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jueves, 10 de octubre de 2013

La "Nueva Moral de Situaciones” y la "Nueva Iglesia" del Vaticano II



Dr. Homero Johas

     En la Alocución de Pio XII, del 18 de abril de 1952, a la Federación Mundial de las Juventudes Femeninas Católicas, vemos como la "Nueva Mo­ral", individualista, alcanza de modo directo la doctrina universal de la Fe y de la Moral católica. "Ella está tan fuera de la Fe y de los principios católi­cos que, hasta un niño que conoce su Catecismo lo ve". La Moral depende de la Fe; donde: "los desvíos morales terminaran por corromper la Fe. Así muere la Fe."
     La cosa central de la "Nueva Moral" es el rechazar las leyes morales universales, las cuales se fundan en las normas universales de Moral na­tural, insertada en la consciencia de todos, y en las doctrinas de la fe universal cristiana, válidas para todos los hombres, y para todos los tiempos, y en la Revelación Cristiana.
     El Vaticano II adopta integralmente ese Individu­alismo ético y, no sólo eso, sino que se extiende también a la Lógica racional y a los dogmas de la Fe cristiana procedentes de la autoridad divina. Profesa:
     "Cada uno con su verdad", con "su fe", con "normas propias", "sometiendo a Dios a su derecho", por "criterio propio", "por sentencia del propio espíritu", por "juicio propio".
     En esa "Nueva Moral" coloca cada uno su "yo" personal ante el "yo" personal de su "dios", "sin intervención de ninguna ley, autoridad o culto. O hace una abstracción de Dios, o niega al único Dios verdadero, universal, Legislador y Maestro de todos los hombres".
     También el Vaticano II es "eminentemente individual", no sólo en las "normas propias" de la Moral, sino también en las verdades lógicas de la razón y en las verdades cristianas de la Fe. Cada uno ahí tiene su "derecho propio", individual y libre, "sin distinción por razones reli­giosas", entre los que rinden culto al único Dios verdadero y los que, en la idolatría, rinden culto a todos los falsos dioses. 
     También el Vaticano II rechaza al "Dios de la ley", con sus mandamientos divinos inscritos en la razón na­tural, en las tablas de la ley mosaica, con los preceptos dados por Cristo y por los ministros fieles de "su Iglesia". Cambia la Iglesia de Cristo por otra "nueva", inventada por los ateos, "sin diferencia" entre lo verdadero y lo falso; lo bueno y lo malo; los santos y los réprobos.
     Tal "Nueva Moral" se funda en una "jerarquía de valores" en la cumbre de la cual no está la autoridad divina del único Dios verdadero, sino los "valores mas elevados de la personalidad humana", colocados encima de Dios. Ella obra no según las doctrinas y leyes de Dios, sino: "en favor de los valores de la personalidad", "aunque muchos son contrarios a los preceptos divinos". "La consciencia individual es ahí mas importante que el precepto o la ley de Dios". "Es activa y productora de la ley y no pasiva y receptiva de la ley de Dios". Ahí, como en el Racionalismo absoluto, el hombre es "su propia ley", sin atención a Dios (D.S. 2903).
     En el Vaticano II ese "valor de la personalidad humana" es elevado "encima" de Dios. Su libertad en materia religiosa se funda en la "dignidad de la persona humana"; "Dios lleva en contra" el arbitrio individual de cada uno. La persona es colocada, libre, encima de Dios y, en un "nuevo humanismo" se instituye el "culto del hombre", "transcendente al orden terrestre y temporal de las cosas".
     Esta "Ética de situaciones" es eminentemente evolutiva; se muda conforme cada situación concreta. Y el Vaticano II quiere la doctrina evolucionando con "nuestro tiempo", "con los hombres de la época pre­sente", con su libre arbitrio "transcendente al orden terrestre y temporal de las cosas". Esto es universalizar el Liberalismo, el Individualismo, el Humanismo, el Relativismo, el Naturalismo, el Agnos­ticismo. Así: "cada uno está obligado a seguir su consciencia" y no los dogmas y leyes divinas. Cada uno "se auxilia a si mismo" por el "diálogo" con los otros hombres y no por el Magisterio dogmático y universal de la Iglesia; no por la "Fe uni­versal común a todos" (D. S. 639). Cada uno tiene "asentimiento personal" a "su verdad", a "su fe", a su "dios" individual y libre; a sus "normas propias", venidas de "su mente". Tal verdad no viene del Magisterio universal de la Iglesia y de la Revelación divina; viene de la "libre inquisición" personal, "conocida por la razón humana", "por la mente de los hombres", con un "fermento evangélico operando en ella durante largo tiempo". Seria "injuria al hombre" negar ese "orden establecido por un falso dios para los hombres".
     Esta "Nueva Moral" es regida por la "consciencia" individual de cada uno. El Vaticano II predica el "derecho de cada uno a seguir su consciencia", "sin diferenciar por razones religiosas", si verdadera o falsa, subordinada o no a la autoridad del verdadero Dios. Cada uno debe "ser conducido por su propio criterio" y la propia libertad individual "vincula la consciencia del hombre", sin "coacción" de la autoridad del verdadero Dios y del ministro de Dios, en la Iglesia y en el Estado. El hombre vincula al hombre por su libre arbitrio y opinión individual.
     Es claro y evidente que el Vaticano II está contra la autoridad del único Dios verdadero y de su Iglesia; "contrario a los preceptos divinos" y a las leyes de su Iglesia. "Valoriza al hombre y no a Dios, "se valoriza a si mismo hasta despreciar a Dios; según el "juicio propio", subvertido, del herético, condenado por Dios (Tit. 3, 10-11). "Esta enteramente fuera de la Fe y de los principios católicos".
     La ley divina, universal, vale para todos los tiempos, todas las situaciones, para todos los "casos" individuales. Ella obliga a obedecer a Dios en "cualquier situación" y, con una "lógica concluyente", genera "plena certeza" sobre la decisión a tomar. Los "Mártires recordaron eso"; en cualquier situación, para salvar a alma, es necesario sacrificar hasta la vida propia, en las situaciones adversas. Cristo es el Señor en todas las épocas, para todos los hombres, de todas las razas, culturas y países. Esta es "responsabilidad personal” del cristiano, sobre cualquier otra sentencia, de cualquier ser humano. Obedecemos no al hombre, sino a Dios y a los que son verdaderos ministros del verdadero Dios y no a los que están contra Dios.
     No existe y nunca existió mayor peligro para la Fe, como el de la falsa "nueva iglesia católica", fundada en el hombre sin Dios. Ella viene a corromper la Fe, a hacer morir la verdadera fe universal de todos.
Traducción:
R.P. Manuel Martínez Hernández.

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