lunes, 30 de junio de 2014

SAN IGNACIO DE LOYOLA (11)

Capitulo Noveno 
(Segunda parte)
EL MAESTRO DE ARTES DE PARIS 
(Febrero 1528 a marzo 1535) 
     ¿El nuevo licenciado llegaría a tomar también el birrete de Maestro de Artes? Aquello era una cuestión de dinero. En la historia de la Universidad, en el capítulo de abusos, los gastos hechos o exigidos con ocasión de los grados se mencionan frecuentemente. Los reformadores, las asambleas de la Nación de Francia, los Consejos de la Facultad de Artes constatan, reprenden, prohíben u ordenan. La dureza de los bedeles, la ambición de los regentes, las turbulentas exigencias de los escolares rompían las barreras de los reglamentos; en manos ávidas se mantenían los regalos, los banquetes y los gastos acostumbrados, a un tipo ruinoso para los estudiantes pobres. Desde el bachillerato, Iñigo de Loyola había interrogado al profesor Peña para saber de él, qué conducta había de seguir, dada su firme voluntad de vivir como un pobre diablo (39). Peña debió decirle, que era difícil pedir una excepción para un estudiante que no era religioso. Porque en los términos del reglamento, los “martinetes” mismos tenían su cuota señalada; lo mejor sería pues seguir la manera común. Quizás Peña dio su consejo acompañado con algunas palabritas dichas al Procurador de la Nación de Francia; porque en estas materias, los procuradores tenían un poder discrecional previsto por los estatutos (40). A pesar de lo cual las propinas a los bedeles, los derechos de cancillería por las letras testimoniales, los regalos a los regentes, que lo habían preparado a los grados, la nota a pagar por los dos banquetes de la elección, y por el banquete de la licenciatura, vaciaron la bolsa de Iñigo de Loyola y le obligaron a pedir prestado. El 13 de junio de 1533, escribía a la generosa Inés Pascual: “en esta Cuaresma he tomado el grado de maestro (es el de la licenciatura de lo que habla) y por eso he gastado en cosas inevitables mas de lo que podía mi bolsa y exigía mi condición, de manera que me he quedado agotado. Será muy necesario que Dios Nuestro Señor venga en mi ayuda” (41). 

REINA Y MADRE

LOS PROBLEMAS DE LA MODERNA MARIOLOGIA
I. — NECESIDADES APREMIANTES DE LA LITERATURA MARIANA CONTEMPORÁNEA

     Se escribe mucho sobre la Santísima Virgen, pero, según frase de un ilustre monólogo contemporáneo, «la calidad está muy lejos de igualar a la cantidad». Existe una tendencia muy generalizada de dar el predominio al corazón y al piadoso deseo de encumbrar a María, con mengua del estudio y utilización de las dos fuentes primarias de toda teología digna de este nombre: la Biblia y la Tradición.
     Satisfechos con la idea de que la Maternidad de María tuvo por término a Dios y que nada hay más grande que Dios y de que a la Madre de Dios nada puede negarse, muchos se creen con derecho a reclamar para Ella cualesquiera prerrogativas, gracias y privilegios, sin necesidad de ir en busca de nuevos argumentos a las fuentes primarias de la Revelación. Alegan, es verdad, algunos textos de la Escritura, pero tales, que hacen la impresión de que los citan por citarlos. Se diría que comparten la idea protestante de que la Biblia es desfavorable a María y de que resulta peligroso para los católicos recurrir a ella (Véase: P. Santiago Alameda. O. S. B.: Estudios Marianos, órgano de la Sociedad Mariológica Española. Vol. I. Madrid, 1942. La Mariología y las Fuentes de la Revelación, pág. 42).
     La teología es con verdad una ciencia, pero una ciencia esencialmente sobrenatural: doctrina ex revelatione hausta. Para ella la Revelación es lo que para la mies la semilla, para el fruto el árbol, para la prole la madre, para el edificio el fundamento, para el arroyo el manantial. Bien están las elucubraciones filosóficas, los profundos análisis, las sabias analogías; pero importan mucho más las palabras y dichos del Espíritu Santo.

jueves, 26 de junio de 2014

ESPAÑA EN FALSO

HECHOS Y RAZONES
LO QUE NO DIJO EL CARDENAL GOMÁ
LO QUE NO DICE PEMÁN
ORIGINALIDAD DE LO HISPANO

HECHOS Y RAZONES
     No dejan de ser extrañas y dolorosas la prevención, la incomprensión, la acritud con que, aun donde menos fuera de esperar, se enfoca a veces el admirable movimiento español.
     Las falsificaciones con que suele desfigurársele han dejado surco, más o menos hondo, en gentes bien intencionadas pero acaso sin bastante sagacidad y malicia ante los increíbles ardides y añagazas de la propaganda comunizante.

     Franco y los suyos —reiterémoslo— son católicos, y como tales repudian cuanto en el nazismo y el fascismo es repudiable.

martes, 24 de junio de 2014

Gomaristas

     Secta de teólogos calvinistas contraria a la de los arminianos. Los primeros tienen su nombre de Gomar, profesor de la universidad de Leiden y después de la de Groninga; se llaman también contra-remontrantes, en contraposición a los arminianos conocidos por el nombre de remontrantes.
     La doctrina de los gomaristas fácilmente se conoce por la sencilla exposición hicimos de las opiniones de los remontrantes en el artículo Arminianismo: la teología de los unos es diametralmente opuesta a la de los otros respecto a la gracia, predestinación, perseverancia, etc. Se puede consultar la Historia de las variaciones por M. Bossuet, lib. 14, número 18 y siguientes, donde se expone la disputa de estas dos sectas con la mayor extensión y claridad posible.
     Algunos literatos de poca instrucción se explicaron con mucha impropiedad, cuando dijeron que los gomaristas son respecto de los arminianos lo que los tomistas y los agustinianos respecto de los molinistas: la diferencia que hay es tan clara que salta a los ojos de todo aquel que sabe un poco de teología. Los tomistas y agustinianos nunca enseñaron, como los gomaristas, que Dios reprueba a los pecadores por un decreto absoluto e inmutable, sin atender a la previsión de su impenitencia; que no quiere sinceramente la salvación de todos los hombres; que Jesucristo murió solo por los predestinados; que el estado de gracia es inadmisible para ellos, y que la gracia es irresistible. Tales son los dogmas de los gomaristas consagrados en su sínodo de Dordrecht, que los teólogos católicos condenan como otras tantas herejías.

lunes, 23 de junio de 2014

VENGO DE DIOS

"Yo —peregrino— voy sin saber nada de mi visión dorada...”
(E. González Mz.)

     Tú, peregrino y forastero, tienes que saber de dónde vienes, a dónde vas.
     Hace unos años yo no era. Ahora estoy aquí, activa la inteligencia, inquieto mi corazón, con los milagros de mis sentidos abiertos infantilmente al gran milagro del mundo; con estos mis ojos, en cuya pequeñez cabe la millonada de astros que contemplo en las noches limpias y serenas.
     Aquí estoy, “polvo consciente, 
asombrado de ser y no haber sido...”
(R. de Garcíasol.)
     No me crió la nada, inexistente e inoperante.
     No mis padres, meros instrumentos de un designio superior, eslabones de una familia universal.
     Eras nada, menos que el polvo, menos que el humo.
     Y ahora te avecinas al ángel.
     “El hombres es criado...” Crear es sacar de la nada. Y esto sólo Dios lo puede hacer.
     ¡Vengo de Dios! Tus manos, oh Señor, me hicieron y me plasmaron. “Fecerunt me et plasmaverunt me totum Tus manos de artista supremo y de padre amoroso.
     ¡Qué gozo! ¡Qué alegría! ¡Qué responsabilidad!
     Actuó la Omnipotencia, actuó el Amor de Dios y salvó el abismo infinito y ahora voy peregrino, con el arca de mis valores eternos... “¡Poeta, ya sé mucho de mi visión dorada!”
     Y Dios me creó en un acto purísimo de amor. Porque El lo dijo: "con amor eterno te amé”. (Jerem. XXXI, 3).
     Y me prefirió a infinidad de criaturas posibles.
     Y me constituyó sobre las obras de sus manos, un grado abajo del ángel...
     Y su acción creadora me sigue sosteniendo.
     Vengo de Dios.
     Dios me dio el ser; luego soy esencialmente de Dios.
     Dios me dio el primer ser; soy primariamente de Dios.
     Me dio todo el ser; soy totalmente de Dios.
     El solo me dio el ser; soy solamente de Dios.
      Y me lo da cada momento; soy incesantemente de Dios.
     Y me dio un ser inmortal; soy de Dios para siempre.
     “¿Quid habes quod non accepisti?” ¿Qué tienes tú que no hayas recibido?, me preguntaré con San Pablo. (1.a Cor, IV, 71).
     Creador, Señor y Padre mío: humillado todo, la frente en el polvo originario y el alma en ascuas, te digo: Eres mi Dueño esencial, primero, único, total, eterno.
     Soy tu siervo incondicional, absoluto, exclusivo, perpetuo.
“Vuestro soy, pues me creasteis;
¿qué mandáis, Señor, de mí?”.
Vuestra soy, para Vos nací;
¿qué mandáis, señor, de mí?
R.P. Carlos E. Mesa, C.M.F.
CONSIGNAS Y SUGERENCIAS PARA MILITANTES DE CRISTO

DEL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO (1)

CAPITULO VI (1)
DEL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

     104. Consideraciones básicas.— La intervención del médico en los anteriores Sacramentos no alcanza, sin disputa, el rango y la trascendencia que en el del matrimonio tiene. Es, en efecto, la institución matrimonial el cauce legítimo y fecundo de la especie humana. Pues ese cauce está en las manos del médico el conservarle dentro de los designios de Dios o desviarle por derroteros los más contrarios a la fecundidad y a la sanidad de la especie. Desde que el materialismo consiguió alistar en sus filas a una parte muy considerable de la parte médica, las mayores aberraciones derivadas del concepto materialista de la vida, o han tenido por autores a miembros de esa benemérita clase, o han encontrado el más firme apoyo en las lucubraciones de la ciencia médica, convertida de reina y señora en esclava de la filosofia materialista.
     No podíamos, por tanto, prescindir de asunto de la importancia del que hemos insinuado. En otro libro nos hemos ocupado del mismo (Código de Deontología Médica, títs. III y IV). Pero ni allí está dicho todo lo que hay que decir, ni está de más repetir algunas cosas que revisten máximo interés. Dividiremos la materia en los dos artículos siguientes:
     1.° Antes del matrimonio debe el médico procurar que los clientes lo contraigan en las mejores condiciones que aseguren una descendencia sana.
     2.° Durante el matrimonio debe tutelar la procreación y, de un modo especial, el período de gestación de la vida humana.
     Nos referimos al matrimonio cristiano; esto es: "al contrato matrimonial entre bautizados, que Cristo Nuestro Señor elevó a la dignidad de Sacramento» (Código de Derecho Canónico, can. 1012, 1). Pero los deberes del médico no dejan de ser graves y trascendentales en el hecho, aunque sea ilegítimo, de la propagación de la vida humana. Dondequiera que alumbre una vida, allí debe estar la Medicina para ser su amparo. Antes del hecho y después de él, el médico debe inspirar su conducta en los altos principios de la Moral cristiana, que es la única verdadera, como procedente de un Poder independiente, imparcial, universal, infalible en la interpretación de los principios naturales.

Artículo primero 
Deontología médica prematrimonial.
§ 1. De la continencia.
     105. Ventajas de la continencia. 106. Pornografía. 107. La prostitución. 108. Educación sexual. 109. Profilaxis. 110. Terapéutica de los vicios: comercio sexual ilícito, espermocultivo, rejuvenecimiento, hipnotismo, psicoanálisis.

viernes, 20 de junio de 2014

¿ERRORES DE LA INQUISICIÓN?

Cien problemas sobre cuestiones de fe
52
     En la respuesta anterior sobre la Inquisición se excusan sus crueldades apelando a la época y recordando cuánto más hicieron los herejes con los católicos. Además, la culpa, se dijo allí, fue más de la autoridad civil que de la Iglesia.
     Nada de esto borra la grave mancha de la Iglesia que, de acuerdo con el Evangelio del amor, debiera haber reaccionado contra aquellas costumbres crueles (como otras veces se opuso a los gobiernos, aun a costa que de ello se siguiese, por ejemplo, la separación de Inglaterra) y, en cuanto a la propia defensa misma, imitando a Jesús, a los Apóstoles y a los mártires, que en lugar de reaccionar violentamente se dejaron matar.
     Distíngase —¡por caridad!— la Iglesia divina de la parte humana y reconózcase —sin anteojeras— y confiésese honradamente la culpa de ésta. Si no, hagamos como los comunistas, para quienes todo lo que ellos hacen está bien hecho. (A. M.—Turín.)

     Ilustre amigo A. M., haga el favor de volver a leer cortesmente la respuesta anterior, sin... anteojeras, y se dará cuenta de que, como usted, con razón, defiende que es obligatorio, yo no he excusado ilegítimamente nada precisamente. Tanto que al final he dicho: «Es inútil repetir con el poder civil... la Inquisición medieval... la Iglesia la quiso.»
     Por amor a la imparcialidad, era necesario solamente —contra algunas afirmaciones erróneas corrientes y la actitud de los pobres corderitos llevados al matadero, que gusta a los herejes adoptar—recordar las proporciones.
     La larga campaña difamatoria contra la Iglesia sobre este tema y las referentes historias novelescas extendidas por el público han ofuscado efectivamente la imparcialidad de juicio de muchos católicos; pero en sentido inverso al que usted supone.
     Aun más generalmente se nota en los católicos cultos, no rara vez, la tendencia —opuesta a la que lamentamos en los comunistas— de hacer concesiones con demasiada facilidad al adversario; lo cual, aun arrancando de una noble preocupación por ser leal, se transforma en una infundada autolesión.
      Diré, en especial, que en cuanto a la distinción entre elementos humano y divino de la Iglesia, que usted ha querido subrayar fuertemente, no vale la pena de insistir en ella, tan clara es la cosa; «Si bien el espíritu está pronto, mas la carne es flaca» (Mateo, XXVI, 41).
     Sin embargo, no debe entenderse a medias. Esa distinción vale propiamente para las debilidades personales, no para las órdenes públicas, aunque terrenas, de la Iglesia, las cuales, yendo siempre unidas —sin excluir la política— a los intereses religiosos, aun no siendo infalibles, gozan de una especial asistencia del Espíritu Santo. Incluso un Alejandro VI —personalmente indigno— dio muestras de notable prudencia en el gobernar, incluso en política.
     La inclinación a aprobar las iniciativas públicas de la Iglesia, aun no siendo infalibles, no es, pues, una conducta arbitraria y unilateral —con anteojeras— como la confianza en sí mismos de los comunistas, sino una conducta razonable y obligada en los creyentes. Los comunistas son inexcusables cuando creen a jefes animados del espíritu anti-evangélico de odio y opresión y del espíritu satánico de mentira, empleada como arma fundamental de penetración (como el colosal engaño de Stalin debería haber demostrado aun a los más ciegos). Los católicos, en cambio, tienen mucha razón en fiarse de la Iglesia de Cristo.
     Esta actitud de confianza hacia las disposiciones secundarias aún no estrictamente religiosas de la Iglesia, puede, en casos particulares, razonablemente ceder sólo ante claros argumentos en contra.
     Consiguientemente, no hay razón para que esa confianza no deba valer también en el tema de la Inquisición, prescindiendo, se entiende, de las responsabilidades de los tribunales locales, las cuales se incluyen en las deficiencias personales de cada cual.
     Para juzgarla con imparcialidad —como ya dije— es indispensable trasladarse a la situación y mentalidad de entonces. Teniéndose que intervenir, en el terreno jurídico práctico, para defender la unidad religiosa y el orden social de las tenebrosas fuerzas disgregadoras de la herejía, había necesariamente que poner en movimiento la máquina penal adecuada a la mentalidad y a la dureza de la época —aun con las dulcificaciones repetidamente recomendadas por Roma—, única capaz de refrenar con saludable temor. No se trataba, pues, de aprobar ningún desorden intrínseco, al que la Iglesia se habría opuesto indudablemente a toda costa, como siempre ha hecho e hizo, por ejemplo, con Enrique VIII de Inglaterra.
     ¿Por qué no intervino para ilustrar la legislación y el procedimiento relativo con el espíritu de dulzura del Evangelio? Para responder hay que encuadrar nuestro problema de mansedumbre con el de la dulcificación de todas las costumbres públicas, que sólo la lenta maduración de los siglos habría podido producir. La Iglesia presentó íntegros los principios desde el comienzo. Su penetración en las costumbres dependió, en cambio, de una multitud de circunstancias prácticas y de la lenta fructificación de la gracia en los corazones. Recuérdense las parábolas de la levadura y de la semilla de mostaza.
     La divina visión de la Iglesia no se confunde con una falsa visión milagrera. La rapidez de fermentación de la masa humana con la levadura de su enseñanza depende de la respuesta de los individuos.
     Además es inexacto ese recuerdo de los mártires, que, imitando a Jesús, en lugar de defenderse, se inmolaron. Se da la habitual confusión, tocada ya en anteriores respuestas, entre el espíritu interior de perdón y la acción jurídica exterior defensiva.
     Esta en determinados casos, puede ser no sólo lícita, sino estrictamente obligatoria.

BIBLIOGRAFIA
Bibliografía de la consulta 23. Para la sumisión a la Iglesia, consulta 17. Para el perdón, consulta 32.
Pier Carlo Landucci
CIEN PROBLEMAS SOBRE CUESTIONES DE FE

miércoles, 18 de junio de 2014

DOCUMENTOS BIBLICOS LEON XIII (1878-1903) (1)

     Carta encíclica «Etsi Nos», a los obispos de Italia, 15 de febrero de 1882
     León XIII sienta ya en esta encíclica a los obispos de Italia el principio apologético de que se deben emplear para refutar a los adversarios de la fe las mismas armas de que ellos se sirven, e impone, consiguientemente, la sabia norma pedagógica de procurar a los futuros sacerdotes en los seminarios una formación al día en las ciencias positivas relacionadas con la Sagrada Escritura.
     En la encíclica Providentissimus insistirá repetidamente sobre este punto b. 

75
     Por esta causa, venerables hermanos, con razón los seminarios clericales exigen las más asiduas y máximas atenciones de vuestro ánimo, consejo y vigilancia. Por lo que afecta a las virtudes y costumbres, no se ocultan a vuestra sabiduría los preceptos y normas que necesita la edad juvenil de los clérigos. Y en las disciplinas más importantes, ya nuestras letras encíclicas Aeterni Patris indicaron el camino y el método mejor de los estudios. Mas, como en este gran movimiento intelectual se han descubierto sabia y útilmente muchas cosas que no conviene pasar por alto, visto sobre todo que los impíos acostumbran emplear como armas nuevas contra las verdades divinas todos los adelantos de nuestros días en estas materias, procurad, venerables hermanos, en la medida de vuestras fuerzas, que la juventud que se prepara para el sacerdocio no sólo esté cada día mejor instruida en ia investigación de la naturaleza, sino también perfectamente preparada en aquellas materias que guarden relación con la interpretación y autoridad de las Sagradas Letras.

martes, 17 de junio de 2014

Quanto Conficiamur

Encíclica de PÍO IX
Sobre la Iglesia y las misiones
Del día 10 de agosto de 1863
Amados Hijos y Venerables Hermanos Nuestros, salud y bendición apostólica
1. Introducción: El Papa congratula a los Obispos por su valiente y heroica conducta
Todos fácilmente comprenderéis, Amados Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, cómo nos agobia la tristeza a causa de la encarnizada y sacrílega guerra que, en casi todas partes del mundo, se ha desatado contra la Iglesia en estos azarosos tiempos, y ante todo en la infeliz Italia, donde ella desde hace muchos años fue declarada por el gobierno piamontés y estimulada de día en día; pero en medio de Nuestras gravísimas angustias, volviendo la vista a vosotros, Nos llenamos de sumo gozo y consuelo, pues vosotros, a pesar de haber sufrido contumelias, con toda clase de injusticias y de violencias, arrancados de vuestra grey, enviados al destierro, y hasta encerrados en la cárcel, sin embargo, revestidos con la fuerza de lo alto, nunca habéis dejado, ya de palabra, ya por escrito, de defender denodadamente la causa, los derechos y la doctrina de Dios, de su Iglesia y de esta Sede Apostólica, y de proveer a la salud de vuestro rebaño. Por esto, de todo corazón os congratulamos por vuestra alegría de haber sufrido contumelias por el nombre de Jesús y os tributamos las merecidas alabanzas, sirviéndonos de las palabras de Nuestro predecesores San León cuando dijo: Aunque me compadezca con todo mi corazón de los sufrimientos que habéis soportado por la defensa de la fe católica y de lo que vosotros habéis padecido; sin embargo, comprendo que hay más motivo para alegrarse que para entristecerse, al ver que, fortificados por Nuestro Señor Jesucristo, habéis permanecido invencibles en la doctrina evangélica y apostólica... Y mientras los enemigos de la fe cristiana os arrojaban de vuestras sedes, preferisteis sufrir las amargura del exilio a mancillaros con cualquier categoría de impiedad.

lunes, 16 de junio de 2014

FIESTA DE SAN ANTONIO DE PADUA EN ALPANOCAN, PUEBLA

TEMPLO DE SAN ANTONIO DE PADUA EN ALPANOCAN


PADRE MARCELO COHETERO TERAN
 
 
CAPILLA SAN ANTONIO DE PADUA,
DONDE SE ENCUENTRA EL POZO DE LA AGUA DE SAN ANTONIO
 



MAÑANITAS EN LA CAPILLA DE SAN ANTONIO
 
ALTAR LATERAL EN EL TEMPLO
 
LOS FIELES LLEVANDO LAS PROMESAS A SAN ANTONIO 

REVISTIÉNDOSE PARA LA MISA SOLEMNE
COMO MINISTRO PRINCIPAL FUNGIÓ EL PADRE WILBERT LOPEZ, COMO DIACONO EL P. MARCELO COHETERO, COMO SUBDIACONO EL P. LEONEL AVILA.
GRACIAS AL P. MERARDO LOYA QUE NOS FACILITÓ LOS ORNAMENTOS
 
 






 
 
   
 
 
 
 


 
38 PRIMERAS COMUNIONES
R.P. MANUELMARTINEZ, R.P. MARCELO COHETERO, R.P. WILBERT LOPEZ, R.P. LEONEL AVILA Y R.P. MERARDO LOYA 

ACEFALÍA: SENTENCIA IMPÍA Y BLASFEMA

Por el Dr. Homero Johas
 DOGMA DE FE
Es dogma de fe que Jesucristo instituyó una Cabeza visible en la Iglesia militante (D.s. 3055). Quien niega esta Cabeza visible, o su naturaleza monárquica, queriendo una Cabeza humana, venida de los votos del pueblo niega la forma del régimen instituido por Jesucristo (D.s. 3205, 4). Tal Cabeza visible es perpetua, como la Iglesia: “para la perpetua salud y bien de la Iglesia”: “jugiter durare necesse est” (D.S. 3056). La acefalía está contra el bien de la Iglesia. La Cabeza visible es el “principio perpetuo de la unidad y el fundamento visible” de la unidad de fe y de comunión (D.S. 3051); es la “Cabeza y columna de la fe y el fundamento de la Iglesia Católica”, que “siempre” existió en la Iglesia. Luego, quien quiera la vacancia prolongada, indefinida o perenne, atenta contra el bien de la Iglesia, contra su unidad, quiere la muerte de la Iglesia.

domingo, 15 de junio de 2014

TOMA DE HABITO DE CUATRO POSTULANTES

En la pasada fiesta de San Vicente Ferrer, tomaron habito cuatro postulantes del estado de Oaxaca, con las Hermanas de la Fundación San Vicente Ferrer.
Recibieron el habito de las manos de Mons. Juan José Squetino.
También en la Santa Misa, renovaron sus votos las Hermanas de la Fundación.