papa, (de iure humano) por la herejía, deja automáticamente de ser sujeto del Papado. Esta opinión se funda en el hecho de que es la fe la que pone al hombre caminante como miembro de Cristo y de la Iglesia. A esto añaden que la negación de lo mayor induce a la negación de lo menor, en las cosas esencialmente ordenadas, por el orden de la causa formal, (lo cual se manifiesta inductivamente: si no hay animal, no hay hombre; si no hay color, no hay blancura, y así de otras cosas). Pero, el ser miembro y el ser cabeza están entre sí tan esencialmente ordenados, que para ser cabeza, se necesita ser primero miembro, como es obvio, porque es necesario que la cabeza sea miembro del cuerpo, pero no que el cuerpo todo sea cabeza. Luego, lo que no es miembro, no puede ser cabeza; y como el Papa no es otra cosa que la cabeza visible del Cuerpo de la Iglesia, por el mismo hecho de perder la fe y de dejar de ser miembro de la Iglesia, deja de ser Papa. Y esto es lo que, con distintas palabras, dicen otros: que, cuando el Papa se hace hereje, ipso facto, automáticamente, iure divino, por derecho divino, por el que se establece la distinción entre los fieles y los infieles, queda privado del Papado. Y, cuando, por este motivo es depuesto por la Iglesia, no es juzgado ni depuesto el Papa, sino el que ya está juzgado, el que ya está automáticamente depuesto, cuando, por propia voluntad, él se ha puesto fuera de la Iglesia, convertido en infiel. La sentencia de la Iglesia lo único que hace es declararlo juzgado y depuesto".

Aunque sea repitiendo, conviene hacer algunos comentarios a estas palabras de Cayetano:
1) No es contra la verdad católica, ni es motivo de escándalos, ni de excomuniones lo demuestra la misma planteación del problema por Cayetano— el afirmar que un Papa, cualquier Papa, incluso Juan XXIII y Paulo VI, puedan caer en la herejía.
2) El sujeto del Papado, es decir, las únicas personas que pueden ser Papas, son los fieles, los que profesan íntegra la fe de Cristo, sine glosa, sine nutatione, sin glosa, sin mudanza, sin interpretaciones desviadas. "Predicad el Evangelio; enseñad a todas las gentes y hasta la consumación de los siglos lo que Yo os he enseñado"; lo que Cristo nos ha enseñado, no lo que los hombres han inventado.
3) Solamente la fe hace al hombre "viator" (caminante hacia la eternidad) miembro de la Iglesia de Cristo. El que no tiene la verdadera fe de Cristo no puede ser miembro de la Iglesia de Cristo, aunque en SU CREDO, que no es el CREDO de la Iglesia, Paulo VI haga a los "separados", al menos parcialmente, participantes y miembros del Cuerpo Místico de Cristo.
4) Cuando el Papa se hace hereje, ipso facto, automáticamente, iure divino, por derecho divino, por el que se establece la distinción entre los fieles y los infieles, queda privado del Papado. Hay, pues, iure divino, una distinción completa entre los fieles y los infieles; entre el trigo y la cizaña. El Papa, perdida su fe o que no tuvo fe al ser elegido Papa, está entre los infieles y, por lo mismo, no puede ser Papa, cabeza visible de la Iglesia militante.

Aquí se plantea una cuestión, de la cual ya antes hablamos, que conviene esclarecer: Si la pérdida de la fe hace que el hombre quede fuera de la Iglesia, ¿se necesita que esa fe sea externa o basta con que sea interna! A lo que yo respondo que "aunque de internis non iudicat Ecclesia" (de las cosas internas no juzga la Iglesia —a no ser su Eminencia y su canciller Reynoso, que sí saben y suelen hacerlo) a mi humilde modo de ver, basta la pérdida interna de la verdadera fe, para que el hombre, que tiene esa desgracia, aunque sea Papa, deje de ser miembro de la Iglesia y de pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo; porque Dios sí juzga las intenciones y, aunque el hombre disimule, Dios sabe muy bien cuándo y por qué éste ha perdido la fe y ha quedado, por lo mismo, fuera de la Iglesia. Por lo que toca a las consecuencias externas y jurídicas que esa pérdida de la fe lleva consigo, me parece que es imposible que se dé, por algún tiempo, más o menos largo, el doloroso caso de tener una "SEDE VACANTE", a pesar de tener externamente un hombre que se diga Papa. Aquí está la posibilidad de las "infiltraciones" y de las "simulaciones". Aquí tenemos la posibilidad, evidente de que un cardenal, que no es cardenal, porque, en su interior no tiene la fe católica, pueda ser elegido como Papa, sin que esa elección, de iure ecclesiastico y pontificio aparentemente válida, sea de iure divino legítima , ni válida. ¿Cómo puede ser ante Dios verdadera cabeza de la Iglesia (aunque sea visible) un hombre que no es en su interior católico, sino que profesa en su corazón doctrinas específicamente opuestas a las enseñadas por Cristo; doctrinas que han sido condenadas por la Iglesia? Luego, si, hecha la elección, se comprobase después la infidelidad del elegido, seguinanse dos cosas: la evidencia de que la elección, aparentemente válida, había sido in radice inválida, por el impedimento dirimente, que el elegido no era miembro de la Iglesia, por no ser católico; y seguiríase, además, que la Sede Apostólica, aparentemente ocupada por la persona del intruso, estaba en realidad VACANTE; no habia Papa.
Otro punto importante; no pudiendo juzgar la Iglesia el interior del hombre, sí puede juzgar su exterior; sus palabras y sus hechos; y, cuando éstas y éstos no están de acuerdo con la fe tradicional, la fe apostólica —sobre todo de una manera cumulativa y pertinaz— la Iglesia puede juzgar, como ya vimos antes, al Pontífice dudoso, y si éste no se retracta, si no esclarece su posición católica, la Iglesia puede pronunciar la sentencia de que no tenemos Papa, de que la Silla de Pedro está vacante.
Pero, ¿quién es el que puede y debe hacerlo? Desde luego, todos los católicos y más los clérigos, si están debidamente preparados, puede formarse un juicio y aún externarlo, cuando hay evidencia en las objeciones dogmáticas contra los hechos y dichos del que ocupa la Silla de Pedro. La evidencia engendra la certeza. Pero, no se trata de un juicio particular, sin resultados jurídicos; se trata de juicio oficial, que esclarezca la situación y obligue al Papa a definir su fe y a actuar conforme a ella, o a dimitir.
No puede hacerlo un Concilio General, porque éste sólo lo puede convocar un Papa legítimo y porque sus decretos, definiciones y constituciones, para tener valor, han de ser aprobadas y promulgadas por un Papa legítimo. Pero, como dice Bellarmino, es evidente que la Iglesia, en estas circunstancias extraordinarias, ha de tener un medio para echar al intruso y salvar el rebaño. En estas circunstancias excepcionales, como en el Cisma de Occidente, es la Iglesia, es el clero de Roma, son los cardenales, son los obispos, son los mismos príncipes temporales los que pueden juntarse para exigir al Pontífice sospechoso de herejía, el que de una manera clara, solemne, pública, defina su posición, retracte sus equívocos y no con discursos turísticos, sino con un documento, si es preciso ex cathedra, condene la herejía y restablezca la unidad de la fe católica. Es este grupo el que puede exigir el Pontífice, de cuya ortodoxia se duda, que restablezca las censuras canónicas, reconstruya la integridad del Santo Oficio, cuya misión imprescindible y sagrada es la defensa del Depósito de la Divina Revelación. Este, llamémoslo así.
Concilio Imperfecto, no juzga propiamente al Papa ni lo depone: es el Papa el que voluntariamente y por sus compromisos aparentemente se ha puesto fuera del Cuerpo de la Iglesia; es, en estos casos, el mismo Papa, el que ya está juzgado y depuesto por el mismo Dios. La sentencia no sería sino una pública y solemne declaración como ya dijimos, de que hay SEDE VACANTE, de que no tenemos Papa. Pero esto, notadlo bien, no significa que el Papado haya dejado de existir.
Los argumentos expuestos por Cayetano, apenas si tienen algún valor para el Cardenal Billot: Se demuestra, dice, que ni por derecho divino, ni por derecho humano, el Papa hereje, está ipso facto, automáticamente privado del pontificado, por la siguiente razón: los otros obispos, si son herejes, no están, por lo mismo, ni por derecho divino, ni por derecho humano, privados de su episcopado; luego, ni tampoco el Papa. La consecuencia es clara, porque la condición del Papa no puede ser inferior a la de los Obispos. El presupuesto se prueba así: el obispo, que interiormente discrepa de la fe católica, se hace un verdadero, propio y perfecto hereje, pero no por eso está privado de su obispado. En este proceso hay dos proposiciones:
1a sólo por el acto interior queda en la categoría de un verdadero hereje; y esta proposición es evidente.
2a Este obispo, hereje interior, no está excomulgado, no ha perdido su jurisdicción, porque no puede excomulgar, ni deponer la Iglesia, a quien no puede juzgar. "De donde se sigue, dice Billot, que el fundamento de Cayetano, que para la herejía basta el acto interior es falso, y, por lo tanto, que, por un acto interior, nunca se pierde la jurisdicción". He aquí el argumento de Billot: "Por la herejía interior y oculta no pierde un obispo su poder: luego nunca un obispo hereje queda privado, ipso facto, de su episcopal jurisdicción. Luego, ni el Papa, que no es de inferior condición a la de un obispo". Pero, debemos considerar que no estamos hablando aquí de la herejía, en cuanto es pecado contra la fe, en el fuero interno de la conciencia, que sólo Dios conoce, sino simple y sencillamente de la herejía, que tiene fuerza para separar a un hombre de la Iglesia, del cuerpo visible de la Iglesia y que se opone directamente a la profesión de la fe católica. Tal herejía no es la herejía interior y oculta, sino la exterior y notoria. No hablamos aquí, en el actual caso de la Iglesia, del que ocultamente, en su interior, no cree, sino del que abiertamente manifiesta discrepar de las verdades que la fe católica impone a todos los fieles, bajo pena de eterna condenación. Esta herejía rompe el vínculo, por el cual pertenecemos a la sociedad religiosa de nuestra fe católica, y, consiguientemente, se pierde luego la razón de ser miembro de la Iglesia, con todos los títulos que esencialmente presuponen esta filiación. Puesta, pues, la hipótesis de que un Papa puede ser notoriamente hereje, sin duda debemos admitir que, por lo mismo, ¡pso facto, perdería la potestad pontificia, al salirse, por propia voluntad, del Cuerpo de la Iglesia, haciéndose infiel, como dicen bien los autores.
Aunque sea brevemente, creo conveniente tocar el punto de la "herejía" oculta, que, como hemos visto, a muchos autores no les parece razón suficiente, para la pérdida de la jurisdicción, ni en los obispos, ni el Papa. La pérdida de la fe, aunque sea oculta, no es solamente un pecado grave, por el cual se rompe la amistad del hombre con Dios; es, además, la total ruptura de todo vínculo que une al hombre con Dios. Por otros pecados, aunque sean graves, se pierde la caridad, la amistad con Dios, la gracia satificante, la filiación divina; pero por la herejía se pierde la raíz misma de nuestra justificación por Jesucristo. ¿Cómo puede, en estas circunstancias, conservar la legítima representación de Jesucristo, el que, negando la fe, rompió toda verdadera relación con El? Es verdad, como dice Santo Tomas, que la potestad sacramental del obispo o del Papa no se pierde ni por éste ni por ningún otro pecado, porque esta potestad se funda en un carácter indeleble; pero la jurisdicción, que no imprime carácter, ¿cómo puede permanecer en el que interiormente ha perdido la fe? ¿Cómo puede representar a Dios, el que ha negado por la pérdida de la fe la autoridad de Dios? Luego, pienso yo, aunque la Iglesia no pueda juzgar de internis, de las cosas ocultas en la conciencia, Dios sí puede juzgar y puede, como antes dije, deponer al que infielmente traicionó el DEPOSITUM FIDEI, el depósito de la fe, que El le había confiado. Ante Dios ese hereje interno ya no es Papa; no tiene jurisdicción alguna. El seguirá actuando como Papa; probablemente su falta de jurisdicción la suplirá la Iglesia, y los actos que de esa aparente jurisdicción puedan seguirse tendrán valor por la Iglesia, no por el papa u obispo herejes ocultos, que carecen ya de toda jurisdicción.
Piensa el Cardenal Billot, apoyándose en las palabras evangélicas: "Yo rogaré por tí, para que tu fe no desfallezca, y tú, ya convertido, confirma a tus hermanos", (Luc. XXII, 32), que la hipótesis de la herejía de un Papa es irrealizable; pero las razones, que aduce, no convencen. Tenemos, en primer lugar, que la infalibilidad pontificia, de que habla el Vaticano I, es una infalibilidad meramente didáctica, que no hacen al Papa personalmente ni infalible, ni impecable. El Papa, cualquier Papa, incluso San Pedro, después de Pentecostés, han podido y pueden errar, aún en asuntos de fe o relacionados con la fe. La actitud vigorosa de San Pablo en Antioquía, contra la actitud equívoca de San Pedro, respecto de los judaizantes, nos demuestra que el Papa, por el hecho de ser Papa, no es siempre infalible, ni personalmente impecable; que puede engañarse, aun en cosas relacionadas con la fe.
Que esas palabras de Cristo no sólo fueron dichas a San Pedro, sino a todos sus sucesores, la tradición apostólica lo demuestra, como nos dice el Cardenal Billot; pero, como el mismo purpurado reconoce, esas palabras se refieren a la persona pública del Pontífice, que enseña ex cathedra las verdades de la fe y de la moral, contenidas en el Depósito de la Divina Revelación; y no creo que haya razón alguna para aplicar esas palabras del Divino Maestro a la persona privada del Papa, como una garantía de preservación de que caiga personalmente en la herejía. El argumento de Billot nimis probat, no prueba nada. Se le da al Pontífice el cargo de "confirmar en la fe a sus hermanos". Y Cristo, que fue siempre oído por su Padre, por la reverencia que se le debe, pide por la fe de Pedro y de sus sucesores. Luego, concluye victoriosamente Billot, el Papa goza del don de una fe indeficiente. De ser así, seguiríase que el Papa, todo Papa, por el mero hecho de ser sucesor de Pedro, no sólo gozaría del don de una fe indeficiente, sino de una impecabilidad absoluta, ya que las buenas obras nacen de la fe, así como las malas obras nacen de la falta de fe. Una fe, garantizada por la eficacísima oración de Cristo, una fe viva, como parece implicar la argumentación de Billot, no podría compaginarse con el menor pecado. Pero, la historia de la Iglesia nos demuestra, con luz meridiana, que ha habido papas pecadores, muy pecadores; luego ha habido papas, cuya fe ha sido deficiente. El mismo Pedro, después de la oración de Cristo, tuvo sus debilidades en la misma fe, como nos lo da a entender el mismo Cristo "y tú, ya convertido, confirma en la fe a tus hermanos". Luego supone Cristo que la fe de Pedro ha de desfallecer, puesto que afirma que ha de convertirse, para confirmar en la fe a sus hermanos. La oración de Cristo, ¿es para que su fe, la fe de Pedro no desfallezca o para que, después de desfallecer, Pedro se convierta? Si afirmamos lo primero, tendríamos que decir que la oración de Cristo no fue oída, pues la fe de Pedro, desfalleció. Si afirmamos lo segundo, tenemos que afirmar que la fe de Pedro y de sus sucesores puede desfallecer y que, la oración eficaz de Cristo alcanzará las gracias necesarias para la conversión a Pedro y a los sucesores de Pedro, sin que, por esto, podamos afirmar que esas gracias harán infaliblemente cierta la conversión de Pedro y de sus sucesores, ya que está de por medio la libertad del hombre.
¿Ha confirmado el Magisterio del Papa Montini la fe de los católicos, o, por el contrario, ha servido para crear la confusión, para hacer desfallecer o perder la fe de muchos, muchísimos en el pueblo católico? ¿Podemos decir que esa tolerancia con los más graves errores y los más graves pecados ha sido el fruto de la oración de Cristo? ¿Podemos admitir que la supresión del Santo Oficio, de las censuras canónicas, del augusto Sacrificio del Altar ha sido el fiel cumplimiento del mandato de Cristo, para que Paulo VI confirme en la fe a sus hermanos? ¿Podemos pensar que ese "ecumenismo" traicionero y entreguista es también el fruto de la oración del Señor? ¿Podemos compaginar las evidentes contradicciones de la Iglesia preconciliar y la Iglesia postconciliar con la confirmación en la fe, impuesta por Cristo, como el mayor deber, a todos los sucesores de Pedro? ¿Confirmó en la fe a los obispos y a los sacerdotes Paulo VI cuando suprimió el "Juramento Contra el Modernismo", impuesto por San Pío X, cuando eliminó también la "Profesión de Fe Tridentina", cuando hizo a un lado las preces leoninas, que, después de la Misa, rezábamos los sacerdotes con el pueblo? y todo esto en las circunstancias más angustiosas para la Iglesia.
Pero, sigamos comentando la argumentación del Cardenal Ludovico Billot, para probar con las palabras de San Lucas la imposibilidad absoluta de que un Papa puede caer en la herejía: "Yo rogué por tí, para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos". "At cui, quaeso, impetratur? ", ¿para quién pide? pregunta el Cardenal. An personae abstractae et metaphysicae, an potius personae reali et viventi, a qua esse debet confirmatio caeterorum? ¿Por ventura pide esto Jesucristo para una persona abstracta y metafísica o, más bien, para una persona real y viva, por la cual han de ser confirmados en la fe los demás? Y nota que, aunque el pontífice cayera en una herejía notoria, aunque ipso facto perdiese el pontificado, sin embargo, antes de perder la potestad, debería caer en la herejía, y, por lo mismo, la defectibilidad de la fe siempre podría asociarse con el oficio de confirmar en la fe a sus hermanos, lo cual la promesa de Cristo parece excluir enteramente".
Esta salida del Cardenal es, salva reverentia, un enorme sofisma: es evidente que, mientras el pontífice no pierda la fe, tiene la potestad y el mandato para confirmar en esa misma fe a sus hermanos; pero, perdida la fe, a no ser que se convierta, ya no puede confirmar en la fe a sus hermanos. La oración de Cristo es, en cierto modo condicionada, supone la voluntaria correspondencia de la voluntad libre de Pedro a la gracia que Cristo, con su oración, le alcanza. La oración de Cristo tiene toda la eficacia, porque obtiene la gracia necesaria para la conversión, pero esa eficacia no es determinante, sino suponiendo la libre correspondencia de la voluntad humana. En la Cruz pidió Cristo por todos el perdón, en su primera palabra; y, sin embargo, de los dos ladrones con El crucificados, sólo uno alcanzó misericordia, porque sólo uno respondió a la gracia redentora. No creo que la oración de Cristo por Pedro y sus sucesores haya sido predeterminante, asegurando para ellos una infalibilidad constante, incompatible con una equivocación, con un error aún en asuntos de la fe, excepción hecha, no por mí, ni por ningún teólogo, sino por el Vaticano I al definir el dogma de la infalibilidad didáctica del Pontífice, supuestas las cuatro condiciones de la definición conciliar.
Ni veo dificultad alguna para afirmar lo que, a continuación, nos dice el Cardenal Billot como absurdo: "¿Se puede decir indefectible una fe, que no puede errar, que es didácticamente infalible, cuando nos define lo que todos los fieles debemos creer como cosa de fe y que, sin embargo, personalmente puede sufrir naufragio en la fe?" La ¡ndefectibilidad pontificia está ordenada a la "inerrancia" de la Iglesia, no a beneficio personal del pontífice, que, como individuo, tiene que ganar, con su fidelidad, su salvación eterna. No veo ninguna incompatibilidad entre los errores y herejías particulares y aún públicas de un Papa con el carisma de la "infalibilidad didáctica", que en su Magisterio ex cathedra tiene prometida por Jesucristo. El argumento de Billot es éste: semel bonus, semper bonus, algunas veces (en las condiciones que definió el Vaticano I), el Papa es infalible, luego siempre tiene que ser infalible, luego no puede equivocarse, no puede caer en el error.
Ciertamente son gravísimos, como ya lo estamos viendo, los males, que se siguen de los errores de un Papa o de un Concilio. Pero, debemos tener en cuenta que Dios, que, en el orden natural, respeta la libertad humana, no porque quiera el pecado, sino porque, según la economía de su Providencia inescrutable, El pide la cooperación de nuestro libre albedrío y la fidelidad a sus auxilios divinos. Así Dios, por el don gratuito de la "infalibilidad didáctica" garantiza la enseñanza oficial de su Iglesia, la preservación del Depósito de la Divina Revelación; pero, en su divina Sabiduría, en su Justicia infinita, pide tembién la personal cooperación del hombre, que es Papa, para que pueda alcanzar él su eterna salvación. La elección papal, ya lo dijimos, no hace al Papa personalmente ni impecable, ni infalible, ni predestinado para el cielo. El don de la "infalibilidad didáctica" garantiza a la Iglesia, pero no grantiza personalmente al Papa, como quiere Billot.

EN CUALQUIERA DE ESTAS DOS HIPÓTESIS, LA CONCLUSIÓN ES LA MISMA: NO TENEMOS PAPA
A medida que el tiempo ha pasado y los acontecimientos se han seguido, las dudas sobre la legitimidad del pontificado de Juan B. Montini han crecido, se han hecho más públicas y más convincentes, en todo el mundo. ¡Jamás un Papa verdadero se hubiera atrevido a hacer y decir, en las cosas esenciales de la fe, lo que Paulo VI ha hecho y ha dicho, con una habilidad indiscutible, con la que finge defender la verdad, que él mismo está conculcando y negando con sus hechos. No podemos pensar que Paulo VI, ni el Episcopado del mundo entero ignoren las cosas que están pasando. Y, si sabiéndolas, no ponen el remedio, si dejan que el derrumbe siga adelante, ¿quiénes son, ante Dios, ante la Historia, ante sus propias conciencias los verdaderos responsables de tan tremenda tragedia?
Supongamos que el Papa Montini, al tiempo de su elección, era un sincero católico, un tradicionalista verdadero; supongamos que su cambio se desarrolló progresivamente por las presiones, por los compromisos, por las influencias de las personas que le rodean; en tal caso, vuelvo a preguntar: ¿está a salvo todavía su fe católica? si la ha perdido, ¿sigue siendo Papa? Y, si no la ha perdido, si por debilidad está tolerando pacientemente la subversión más espantosa dentro de la Iglesia, ¿no es todavía mayor su responsabilidad y su culpabilidad? Porque es pueril, es inadmisible querer exonerarlo de toda responsabilidad y de toda culpa, diciendo que él ignora lo que en la Iglesia está pasando.
¿Podemos todavía seguir pensando con el cardenal Billot, que la legítima elección, que como hipótesis, nada más como hipótesis concedemos, de Juan B. Montini para el pontificado y la pacífica aceptación de la Iglesia sigue siendo una señal infalible de que él es un verdadero Papa, la roca inconmovible, el fundamento de la Iglesia, el principio de unidad, de cohesión, de estabilidad de la Iglesia? Ante el desastre que vemos, ¿no es ésta una veidadera "papolatría", un culto indebido al hombre sobre Dios mismo?
Pero, hay que tener en cuenta que en la Iglesia nunca ha existido esa universal adhesión a Paulo VI. Desde su elección hubo muchos prelados, sacerdotes, fieles y hasta príncipes de la Iglesia que vieron con temor y con zozobra el viraje peligroso que el Vaticano estaba dando hacia la izquierda, hacia el comunismo nihilista y pulverizador. Y ese malestar, esa inconformidad, esa inquietud, esa desconfianza han seguido creciendo de día en día, desde que el Papa Montini tomó en sus manos el timón de la Iglesia. Sólo los inconscientes o los comprometidos siguen todavía esperando el prometido "Pentecostés" y la "nueva primavera" de la Iglesia. Una sola voz autorizada, que tuviese el valor para hablar claro, en alta voz, lo que se comenta en los corrillos de las sacristías o en las charlas íntimas de los eclesiásticos, que no han claudicado, que lloran, tal vez, en silencio, la tragedia espantosa de nuestra Iglesia, sería bastante para que la protesta cundiese como pólvora por todo el mundo y exigiese la libertad de la Iglesia, ahora esclavizada por sus enemigos, que, infatigablemente están "abriendo abismos" y están haciendo la "demolición" de la Iglesia Católica.
¡No prevalecerán! , lo sabemos; el triunfo final no será de ellos; pero, mientras tanto, la fe se pierde en muchas almas; la juventud y la niñez crecen desviados por los caminos de la perdición, emponzoñados por los mismos sacerdotes y monjas o Hermanos, a los que sus padres habían confiado la educación cristiana de sus hijos. ¡Esto es criminal! ¡Esto es intolerable! ¡Esto es una promoción satánica, para arrastrar a las nuevas generaciones a engrosar las filas de los demoledores!
Como lo indiqué en mi libro "LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA", yo divido a nuestras jerarquías, y divido al clero, y divido a los católicos en general en tres grupos manifiestamente distintos: al primero —muy numeroso, por desgracia— pertenecen todos aquellos, que han perdido, si alguna vez tuvieron, la fe. No creen en nada; buscan tan sólo su carrera; llegar a ser obispos, y, si es posible, ¿por qué no? , a ser cardenales —la ambición de su vida—; buscan su posición social, sus intereses económicos: el "apostolado-negocio", no el "negocio del apostolado" de los colegios, de las universidades católicas, en donde, a precios elevados, se da, muchas veces, una deficiente educación a los hijos de los ricos. Al segundo grupo le falta cabeza, para darse cuenta de la tragedia, para darse cuenta de lo que está sucediendo. No tienen la ciencia y, aunque ven que las cosas andan torcidas, con una obediencia absurda que los tranquiliza, dejan a Dios las cosas, para que El nos dé la solución debida. Este grupo hace mucho daño, por el chantage de la "obediencia", que "opportune et importune, predican a todas horas y en todas partes. Y, finalmente, al grupo más numeroso le faltan "pantalones", les falta valor para defender sus creencias. Saben muy bien lo que está pasando, pero no quieren problemas, no desean tener conflictos con sus prelados; no quieren "ser excomulgados" o "suspensos"; no quieren perder sus prebendas o sus puestos de mando. El fenómeno es curioso, lamentable, increíble, pero, por desgracia, muy frecuente y muy humano. Es la confirmación de la verdad psicológica que encerraba la célebre frase del antiguo caudillo de la Revolución Mexicana y Presidente de México, Alvaro Obregón, que decía con gracia: "No hay general, que resista un cañonazo de cincuenta mil pesos". ¿Verdad que sí, Luis Reynoso Cervantes?

UNA PRUEBA QUE CONVENCE
Para dar cierta variedad a la lectura de este libro y para confirmar la responsabilidad de la jerarquía católica, incluyendo al Papa Paulo VI, en la actual "demolición" de la Iglesia, voy a copiar y comentar aquí un documento, recientemente llegado a mis manos, que tiene un valor incalculable —casi tan grande como los documentos del Cardenal Tisserant— que nos delata la corrupción que hay en la Iglesia, o mejor dicho, en la Compañía de Jesús, sin que haya nadie que se anime a levantar la voz de protesta para exigir un pronto e inaplazable remedio, que no puede, en el presente caso, ser otro que la supresión inmediata de esos seminarios, que están en manos de los jesuítas. Helo aquí:
"DESPEDIDA DE MOCTEZUMA: 14, 15, 16 de mayo de 1972. A la IX Generación". —Asistimos unos 80 Ex-alumnos (sacerdotes). Nuestra IX Generación estuvo representada por 9: Juan Arteaga (Méx.), Rafael Chávez (Mor.), Carlos Díaz (Mat.), Jorge Hope (Ags.), Mauro Iñiguez (Zac), Salvador Michel (Guad.) José Ma. Ruiz (Cuern.l, Domingo Sedaño (Cuern.), y Simón Trujillo (Guad.). Predominamos los FUNDADORES.
Domingo 14: recorrimos todas las dependencias: La Capilla con su Morena, los corredores, las "vías", el torreón, etc. Nosotros, los de la Generación IX rodeamos el Filosofado, la clase de 2o; vimos la Gruta, subimos la escalera... LATINOS FUNDADORES: desapareció el LATINADO... Pisamos los campos de juego; bajamos al Panteón... ¡ALLÍ ESTA... Papá Fernández...! En el Comedor -12 n.m. fue la bienvenida. El rector comenzó a remarcar que nosotros los visitantes veiamos "cambios" en los alumnos actuales... hasta parecemos sospechosos los "seminaristas...", que los cambios nos chocanan... A tanto insistir... nos vimos contrapuestos. ... como una "vieja ola"... a la "nueva ola". El presidente de la UGESM, el P. Salvador Michel respondió a la "bienvenida": "Vinimos a dar gracias a Dios y a los obispos mexicanos y norteamericanos... de parte de todos los montezumenses... Somos 1.500 sacerdotes... Somos fuerza. . . Somos la quinta parte del clero mexicano. Por Montezuma fue posible la unidad nacional del clero nacional..." Aludiendo a la "vieja y nueva ola" recordó que "también nosotros fuimos último modelo". A las 5.30 p.m. fue la Misa concelebrada: todos los visitantes y los "jesuítas". Presidió el Rector. A las 8 p.m. Panel para hablar de las razones del cambio de Montezuma, N. M., Estados Unidos de América, a Tula, hidalgo, México. El Rector dice que el cultivo de la Vocación al Sacerdocio exige "modalidades nuevas", que correspondan a la "revolución cultural presente". La idea con la palabra "cultura" dio lugar a cotorreo (Comentarios). . .
Lunes 15: 9 a.m. Convención de la UGESM. Por voto unánime, debe continuar la existencia de la UGESM... (Hace tiempo que flota la idea... de que... ¿para qué sirve... si no nos llegan beneficios de ella? ). Pero se hizo un nuevo examen, estimulados por los tiempos nuevos... Han de pertenecer a ella los que se comprometan formalmente al Plan de Servicios. Ya tendremos la información al respecto. En la comida —12 p.m.— se honró al P. Francisco Javier Garibay por sus 50 años de jesuíta y al P. Angelo Savarino Maruchi..., el MAESTRO, por sus 50 años de sacerdote.
(A salud de Udes. y para despedir por Uds. al Hermit's Peak. . . Hope, Chávez, Ramires —humorista, el hombre que nació sin FOMES... Rafael Hernández, LA RANA, -León, Gto.- subieron hasta la cima y desde ahí despedimos al Truchas Peak, el manantial del Hermit's, los peñascos, la bajada, el Porvenir, las cañadas, las presas... todo queda allí... A las 5.30 p.m. Misa concelebrada; fue al rededor de la Virgen Blanca, Recién ordenados subdiáconos, rezamos ante ella... los primeros oficios... Y, después de la cena, el fut del recuerdo... Michel metió un gol de aire... monumental... —todavía no se sabe si fue "condición" o el chíripazo del siglo... En el partido del basket faltó el "formativo" de Carlos Díaz. A las 8.30 p.m., en el comedor "admiramos" al conjunto "La Fauna", cuatro teólogos jesuítas con melenas, barbas, vestimenta ad hoc. El jesuíta Enrique Maza García, les presentó. Dijo que éstos "evangelizan" en estos cambios... con la "música" monótona, estridente, con los gritos epilépticos del baterista... con "ideas de amor y paz, de injusticia y. . . ya estamos saturados de cambios, sobre todo con los cambios de los "seminaristas", con las "tías" y las "primas"... echando mucho "love and peace". Con esa indigestión, ya no aguantamos el "diálogo" con los "actuales".

Martes 16: Las sesiones de la Convención se desarrollaron con creciente interés. Se fijaron OBJETIVOS a la UNION NACIONAL. Quedaron elegidos los responsables de los diversos SERVICIOS. Se aprueba ofrecerles un paseo por la República a las Madres de Montezuma. Y, por mayoria de votos, quedó elegido el nuevo EQUIPO director de la UGSM, y EMIGDIO VILLARREAL como presidente (Apart. Post. 60, Colonia del Valle, Monterrey, N. L.). -A las 5 p.m.) Panel para hacer cuentas en dólares sobre lo gastado en 35 años; que cada uno de nosotros costó lo que vale un "pontiac de altura": 3.000 dólares. El arzobispo de Santa Fe no pudo asistir a la cena en su honor. En la última Misa concelebrada, habló el P. Nicanor González (Nica) y Manuel Enriquez (Tepic). El acto final fue la "fogata". Sin programa, desmadejado. Pero habló Jorge Hope: con hondo sentimiento describió el auténtico Montezuma, el de la ciencia, el de la piedad, el humano, el romántico. Fue destacando nombres de AQUELLOS JESUÍTAS EGREGIOS. . . que FORMARON SACERDOTES para la Iglesia, para México... El cielo era nitido, las estrellas eran pequeñitas, lejanas... hacía frio... nos vimos allí por última vez los que compartimos un espíritu y somos un mismo cuerpo... sí, algo distantes de aquellos "seminaristas" actuales... Nos pusimos de pie para entonar las golondrinas, las yucatecas... Y ¡Adiós! ¡Adiós a un pasado —que CONSTRUYO un presente sólido—! lanzado a un porvenir jubiloso y heroico.
Miércoles 17: enfilamos hacia nuestra casa. Algunos llevaron su transporte propio. El autobús de la Alteña se desprendió a las 6 a.m. de aquella Casa Solariega, estuche ahora lejano —de sueños, de proyectos, de sacrificios, de vidas... Pasamos frente a Papá Fernández... le dijimos: "hasta pronto: échale más carga a Dios por nosotros..." Al doblar la peña de los suspiros... no pudimos evitarlo: allí fue la última vez que vimos a Montezuma, así, en la penumbra de mañana, para entrar en el horizonte de lo memorable; pero también en lo vigorizante del alma. Por último, la mirada postrera al Rancho, a Los Vigiles, donde algunos enseñamos catecismo... Las Vegas... y ya no había qué contemplar".
Y, después de esta descripción de! programa de esos tres días, que respira calor, ideales y gratitud, viene otra carta "CONFIDENCIAL":
"Lo siguiente es una información. Úsenla para utilidad, conforme a su recto criterio. Para esta información, recuerden que asistimos unos 80 Ex Alumnos y que fuimos TESTIGOS DIRECTOS.
Completamos lo que vimos con datos de los mismos "seminaristas", de la gente que los ha tratado asiduamente. Todo es objetivo, comprobable, demostrable.
"En Montezuma actual, no hay oraciones, meditación. Misa común, rosario, visitas al Santísimo Sacramento. No oye uno hablar de Dios, de la Iglesia, del Apostolado, de las almas. Desapareció el ambiente de piedad, de reverencia a lo sagrado. Ni jesuítas, ni alumnos visten sotana. El ambiente actual es el de una institución laica, mundana, naturalista, Las conversaciones versan invariablemente sobre temas temporales, profanos, superficiales, con caracteres demagógicos. La cultura humana se manifiesta de baja calidad. La intelectual, es variable en calidad, pero hasta un nivel de información acorrientada. Los chistes entre ellos son burdos, grotescos, bajos. Hacen alusión de carácter sensual, sexual y hasta homosexual. En las salas, estudios o dormitorios tienen posters (cartelones: cuadros de guerra, de personajes artistas, hippies, de mujeres semi-desnudas o desnudas. Hay signos hippies. Su lenjuaje es agresivo, de oposición, de contradicción, egoísta, condenatorio, individualista. Vemos rostros de gente con hastío, fatigada, indiferente, pasiva, desconfiada, resentida. Manifiestan vivir un desarrollo en un ambiente artificial, impositivo, insatisfecho, tenso. No ve uno personalidades libres; sino víctimas de un encuadramiento ajeno. No oímos hablar de ideales espirituales, sobrenaturales, apostólicos. Ningún entusiasmo por las artes. Las composiciones literarias, las poesías, la música bajaron a lo mediano, a lo mecánico, a lo pedestre. Se manifiestan infatuados, distantes de nosotros, encastillados en sus actitudes. El aseglaramiento es patente... tanto en "superiores" como en alumnos. Cualquiera mujer puede entrar al seminario, a cualquiera dependencia, a cualquiera hora. Las "tías" y las "primas" son jóvenes o adolescentes, "amigas" de los "seminaristas". Pueden entrar a los dormitorios, sentarse a comer, salir, de los dormitorios a la UNA Y MEDIA de la mañana. Los vimos en Las Vegas —a donde pueden ir cuando quieran, con tal de "avisar" saludando con los dedos en V, como hippies. Frecuentan cines, centros nocturnos, burdeles. Uno de nosotros se cachó a un "teólogo" con una muchacha, que tenía un niño en sus brazos. La muchacha le decía a él: "ESTE NIÑO HA DE SER TUYO". Por testimonio de las mismas gentes, que siempre han reconocido a los "padres" de Montezuma, el Seminario está convertido en escándalo para las Vegas y para los pobladitos aledaños al mismo Seminario.
En los edificios hay capillas con reserva del Santísimo Sacramento. Allí "celebran Misa". Los "jesuitas" sacerdotes NO usan ornamentos. En camisa, en camiseta sport, con presencia de mujeres, "consagran" GALLETAS SODA, comunes y corrientes. Dos compañeros nuestros comulgaron (¿) con esas galletas. A veces "celebran la Misa" en los mismos dormitorios, sentados en las camas. Oímos burlas para la liturgia... "que anda de la patada".
En la fotaga del martes 16, mayo, 1972, vimos a corta distancia verdaderos romances entre alumnos y pochitas (mexicanas de gente humilde, nacidas en los Estados Unidos). Allí estaba el rector y los "superiores" viéndolo todo. Los mismos "jesuitas" tomaban parte en las guasas a las muchachas. Una pareja se aventó a bailar una polka. La muchacha era una gordita, blanca... El señor... era un señor alto, peludo, con patillas abultadas, con camisa de colores, con una mascada de colores al cuello, pantalones acampanados, zapatos combinados. "ERA UN SACERDOTE JESUÍTA". Después lo estábamos contemplando en grandes poses con la gordita, a metro y medio. Los "jesuitas" ya no visten sotana; visten en su mayoría sin saco. Sólo para esperar al Arzobispo de Santa Fe, vimos al rector y a los "padres" con traje negro y corbata. No se distinguen de los "formandos". Anda un "jesuíta" con barbas, con su medallón hippie, suéter sport. A otro, los alumnos lo llaman el "hippie". Hay uno de los "formadores" que trata a sus "formados" a "puras madres", a puro lenguaje de carretonero. . . y los alumnos lo tratan Ídem. . .
Udes. reflexionen. Nosotros convenimos en INFORMAR: a la Delegación Apostólica de México, a la Presidencia del Episcopado Mexicano, a los Obispos que tienen seminaristas con estos "jesuítas", a los padres de familia de esos seminaristas y a todos los Montezumeses. Es decir: se hará un Memorándum como mera información. Seria el primer acto de parte nuestra. Cumplo, conforme al encargo que me han dado, pasar a Udes. estos datos. Queda a disposición de Udes esta información, para que activamente propongan su parecer sobre la situación del Montezuma que aquí "continúa" y los medios pertinentes para modificar lo que Udes. vean que ha de modificarse. De Udes. afmo. s.s. P. Rafael Chávez Calderón. —Las Fuentes 17, México (22). D. F. Teléf.: 5-73-29-38.
"Dentro de poco tiempo podré anunciarles el lugar y la fecha de la 1a. Reunión de nuestro Grupo. Atte.

¿Qué comentarios merece ese "confidencial" documento, escrito por un sacerdote de espíritu, que puede testificarse por 80 sacerdotes mexicanos? ¿Qué pensar de esos "educadores", de esos "falsos jesuítas", a quienes las diócesis de la República Mexicana habían entregado sus mejores alumnos para que recibiesen la prestigiada "formación" de la antigua Compañía de Jesús? ¿Ignoran, por ventura, nuestros prelados, ignora Roma esa degeneración, ese mayúsculo escándalo, ese asqueroso truco, que los "jesuítas de la nueva ola" están haciendo con los futuros sacerdotes de nuestro país? Más interesa al Vaticano y a nuestra jerarquía, según parece, "el cambio de estructuras", la "revolución social", "la revolución cultural", que la formación trascendental de los futuros salvadores de almas! ! !
Este documento es desgarrador; es sintomático, gravemente sintomático. Parece una descripción apocalíptica; una página dantesca, en donde la desacralización llega a sus lógicos y espantosos resultados. ¡Carne y lujuria, en vez de espíritu y de sólida piedad! ¡Mundo corrompido, en vez del plácido oasis, que todavía hace muy poco tiempo eran nuestros seminarios conciliares! ¿Qué dice el P. Provincial Don Enrique Martín del Campo? ¿Qué opina Su Eminencia Reverendísima? ¿Qué hacen nuestros prelados postconciliares, que hacen veladas fúnebres para exaltar a Benito Juárez, a quien hace un siglo condenaron con la mayor energía y las censuras más enérgicas? ¿Es esta la nueva primavera, el nuevo Pentecostés, que nos habían predicho? ¡No! ¡Mil veces, NO! No podemos callar; no podemos hacernos cómplices de esos criminales con nuestro silencio.
El "complot" es completo, certero, teledirigido, para asegurar, en cuanto humanamente sea posible, la desaparición del clero, la eliminación de los cada día más escasos operarios de la Viña del Señor. Si esos infelices jóvenes, que fueron al Seminario con una generosa y resuelta vocación, pudieran, seguramente volverían atrás sus pasos, ya que para ellos todo está en peligro: fe, moral, religión, incluso su mismo porvenir temporal y eterno. Los obispos callarán, siguiendo el ejemplo de su Eminencia Don Darío, cuando se trató del "¡mprímatur" al libro de Porfirio Miranda y de la Parra o cuando acaeció la sacrilega profanación de la Insigne y Nacional Basílica de la Reina y Madre de los mexicanos, Santa María de Guadalupe. Si es necesario, el padre provincial negará los hechos o tratará de explicarlos con astucia jesuítica; pero, son muchos los testigos. El documento es un "YO ACUSO" terrible contra esos perversos corruptores, que hoy gobiernan el Seminario de Montezuma, en su agónico período de existencia.